Opinión

El tortuoso camino a la unidad

Quisiéramos pensar que los destinatarios del mensaje del secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, en el que confiesa que su gobierno ha tenido dificultades ante la desunión de la oposición venezolana, deben ser aquellos a los que se refiere en recientes declaraciones el presidente Guaidó, en las que admitió que dentro de la dirigencia opositora existen diferencias en la forma en cómo debe materializarse el cese de la usurpación, entendiendo por esto no solo la salida del dictador sino la superación de la dictadura como forma de gobierno.

Lógico que hayan existido diversos enfoques, aquí y afuera, sobre una etapa que por mucho excede en dificultad a los subsiguientes pasos. Por cierto, que uno entre esos variados enfoques fue la iniciativa que el propio gobierno de Trump tomó cuando, a cambio de su impunidad mas no de su continuidad, contactó a dos emblemáticos protagonistas del régimen para superar la usurpación. Imaginamos que la viabilidad de la salida de esta mafia depende del tiempo, empeño, coraje, planificación y una visión de conjunto, que en primer lugar debemos imprimirle nosotros mismos. Esa factibilidad no es posible si luego de que haya mediado el tiempo para concretar una posición unitaria, como en efecto ha pasado, no hay desprendimiento de ambiciones grupales o personales. Tal parece que para unos cuantos el cálculo político está por delante de los intereses nacionales.

En ese contexto se inscriben las declaraciones formuladas por el secretario general de la OEA, Luis Almagro, al referirse a las diferentes agendas que en su criterio dificultan el proceso hacia una solución definitiva de la crisis y concluye en la urgente necesidad de implementar el mecanismo de la Responsabilidad de Proteger, que con su presión permanente nos llevaría hacia una definitiva solución de esta crisis caracterizada por “los crímenes de lesa humanidad de esta narcodictadura, con estas conexiones con el crimen organizado y con el terrorismo internacional”.

Sin mencionar cuán perniciosa es puertas adentro, esta terrible situación con la que se está lidiando contribuye a atenuar el interés y la solidaridad que nos han brindado países y organismos en el ámbito internacional. Pero más perversos aún son los efectos que produce en la acera de enfrente, cuando en ese mismo ámbito se pretende pescar, o se pesca, en río revuelto, como es el caso del canciller ruso cuando se refiere a “la oposición legal”, como única interlocutora legítima con la que se puede abordar la problemática venezolana. Esa oposición, de seguro, es la que encaja en la posición asumida por Putin, que califica de locura el reconocimiento que casi 60 países le han hecho a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela.

En esa “oposición legal”, mencionada por Serguei Lavrov, probablemente estén haciendo vida, entre otros, ex candidatos y precandidatos presidenciales, chavistas solapados, financistas ambidiestros, bolichicos generosos, mercenarios de la política, perros de la guerra,  empresarios lavadores y articulistas quintacolumnas, que integran todo un género selvático que aún reconoce a Nicolás Maduro como el legítimo presidente de Venezuela, por lo que para ellos no hay usurpación que superar. Allí también pudieran pertenecer quienes  enmascaran sus reales intenciones con todo tipo de argucia electoral  extemporánea de sospechados propósitos; así como aquellos que pretenden cogobernar en un eventual nuevo gobierno para neutralizar las sanciones que les acarrean sus actos en este régimen.

Presidente Guaidó, los venezolanos tenemos todo el derecho de emplazar a nuestros dirigentes para que asuman con responsabilidad el papel histórico que les corresponde. Le apoyamos para que imponga  sindéresis. De aquí a unas elecciones libres transcurrirá algún trecho, por un camino minado por toda suerte de obstáculos que incluso puede llevarlo a ser víctima de ese cálculo. Relancemos el espíritu unitario que privó en el acuerdo para las parlamentarias de 2015 y en su escogencia como nuestro presidente encargado. Volvamos a la coherencia. Nuestro pueblo está exhausto, agobiado y a punto de perder toda esperanza. No contribuyamos a tanta irresponsabilidad, no demos por dónde.