Opinión

La trampa sale…

Después de la elección de un fraude poco tenemos que decir. La asamblea nacional constituyente nació con el cromosoma de la ilegalidad jurídica en sus genes comiciales. No se consultó al pueblo de manera correcta como expresamente lo indica nuestra carta magna. Se recurrió a un artilugio de mago para que una minoría bien marcada, impusiera una tesis que rechazó 90% de los venezolanos que nos abstuvimos de participar en ese circo.

La respuesta de la verdad se evidenció en rostros malogrados que buscaban transmitir una alegría que solo existió en su descomunal mentira. Una impresentable señorona de la opereta siguió el manual dándonos unas cifras tan ridículas al contraste con centros huérfanos de adhesión popular. Apenas transcurrían las horas tristes de la colosal estafa a los venezolanos, Smartmatic –empresa encargada de suministrarle la plataforma tecnológica al organismo electoral– nos hablaba desde Londres sobre la manipulación del proceso. Un largo silencio oficial que nos pareció el terror en los intestinos oficiales y las débiles respuestas gubernamentales solo terminaron de confirmar que efectivamente su proceso electoral es la consecuencia de una actividad viciada.

En unas elecciones en las que competían entre sí terminaron robándose; por ello, grupos radicales se apostaron en las inmediaciones del CNE y el Palacio Federal Legislativo buscando una explicación. Estaban molestos porque siempre son los que salen a acribillar a los adversarios, pero al momento de aspirar a cargos dentro del aparato gubernamental son apartados; el régimen requiere que sus violentos sigan amedrentando al pueblo en la calle y no disfrazados de hombres de debate porque su capacidad es exigua. La manada ideológica solo es la guardia pretoriana de una revolución paquidérmica. Allá en las calles se quedaron reclamando el robo electoral entre estafadores que lo único que saben hacer es precisamente eso.

Sus acciones iniciales confirman el fraude. Destituyeron a la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, un hecho de naturaleza ilegal desde todo punto de vista. Colocando al frente del Ministerio Público a Tarek William Saab, que ahora cumplirá con el desfachatado papel de ser juez y parte. Tal como ocurre en la justicia de Corea del Norte y otras dictaduras de izquierda olorosas a primitivismo. Luego, Diosdado Cabello, asumiendo la voluntad de más de quinientos títeres carmesí, indica que estarán dos años en el ejercicio de sus funciones e inmediatamente el resorte de manos alzadas se levantó con su prístino espíritu totalitario. Nada de debates ni otra cosa que se les parezca, un circo con trapecistas que perdieron el equilibrio hace tiempo o nacieron con la falsedad en el carrete. Solo son una instancia para desmantelar al Estado. Creando una nación sometida al totalitarismo y la barbarie. Sin leyes justas ni libertad para pensar y decidir; enemigos de la libre empresa y de toda organización social autónoma. En definitiva, solo respondiendo al carácter de estafa que llevan en el génesis de su nacimiento falsario…

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