Opinión

Triunfar depende de entender el caos

Alberto Ray

Viendo el estado de conmoción que vive el país en estas horas, no me queda la menor duda que estamos ante un proceso indetenible e irreversible.

El escalamiento de la violencia que se incrementa en tiempo y territorio, transformó un movimiento de protesta ciudadana, en un conflicto fuera de control signado por facciones que se enfrentan abiertamente en ciudades y pueblos. Ya no se trata solamente de manifestantes que cierran vías para exigir libertad y democracia con pancartas y franelas, estamos frente a grupos organizados de resistencia que en muy pocas semanas demuestran actitudes decididas a seguir en las calles hasta que se materialice algún cambio político.

No me cabe la menor duda que la estrategia del régimen de huir hacia adelante reprimiendo a la gente, aunado a la sorda intransigencia gubernamental que ve frente a sus ojos una Venezuela que despertó de un letargo populista, son los catalizadores de la explosión social que estamos protagonizando. El llamado Plan Zamora, que en apariencia luce como una torpe acción de la FAN para contener el desbordamiento y controlar el orden público, es evidentemente un sistema para la generación del caos, en el medio del cual todo es posible para quién detenta el poder. Por ello, vemos violaciones masivas de derechos humanos, civiles juzgados sumariamente en tribunales militares y asesinatos selectivos de manifestantes, la mayoría hombres jóvenes. Es la dinámica perversa de lo que una vez Nassim Taleb, profesor de ingeniería del riesgo del a Universidad de New York, llamó la antifragilidad. Se trata de sistemas que obtienen sus ganancias del desorden y que se las ingenian para sobrevivir de la volatilidad y la incertidumbre.

Resulta evidente que hasta los momentos el escenario antifrágil venezolano viene favoreciendo al poder (es decir al régimen), sin embargo, estos modelos basados en la energía del caos son en extremo inestables y, en el marco de sus incoherencias, pueden voltearse con facilidad, alimentando a las fuerzas opositoras y despejando el camino al cambio.

Obviamente, todos queremos la receta para capitalizar la antifragilidad a nuestro favor, más aún en momentos en los que no vemos salidas fáciles a la crisis en la que estamos inmersos. Si bien, tal receta no existe, puedo dar algunas pistas que indiquen que transitamos por el camino correcto.

Orden antónimo del caos: lo primero es entender que hasta en las realidades más caóticas existen pequeñas islas de orden y a partir de ellas se puede construir una estrategia ganadora. La primera clave es la organización en todos los niveles.  Para organizarse se requiere unidad de propósito, si bien es cierto que no todos luchan por las mismas razones, todos quieren lo mismo, el fin inmediato del régimen actual y dar paso a una transición ordenada y ordenadora.

Obtener logros: las fuerzas operando en todas las direcciones y sentidos son sinónimo de caos, por lo que es necesario establecer objetivos, lograrlos y comunicarlos para que todos los que actúan se identifiquen y sigan empujando en la misma dirección. Los logros, pequeños o grandes son los peldaños de la escalera. No podemos llegar hasta la cima si no subimos paso a paso. La percepción de avance es indispensable en la estrategia contra la antfragilidad.

Identificar las fuerzas de mayor atracción: en el medio del desorden es difícil distinguir quién capitaliza los éxitos tempranos. Detectar con prontitud hacia dónde se mueven las fuerzas que tienen poder de organizar nos va a ahorrar tiempo y esfuerzo. Aprendamos a reconocer cuáles son los líderes que articulan el mensaje que mejor dibuja el futuro que deseamos. Quienes promueven el cambio a pesar de los obstáculos y ven las dificultades con resiliencia para aprender de ellas, son los que efectivamente avanzan y salen adelante en entornos complejos. Una muestra de liderazgo ordenador es aquél que en medio de la incertidumbre habla con la verdad sin perder el optimismo. El líder que toma decisiones hace el futuro más tangible y por tanto menos caótico.

En la dinámica del caos todo depende de la acumulación de poder. Alrededor del poder pueden desatarse huracanes u ordenarse grandes fuerzas transformadoras. En Venezuela estamos bajo el dintel de una nueva e irreversible realidad, mientras que al régimen solo le queda la trágica estrategia de arrasar, los que apostamos por el cambio y queremos triunfar debemos entender que seguir adelante implica asumir los altos costos de ordenar un nuevo país, a pesar que por ahora todo se destruye.

@seguritips