Opinión

TSJ: ¿Currículum o prontuario?

Seguramente Marco Tulio Cicerón estaría espantado por la administración de justicia que actualmente ejerce el principal tribunal venezolano. El magnífico pensador romano daba cátedra de sabiduría desde el Senado. En alguna oportunidad, un sobrino deseoso de adquirir los favores del célebre tribuno, se presentó en su casa buscando su padrinazgo. El viejo sabio entendió su interés y mucho antes que el joven hablara le indicó: “Iustitia non sit inconveniens manus” (La justicia no puede estar en manos indecorosas). Seguramente las autoridades del gobierno revolucionario adscrito al PSUV hubiesen abrazado al joven por malhechor y desechado al extraordinario filósofo por honesto. En acto de coincidencia entre quienes profesan el mismo modus vivendi. Que hayan escogido a Maikel Moreno como presidente del TSJ es sencillamente un irrespeto a la decencia ciudadana. Un sujeto con un pasado turbio que lo muestra como violento protagonista de hechos no aclarados, que tienen que ver con dos homicidios que fueron silenciados. Cinco casos más de abusos de poder y transgresión del derecho cuando ejerciendo cargos se dedicó a abusar de su poder, para vejar y perseguir a quienes lo acusaron de actos dolosos. Las denuncias de corrupción en sus gestiones fueron silenciadas des de Miraflores. El ser un protegido de Hugo Chávez, hizo que este ciudadano, sin atributos cónsonos con la probidad, lograra escalar posiciones resaltantes. Fueron abriéndole caminos en los que fue liquidando oponentes y honestidades, para colocarlo como el hombre sin escrúpulos al servicio de una causa que se convirtió en la horda de la nación. Su palmarés académico también resalta entre las dudas, logró obtener su título universitario sin asistir a clases. Un contumaz holgazán que hacía alardes de su incapacidad y buena suerte al contar con gente influyente que lo amparaba, es hoy quien preside el principal tribunal del país. Su vida escandalosa es premiada por ser leal al gobierno destructor de la nación. Quizás lo peor sea el ejemplo que siembran en las generaciones que se están formando en las escuelas de derecho. Dando a entender que es preferible arrastrarse en el lodo que ser verdaderos doctos de la ley.

Hace algunos días el vicepresidente Tareck El Aissami presentó la memoria y cuenta del año 2016 ante un TSJ abiertamente ilegal y viciado de nulidad absoluta. Constitucionalmente estaba obligado a hacerlo ante la Asamblea Nacional. Ese encuentro de aplausos mecánicos y culpabilidades burdas nos mostró que en la profundidad del abismo existe la unión de las peores miserias humanas y materiales. La corrupción atada al narcotráfico pontifica entre seres que han transformado a la justicia en un ejercicio degradado. Un cuerpo al servicio de un proyecto hegemónico que se cocina en su propia salsa de la nulidad. Por eso las palabras de quien está siendo investigado por delitos de lesa humanidad, son un tributo hipócrita que lo dibuja en el universo del Hezbolá. Sus corifeos magistrados aplaudieron con el frenesí de los deshonestos. Magistrados dirigidos por un personaje sombrío que no es precisamente alguien modélico para tutelar el principal tribunal del país. En las naciones honorables las figuras que administran el ámbito de la justicia son figuras refulgentes, brillantes juristas con una hoja intachable de vida pública y profesional. Lamentablemente en la Venezuela de hoy, con pocas excepciones, tienen que ser mediocres seguidores enfermizos de una dictadura…

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