Opinión

No tienen pan y el circo no les funciona

Mitzy Capriles de Ledezma

La mesa está servida y no es precisamente para degustar un manjar al deleite del régimen madurista, toda vez que se trata de la mesa de debates de la OEA donde el menú será la Carta Democrática Interamericana, y el plato principal será Venezuela. Ya hemos escuchado las interminables peroratas de los enchufados maldiciendo a los embajadores que se han referido al caso de nuestro país, especialmente al secretario general, Luis Almagro. Nada nuevo en ese escatológico vocabulario al que se apela, una y otra vez, cuando no hay argumentos válidos para pretender defender lo indefendible. La situación es crítica, así lo revela en detalles el secretario general, y lo que se propone no es ni una intervención armada ni nada que se le parezca. Lo que se sugiere es realizar una elección nacional general lo antes posible como método democrático y pacífico para iniciar la superación de la crisis que afecta a nuestro país.

La oposición criolla ya había intentado imponer esa ruta cuando, contra viento y marea, se cogió la calle para recabar firmas a favor de realizar un referéndum revocatorio. Ese intento fue fraudulentamente frustrado con mecanismos grotescos e inescrupulosos. Sin embargo desde las esferas de la dictadura se vociferaban acusaciones de “conspiradores y golpistas” a los que proponíamos la consulta popular. Valen estas preguntas: ¿Cuál golpista intenta derrumbar un gobierno con votos? ¿Dónde se ha visto que con firmas y no con cañones y aviones artillados se dan golpes de estado?

Lo cierto es que cada día que Maduro se empeña en seguir sentado sobre las bayonetas del general Vladimir Padrino López, y a su vez controlando las salas electorales del Consejo Nacional Electoral y las dependencias del Tribunal Supremo de Justicia, hasta el pan de piquito se acaba en Venezuela, y lo que se revela es que no tienen pan y el circo ya no les funciona. Lo que se aplican no son medidas comerciales, financieras, monetarias, sino medidas policiales y represivas contra ganaderos, agricultores, industriales, banqueros, panaderos, autobuseros, y desde luego, contra dirigentes políticos que les son incómodos a los intolerantes como Maduro. Maduro dispuso que centenares de funcionarios con chapas de policías se presentaran esta semana a más de 700 panaderías de Caracas para comprobar la aplicación de una nueva ordenanza la cual específica que el “90% de la harina de trigo debe ser destinado a la elaboración de panes salados con precio regulado, y no a tortas y pasteles costosos”. Es el reciclaje de aspavientos para entretener y atemorizar a la ciudadanía que sigue pasando hambre en este país inmensamente rico, el cual han empobrecido.

Ante esta inocultable realidad, Maduro se niega a validar la denuncia de la Convención Americana de Derechos Humanos, no admitiendo las visitas solicitadas por órganos de las Naciones Unidas ni atender los llamados del Alto Comisionado, relacionadas con reconocer y restaurar las potestades de la Asamblea Nacional y respetar plenamente la democracia y la participación política, referidas todas a la protección de los defensores de los derechos humanos, garantizar el cese de la persecución y violencia política, respetar las libertades de expresión, asociación y reunión pacífica y adecuar la vigilancia de comunicaciones a las normas de derechos humanos.