Opinión

Todos son malos menos yo

Según el relato de quienes aún mantienen el control administrativo del gobierno, el mundo entero –salvo unos pocos– se ha confabulado para causar inconvenientes al gobierno y, como consecuencia, dificultades al pueblo, al que la vida se le hace cada vez más difícil. Desde Miraflores nunca se prevé ni remotamente la posibilidad de que sea desde allí donde se originan las causas que nos llevan a tantos problemas.

Así por ejemplo, el Lic. Arreaza, usurpador del despacho de Relaciones Exteriores, ocupa buena parte del tiempo suyo y de su equipo en preparar y difundir comunicados en los que se reclama airadamente por acciones o palabras originadas en muchas partes del mundo en las que se pone de relieve la condición dictatorial del gobierno y las dramáticas consecuencias que causan sus políticas que fracasan una y otra vez.

Hace dos años se anunció el retiro de la OEA con el pretexto de que la organización estaba al servicio de las intenciones imperiales de Estados Unidos a través de al menos dos docenas de gobiernos –todos democráticos– a los que se calificó de “lacayos”. Más recientemente y a punto de cumplirse el plazo para el cese de la membresía anunciaron que solo por la fuerza serían excluidos. Ya el entuerto viene siendo enderezado por la temprana resolución del presidente (E) Guaidó de revocar aquella decisión y encargar la representación nacional a un muy distinguido ciudadano que sin duda llevará criterios más cónsonos con las necesidades de la convivencia continental.

Hace apenas pocos días la furia se desató contra el embajador de Alemania a quien se declaró “persona non grata” por haber concurrido –junto con numerosos colegas suyos– al aeropuerto de Maiquetía para recibir y garantizar la seguridad al presidente (E) de Venezuela reconocido por su país y sesenta mas. Antes el rugido presidencial había tenido como destinatario la representación diplomática de Colombia, a la que se despidió como quien echa a un perro. Igual había sucedido con la representación de Estados Unidos, la cual puso los puntos sobre las íes al anunciar que solo acataría orden de expulsión emanada del gobierno legítimo.

Con España, Francia, Reino Unido y varios países más de la Unión Europea, el Grupo de Lima, etc., los escarceos verbales ocurren a diario, igual como con los de nuestra región con la sola excepción de Bolivia, Nicaragua, Cuba y la “chulocracia” del Caribe que ya también da muestras de quiebre a medida en que la chequera va quedando exhausta. Solo resta México, que invoca obsoletos criterios de no injerencia, y Uruguay, cuyo Ejecutivo es rehén de las fracciones comunizantes de su coalición política gobernante.

A lo anterior deben sumarse numerosos fallos arbitrales ya decididos en contra de la República en procesos consentidos por ella, más las gestiones de tenedores de obligaciones con deuda vencida, más las negativas del Banco de Inglaterra y de Citibank que no sueltan el oro que tienen como garantía, más la ruptura con los organismos financieros internacionales, la devastadora consecuencia del aislamiento petrolero y la olímpica sacudida de bancos privados o estatales extranjeros temerosos de ser excluidos del circuito financiero norteamericano si siguen teniendo relaciones con Venezuela.

Entre gente medianamente razonable pareciera prudente haberse preguntado ya si no será que algo se está haciendo mal y –de ser así– reflexionar para eventualmente rectificar. Lamentablemente, la tendencia es a incrementar el número de contenciosos y tratar de disimularlos con fantasías que seguramente no podrán ser creídas ni por los hermanos Rodríguez, que –junto con el usurpador mayor– son los encargados de mentir en la forma más descarada que jamás se haya ensayado. Menos aún en este mundo globalizado de hoy donde la verdad emerge de mil maneras dando por tierra los cuentos de sabotajes producidos por voraces iguanas que se comen los cables de transmisión eléctrica, o desplantes ante corresponsales internacionales que más rating ganan siendo expulsados que mostrando los reportajes que puedan obtener en entrevistas llenas de limitaciones.

Es cierto que aún quedan algunos aliados de lo indefendible, pero ya viene trascendiendo que en varios casos (Rusia y China) la preocupación no es tanto preservar el “legado de Chávez” sino recuperar sus acreencias sin abandonar –si fuera posible– sus planes de influencia geopolítica en nuestro continente que alguna vez parecía sonreírles de la mano de un socialismo del siglo XXI que hoy se bate en retirada.

Y “por si fuera poco parió la abuela” cuando el principal cliente importador de petróleo –pagado, que no regalado– acaba de convertirse no solo en autosuficiente sino en exportador neto de energía. Qué diría el Galáctico que acostumbraba recomendar a jefes de Estado extranjeros introducir sus opiniones “en su paltó” según era el nivel de su discurso que –por lo visto– no nos trajo a buen puerto.

La conclusión es evidente. El régimen está en etapa terminal y ya se vislumbra el amanecer. Solo nos resta esperar que cuando llegue el momento las apetencias –muchas legítimas, sí– no pretendan imponerse al interés colectivo. De ser así, el soberano deberá execrar a quienes así procedan.