Opinión

Una descabellada política exterior

El absurdo desafío internacional planteado, con gran ligereza e irresponsabilidad, por el canciller Jorge Arreaza, en la 48a Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, no favorecerá en nada al gobierno de Venezuela. Al contrario, incrementará su aislamiento, dificultando, aún más, cualquier solución a la inmanejable crisis nacional. Hay que entender que nuestra realidad económica no tiene ninguna posibilidad de solución sin un importante respaldo de la comunidad internacional. Creer que ofender a todos los países miembros de la OEA, como lo hizo Jorge Rodríguez al afirmar que “el ministerio de colonias, desde su fundación, se prestó para avalar golpes de Estado e invasiones… La OEA no es otra cosa que la expresión burocrática y falsamente diplomática de la Doctrina Monroe, que definitivamente se contrapone a la Doctrina Bolivariana”, le da alguna ventaja al gobierno de Nicolás Maduro en su actual enfrentamiento con los Estados de la comunidad internacional que repudian su totalitarismo, es una errada estrategia que agravará aún más la tragedia venezolana.

Es importante resaltar algunos elementos de la reunión para que, con objetividad, se puedan evaluar los escenarios futuros que empezarán a desarrollarse en los próximos días. La actitud agresiva, mostrada en la reunión por el canciller Arreaza, tuvo por consecuencia que algunos cancilleres omitieran las formas diplomáticas que caracterizan ese tipo de reuniones. Un caso particularmente significativo fue el fuerte cruce de palabras entre el canciller chileno Roberto Ampuero y el canciller Arreaza. La discusión comenzó al afirmar el primero que el gobierno del presidente Maduro era una dictadura, además de señalar la falta de legitimidad de la elección presidencial del 20 de mayo y respaldar la presentación de una demanda ante la Corte Penal Internacional contra el gobierno venezolano por presuntas violaciones de derechos humanos… La respuesta del canciller Arreaza no se hizo esperar y afirmó que Sebastián Piñera y los partidos que lo apoyan también lo hicieron con el dictador Augusto Pinochet…

Un aspecto fundamental para entender lo ocurrido es analizar el proyecto de resolución presentado por Estados Unidos. Su objetivo es terminante: “Hacerle un llamado a los países miembros y observadores de la OEA a adoptar las medidas que consideren convenientes para buscar el restablecimiento del orden democrático en Venezuela”. Seguidamente plantea la solución de la crisis venezolana y afirma que “solo a través de un diálogo con la participación de todos los actores políticos… se podrá alcanzar la reconciliación nacional y acordar las condiciones indispensables para celebrar un nuevo proceso electoral que refleje realmente la voluntad de los venezolanos y cumpla con la participación de todos los actores políticos venezolanos, la restauración de la autoridad plena de la Asamblea Nacional y el Estado de Derecho, el ingreso de ayuda humanitaria y la adopción de medidas de vigilancia epidemiológica para evitar el agravamiento de la crisis de salud pública”.

Así mismo, la resolución considera que se debe aplicar la Carta Democrática Interamericana, de acuerdo con lo pautado en sus artículos 20 y 21. El artículo 20 establece “la realización de las gestiones diplomáticas necesarias, incluidos los buenos oficios, para promover la normalización de la institucionalidad democrática”. También prevé que “si las gestiones diplomáticas resultaren infructuosas”, se debe convocar a la Asamblea General para que “adopte las decisiones que estime apropiadas incluyendo gestiones diplomáticas, conforme a la Carta de la Organización, el derecho internacional y las disposiciones de la Carta Democrática Interamericana”. El artículo 21 prevé que cuando la Asamblea General “convocada para un período extraordinario de sesiones” constate que se ha producido “una ruptura del orden democrático y que las gestiones diplomáticas han sido infructuosas”, se suspenderá al país involucrado, siempre y cuando se obtengan 24 votos de los países miembros.

De acuerdo con lo planteado, es necesario analizar lo que sería el posible resultado de la votación, con cierta perspicacia, para poder determinar los 2 posibles escenarios resultantes (suspender o no a Venezuela) y sus consecuencias. Los votos se dividieron de la siguiente manera: 19 votos a favor, 11 abstenciones y 4 votos en contra. Solo 3 países apoyaron a Venezuela: Bolivia, Dominica, y San Vicente y Las Granadinas. Gobiernos que habían mostrado cercanía ideológica con el socialismo del siglo XXI, como Ecuador, Haití, Nicaragua y San Cristóbal y Nieves prefirieron abstenerse. Los países que votaron a favor fueron: República Dominicana, Santa Lucia, Argentina, Bahamas, Barbados, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Dominica, Estados Unidos, Guatemala, Guyana, Honduras, Jamaica, México, Panamá y Perú. Sin lugar a dudas, las naciones de mayor importancia en la región. Se abstuvieron: Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay, Belice, Paraguay, Ecuador, El Salvador, Haití, Nicaragua, Antigua y Barbudas y Granada.

El análisis de esta votación conduce a aceptar que el gobierno de Maduro ha perdido la mayoría de los apoyos con que contaba. Solo tres países se opusieron a la resolución presentada por Estados Unidos, sorprendiendo que decidieran abstenerse gobiernos que habían mostrado siempre una posición muy firme en respaldo a Venezuela: Ecuador, Haití, Nicaragua y San Cristóbal y Nieves. Entre los 19 votos a favor sorprendió la presencia de la República Dominicana, quien, hasta ese momento, se había presentado como un gobierno muy cercano a Nicolás Maduro, demostrando de esta manera su convencimiento de que no existe ningún interés en el gobierno venezolano de encontrar una solución democrática de la crisis. El respaldo a la resolución de solo 19 países demuestra que Estados Unidos no ha logrado el suficiente apoyo para poder alcanzar los 24 votos necesarios para suspender a Venezuela. Esta marcada debilidad indica que puede haber dudas de que logre alcanzar su objetivo.

Esta realidad hay que verla con preocupación, ya que si el gobierno norteamericano no logra el respaldo regional para aplicarle a Venezuela medidas multilaterales puede decidirse a actuar de manera independiente, como ya lo hizo el presidente George W. Bush en el caso de la invasión a Irak, quien, con el limitado apoyo del Reino Unido, España, Australia y Polonia, tomó la decisión de derrocar al gobierno de Sadam Hussein, Este señalamiento no indica un juicio de valor, sino que Estados Unidos, con base en sus propios intereses nacionales, pueden tomar decisiones de cualquier orden. De allí que considere de gran importancia para América Latina evitar que las decisiones que se vayan a tomar se realicen de manera unilateral. Eso exige que si no es posible lograr los 24 votos necesarios para la suspensión de Venezuela, se alcance un acuerdo entre Estados Unidos y el Grupo de Lima para que las decisiones que se vayan a tomar sean de orden multilateral con la finalidad de poder defender los intereses de Venezuela y su pueblo.

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