Opinión

Tomando dictado… Más allá de la gramática

Tomen papel y lápiz, el dictado comienza así:

Si bien el artículo 9 de la Constitución venezolana establece que además de los idiomas indígenas en sus comunidades, el idioma oficial es el castellano, lengua castiza que no porque así aparezca en la carta magna es la que nos identifica con la gran mayoría de nuestros países hermanos de Latinoamérica y la llamada por muchos la madre patria España, igualmente como ocurre con normas de rango constitucional que consagran y refieren a derechos humanos, ello no es una barrera infranqueable para que sean abiertamente violadas por regímenes totalitarios que creen estar por encima de las leyes, donde las de ortografía y gramática no son la excepción de esa obsesión de los absolutismos de violar toda clase de pautas que moderan nuestra debida convivencia.

Bien sea el caso de Segismundo de Luxemburgo, que por ser rey pretendía estar eximido de cumplir con las leyes de la gramática cuando afirmaba “Ego sum rexRomanus et supergrammaticam”, no pudo evitar ser sujeto de resistencia ante tal desviada pretensión y se le increpara con la famosa expresión de “Caesar non supra grammaticos”, ya que ni siquiera el emperador está por encima de la gramática, o bien como el de quien alguna vez en tiempos más cercanos conjugaba el verbo "adquerir" y las observaciones que sobre ello pueden hacerse, entre muchos otros similares.

Una mediana investigación sería suficiente para observar que en la actualidad tales regímenes y movimientos totalitarios han entendido que una de las maneras de llevar adelante sus cometidos ponerógenos, además del uso recurrente de estratagemas, eufemismos y falacias, es la manipulación y perversión del lenguaje y los símbolos. Ya eso es harto conocido por los venezolanos.

Una clara muestra de lo anterior es la del supuesto lenguaje incluyente, que materialmente no es más que una de tantas fórmulas de crear fricciones y resentimientos donde no necesariamente existen, o si lo hay es de modo coyuntural, y que en efecto ha ocurrido, no obstante ello, existen grupos que reconocen tal estrategia como falaz, y no estamos refiriéndonos a los “pianistos”, “artistos”, “flautistos”, “bateristos” o “guitarristos”, de quienes no se ha visto manifiesten han sido discriminados en su identidad. Pues más que esta burda distracción lingüística que no tiene otra finalidad que la de generar discordia social en el ambiente en el que se gesta la hezocracia, las violaciones a las normas de la lengua van mucho más allá.

Hace unos días alguien hacía comentarios sobre un reciente decreto, cuando, más allá de aspectos sobre su contenido de fondo, refirió sobre la gramática y conjugaciones utilizadas, lo que generó que mi inquieta curiosidad no cesara  hasta que pudiera constatarlo, o al menos eso creí haber hecho, tal vez me puedan ayudar, veamos...

Si usted  tiene acceso a ejemplares de la Gaceta Oficial,  totalmente al azar tome algunas de ellas, de diferentes años y épocas de la historia venezolana, sea de los tiempos de las dictaduras, de las cuatro décadas y de mediana libertad y democracia que alguna vez se tuvo, así como de estos recientes tiempos de vuelta de las primeras.

Nótese, según sea el caso, de una ley, un reglamento, un decreto, una resolución, etcétera, cuando la autoridad que emite el acto, luego de exponer los antecedentes y consideraciones para entrar al desarrollo de mérito, se expresa con voces tales como "se establece", "se resuelve" y por último "se dicta", así por lo menos es y ha sido hasta 1999 y unos años posteriores.

Ahora bien, trate de ubicar una Gaceta Oficial reciente, mucho mejor si es la más reciente posible, de este mes, y busque cualquier decreto; notará que antes de su articulado a diferencia  de la  usanza de tiempos anteriores reza: "Dicto”.

Muchas dudas gramaticales me embargaron en cuanto a la utilización del verbo y su tiempo en la conjugación y como en todo caso debiera ser utilizado. Alguien cercano simplemente se limitó a tratar de explicarme que así como el que legisla y ejerce esa función se le domina “legislador”, de la misma manera aquel que dicta debiera llamársele como correspondiese.

Algunas interrogantes se respondieron, otras no, y muchas nuevas surgieron.

Fin del dictado.