Opinión

¿Tolerar la intolerancia?

Si en algo se caracteriza el desgobierno de Maduro es en la intolerancia al tratar de eliminar una sociedad pluralista, restringir la libertad de pensamiento, de expresión, de prensa, lo cual es típico de los regímenes comunistas, por ejemplo, las atrocidades con los refugiados vietnamitas, las víctimas de Pol Pot en Camboya, las de la revolución en Irán, los refugiados afganos, las víctimas de la antigua Unión Soviética y Europa del Este, las de Cuba; sin cesar hay víctimas por doquier: hombres, mujeres, niños, de aquellos fanáticos sedientos de poder.

¿Qué podemos hacer para impedir estos hechos aborrecibles? Y en lo absoluto, ¿podemos hacer alguna cosa? Y de manera general, ¿hay alguna cosa que podamos impedir? Mi respuesta es: sí, creo que podemos hacer mucho. Cuando digo “nosotros”, me refiero a los intelectuales, a los que se interesan en las ideas, a todos los que leen y que a lo mejor escriben.

Entre los diez mandamientos, el más importante dice: No matarás. Él contiene casi toda la ética. Como Schopenhauer, por ejemplo, formula la ética, es tan solo una simple prolongación de este mandamiento supremo. Él dice: “Ayuda más bien al prójimo, tanto como puedas”.

Conviene aludir a un argumento de Voltaire, el padre de la Aufklarung, es un argumento en favor de la tolerancia. ¿Qué es la tolerancia? Se pregunta Voltaire. Y responde (traduzco libremente): “La tolerancia es la consecuencia necesaria de la idea de que nosotros somos falibles: equivocarse es humano y todos nosotros cometemos errores sin cesar. De modo que perdonémonos los unos a los otros nuestras locuras. Tal es el fundamento del derecho natural”.

Voltaire apela aquíi a nuestra probidad intelectual: debemos reconocer nuestros errores, nuestra falibilidad, nuestra ignorancia, aunque hay fanáticos que no se pueden convencer. Pero ¿sus convicciones son realmente sinceras? ¿Han examinado sinceramente sus convicciones y los motivos de sus convicciones? Y esta autocrítica ¿no es un elemento de probidad intelectual?

En su tiempo, este llamado de Voltaire a nuestra modestia intelectual y, sobre todo, su llamado a la probidad intelectual tuvieron un fuerte impacto sobre los intelectuales. Tal vez conviene renovar ese llamado y adaptarlo a las particularidades de nuestra crisis nacional, máxime cuando se vocea un gobierno de transición que presuntamente restablecerá las prácticas políticas democráticas, el juego político democrático. Quizá se requiere una legislación especial que aborde el problema de no tolerar la intolerancia. Si eso se hace, se habrá avanzado bastante en la creación y consolidación de las instituciones democráticas.

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