Opinión

Todos a votar el 15: “Rebelión en la granja”

Lo que ocurre en Venezuela nos recuerda la obra de George Orwell Rebelión en la granja.

Los cerdos que habían encabezado una rebelión vendieron a los demás animales de la granja la idea de que vendría una etapa de prosperidad y equidad para todos. Hicieron pintar en un muro su constitución que decía “todos los animales son iguales”.

Pronto los cerdos comenzaron a abusar y comérselo todo mientras otros animales padecían penurias y escasez. Y si las bestias protestaban, el Consejo de Cerdos Sabios le daba siempre la razón a Napoleón, el líder de los cerdos.

Cuando otros animales alegaron que en el muro estaba escrito que todos los animales eran iguales, el consejo decidió un recurso de interpretación constitucional que dictaminaba: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.

Ese Consejo de Cerdos Sabios nos trae a la memoria casos y cosas que ocurren en casa. Por ejemplo, nuestra Constitución señala que para ser presidente hay que “ser venezolano por nacimiento” y “no poseer otra nacionalidad”. Ante indicios de que el presidente pudiera no cumplir con ello, el TSJ interpreta la norma diciendo que en caso de tener otra nacionalidad, prevalecería la venezolana. Viola así un postulado “ad litteris et verbis” (letra por letra palabra por palabra) establecido en la carta magna que no se presta a interpretación.

En las elecciones del 6 de diciembre de 2015, cuando el pueblo entregó las 2/3 partes de la Asamblea Nacional a la oposición, la Sala Electoral del TSJ decidió que se había producido un fraude en el estado Amazonas, sin comprobarlo ni convocar nuevas elecciones. Lo mismo cuando robaron el referéndum revocatorio o cuando birlaron atribuciones de la Asamblea Nacional.

Un nuevo caso ocurre ahora. Ante la convocatoria extemporánea por parte del CNE de elecciones para gobernadores, la oposición se vio en la necesidad de postular candidatos provisionales para cumplir el artículo 44 de la Ley de Procedimientos Electorales que reza: “Las postulaciones consignadas fuera del lapso previsto en el cronograma electoral, serán extemporáneas y se tendrán como no presentadas”.

La MUD, que había decidido escoger sus candidatos en elecciones primarias, optó por inscribir candidatos provisionales, acogiéndose al derecho establecido en el artículo 63 de la  citada Ley que dice: “Las organizaciones postulantes podrán modificar las postulaciones que presenten y, en consecuencia, sustituir candidatos o candidatas hasta diez días antes de ocurrir el acto electoral”.

No obstante, el CNE impidió la sustitución de los candidatos. Finalmente, el mismo día que vencía el lapso, la Sala Electoral sentenció que dicha sustitución sí era procedente. En otras palabras, lo que decidió la sala de marras es que el CNE sí debía hacer lo que se negó a hacer, pero lo dijo una vez que venció el plazo para hacerlo. ¡Qué descaro!

Algo así como la sentencia del Consejo de Cerdos Sabios de Orwell: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.

Las intenciones del régimen son evidentes. Convencido de la derrota que sufrirán sus candidatos, el gobierno pretende hacer lo que sea para desestimular a los opositores a que concurran a las elecciones. Siguiendo una cínica estrategia cubana, trata de convencer a los votantes de que no vale la pena votar porque el TSJ buscará los mecanismos para burlar la decisión de los electores.

La maniobra ha calado en algunos: “No voy a votar porque con ello estaría legitimando al régimen”.

En realidad, lo único que legitimaría al régimen es que sus candidatos ganen porque la oposición se abstenga de votar.

¿Que harán trampa? ¡Claro que la harán! Pero esa trampa no haría otra cosa que agravar la severa pérdida de legitimidad de origen y de desempeño en que ya se revuelca el régimen y que terminará por dar al traste con el mismo.

No entendería la comunidad internacional (que ha conformado un militante consenso para ayudar a Venezuela a recuperar la democracia) que la oposición opte por favorecer con su abstención al despotismo imperante. El adversario común está en la acera del frente.

El 15 debemos ir a votar, aunque sea con un pañuelo en la nariz para tapar la fetidez del los cerdos de la granja.