Opinión

Una industria con colmillos

El año pasado los chinos vendieron dentro de su país más carros que en todos los países europeos juntos: 23 millones de unidades. Por cada carro colocado dentro del mercado de los países de la Unión, los chinos vendieron vehículo y medio dentro de su propia geografía. Los ayuda, sin duda, la avidez que tiene el ciudadano por manejar su propio medio de locomoción. Y en esa inclinación los estimula mucho la colosal red de carreteras que se han estado construyendo dentro del país y que seguirán en un crecimiento exponencial como consecuencia de la Ruta de la Seda, una política que recibirá todo el apoyo del gobierno por ser la mejor estrategia que se ha inventado Xi Jinping para la internacionalización del país y para soportar su preeminencia en Asia.

La industria del auto a escala mundial está siguiendo el tema muy de cerca, porque el fenómeno más resaltante e inquietante para terceros, además de la expansión del mercado, es la manera como los fabricantes locales le han estado capturando parte del terreno del mercado que acaparan los grandes productores mundiales. Hoy por hoy la tajada de la torta de los carros domésticos se acerca a 40% del total chino y se expande a gran velocidad. En el año 2012 tenían solo 32% del mercado.

Ahora que la moda es la de los carros eléctricos, los chinos muestran sus colmillos y aspiran a convertirse en los líderes en el mercado muy rápido. Los retos son inmensos porque, si bien la novedad por sí sola es un estímulo para el gran público de demandantes y la competencia aún es parca, en el mundo industrial, fuera de las fronteras asiáticas, la migración está ocurriendo a todo tren y las estrategias para captar mercado y para estimular a los proveedores de partes son inmensamente agresivos.

Los chinos no se quedarán atrás, y abrazan la estrategia de entrar temprano a apostar fuerte, para no tener que desplazar a nadie, sino para convertirse en los más competitivos desde los inicios de la carrera expansiva que está por venir.

Es así como para el fin de esta década su meta es tener rodando 5 millones de unidades de vehículos eléctricos. La cifra no parece exagerada, solo que para alcanzarla, es preciso que su producción crezca anualmente 40%.

La industria china viene siguiéndole la pista al sector desde hace varios años y los fabricantes han logrado estimular a los compradores de una manera muy decidora. Si cuando se inició este siglo solo uno de cada 10 individuos pensaba en un carro eléctrico a la hora de adquirir transporte automotor, hoy 1 de cada 4 chinos lo considera positivamente.

El primer motivante es el precio y por ello Pekín está dispuesto a motorizar este novedoso sector y a soportar la estrategia de bajos costos finales para el consumidor. Lo está haciendo a través del establecimiento de subsidios para la compra, basados en el carácter poco contaminante de las nuevas tecnologías. La idea es poder poner en el mercado masivamente carros con precios al nuevo consumidor entre 7.000 y 15.000 dólares.

Los fabricantes locales tienen todo para ganar pero no están solos en el mercado. Las grandes transnacionales del auto salivan al medir el potencial del mercado de nuevos compradores en China y pelearán sin descaso para que su pedazo de la torta sea significativo.

Estamos por asistir a una gran batalla.