Opinión

Teresa Coraspe: La casa sin puertas

Rafael Rattia

La opinión de @rattia

Releer la sempiterna portentosa poesía de Teresa Coraspe (Soledad, Estado Anzoàtegui. 1940) representa un acontecimiento estètico de primer orden en un paìs lastimado por la discordia y encono social inoculado por la ideología marxista-leninista ataviada de fatuos fuegos de populacherismo bolivariano. Desde que leì por primera vez los textos poéticos de esta inmensa escritora anzoatiguense avecindada en Ciudad Bolìvar por los mágicos hechizos del telurismo orinoquense debo confesar que quedè prendado a su rutilantes iridiscencias léxicas y sus munificentes lirismos verbales que han marcado mi alma sensible de lector cautivo de su hechizante universo poético.

Repito, perdón, subrayo con énfasis, que leer la poética de Teresa Coraspe es releer el texto del mundo y de la vida que permanece siempre, por fortuna, ilegible para los lectores imponiéndonos cada vez que abordamos su lectura múltiples perspectivas y pluriformes miradas sensibles desde sus vigorosos y renovados poemas.

La casa sin puertas es un poemario editado por la Asociaciòn de Escritores de Venezuela/Seccional Bolìvar, primera edición correspondiente al año 2004, bajo el esmerado cuidado del editor y también escritor Pedro Suàrez. No extraña la dedicatoria del libro al insigne poeta Lubio Cardozo, pues quienes hemos leído la poesía y ensayística crìtica literaria y de imaginación del poeta Cardozo sabemos que su prodigalidad afectuosa que dona a sus amigos es un fuego eterno e imperecedero que jamàs se extingue pese a los avatares y adversidades de la existencia y sus reveses.

Consigno aquí en estas líneas mi alegría por la amistad literaria y humana entre Teresa y Lubio patentizada en los recìprocos reconocimientos intelectuales de ambos escritores que han enaltecido el gentilicio de nuestra venezolanidad hasta cotas de excelsitudes.

Me llama, por otra parte, la atención el hondo y filosófico paratexto de Federico Nietszche al comienzo del libro: “… sòlo como fenómeno estètico està justificada la existencia del mundo”.

El libro està estructurado en forma de díptico o dupla bibliogràgica. El primero titulado con el sugestivo nombre de Poemas del Olvido y el segundo libro que confiere título al poemario certeramente rotulado con el título La casa sin puertas.

Ciertamente, la lectura minuciosa y atenta de la poesía de Coraspe (no hay otra forma de leer su escritura) nos proporciona algunas claves simbólicas de su universo metafórico aunque los enignas verbales de la poeta se tornen reticentes a su intelección fácil por el lector. No es que el lenguaje de la escritora sea hermético ni abigarrado; antes por el contrario, su sintaxis lìrica està escrita con el lenguaje que nos es dado por nuestra lengua materna pero sus potentes imágenes poéticas y sus magistrales tropos lingüísticos le otorgan a su estro lìrico  sui generis un extraño e inusual estatuto literario que hacen de esta escritura un universo generatriz de realidades asombrosamente inèditas, jamàs imaginadas por el lector que se acerca a su poesía. Veamos una pequeña muestra de nuestra afirmatio.

 “Veo pasar esta larga caravana de soles muertos

Por donde se bifurca mi sombra

No sabemos quièn es el enterrador de los ojos ciegos

Que se lleva la noche cada vez màs hondo

Y nos quedamos mendigando la luz

Para que no la devoren los perros.”

 (p.13)

Conozco a la escritora Teresa Coraspe y doy fe de que no es una escritora culterana pero toda la cultura de la humanidad respira y palpita en su poética abierta a la vida y en constante movimiento hacia su permanente e incesante enriquecimiento de lenguaje.

Su vasto conocimiento de la cultura greco-latina y las obras fundamentales que conforman el patrimonio lìrico del mundo occidental donde la poeta ha abrevado hasta el último sorbo le otorgan a nuestra escritora un lugar privilegiado en el amplio y dilatado panorama poético hispanoamericano del presente siglo.

Veamos por un momento las terribles imágenes poéticas de La casa sin puertas: los soles muertos, “el sol negro” “depresión y melancolía” diría Julia Kristeva emergen hasta la superficie de la límpida y desafiante página en blanco provenientes de la atormentada sensibilidad de la escritora al sentirse viva –vivìfica hay que decir- en un paìs de muertos andantes, de coma-andantes que portan piedras por corazón en sus humanoides pechos. “Los ojos ciegos que se lleva la noche” acaso no son los mismos ojos de Homero o los cansados ojos de Borges que lo vieron y leyeron todo antes de entrar al sueño eterno al cual nos dirigimos inexorablemente todos los que aùn respiramos sobre esta lamentable carroña cósmica? Y los perros que entran y salen de La casa sin puertas y mean sus alrededores mendigando la luz, acaso no son los perros antiguos de los filósofos griegos de la escuela kaènica. Un suave y delicado dejo de sutiles ironías de imperceptibles intenciones pedagógicas y de hondas resonancias didascálicas exhalan los poemas de Coraspe en este maravilloso viaje al centro del espíritu de nuestro tiempo.

Observemos un texto de evidente carácter aforístico que no da pie a dubitaciones de ninguna índole. Leamos.

“Me enfrento a la jauría

a los demonios que andan sueltos

jamàs me inclino ante el soborno.”

(p.19)

Sin dudas, la poesía de Teresa Coraspe es una po(è)tica que se funda en una ètica de la creación verbal. El lirismo enternecido que destilan muchos de sus poemas, desde “Las fieras se dan golpes de pecho” hasta “La Casa sin Puertas” impugna la lógica perversa y antiestètica de los poderes instituidos que confiscan la integridad ètica y moral del ser humano y trata de enajenarlo y alienarlo cosificàndolo y fetichizàndolo hasta convertirlo en una vulgar mercancìa intercambiable en la jungla de concreto que son las ciudades anónimas y nulificadoras de la sociedad del espectáculo y del consumo.