Opinión

Tarde o temprano vendrán negociaciones y elecciones

Incluso después de una guerra por muy cruenta que sea siempre habrá elecciones, siempre es siempre. Legislativas o ejecutivas, pero elecciones al fin. Incluso después de una guerra civil bestial como la española, de ensañamiento inaudito, una guerra espantosa y años y años de dictadura fascista, todo terminó en elecciones. Incluso después de años de segregación racial, de discriminación abominable, de crímenes de lesa humanidad todo terminó en elecciones, tal como sucedió en Suráfrica. Incluso después de años de comunismo atroz, de persecuciones, de represión, muerte y cárcel, después de que Hitler y Stalin casi desaparecieron Polonia, vinieron elecciones. Incluso después de centenares o miles de muertos en dictaduras militares y fascistas vienen elecciones, como en Chile. Incluso después de guerras masivas, guerras fratricidas, asesinatos, torturas, desapariciones vienen elecciones, como en El Salvador y Nicaragua. Incluso después del agente naranja y el napalm en Vietnam hubo diálogo y negociación. Lo mismo que después de 55 años de guerra en Colombia. No porque cambiaron las condiciones electorales. No porque cambiaron los organismos electorales. No porque ocurrieron los milagros divinos. No, señor, nada de eso; simplemente porque la mayoría opositora se reconoció a sí misma como mayoría y aceptó el reto de la historia sin tener que esconderse en argumentos estúpidos para justificar la abstención. Simplemente porque los actores se cansaron de matarse entre ellos y optaron por una salida pacífica, lógica, razonable, inteligente. Si los chilenos opositores, si los partidarios de Walesa, si los defensores de Mandela, si los españoles demócratas se hubiesen declarado abstencionistas, otra y muy diferente sería la historia. Sería una triste historia.

No importa el proceso político y social, siempre al final se realizan elecciones. En Suráfrica, en Polonia, en España, en Chile y en El Salvador los organismos electorales eran peores que en Venezuela. Aquellos CNE de los países nombrados eran encabezados por generales fascistas, involucrados en crímenes, en actos represivos. Nuestras cuatro señoras: Lucena, Oblitas, D’Amelio y Hernández parecen unas angelitas comparadas con aquellos esbirros llenos de sangre, con callos en las manos de tanto usar el látigo. Si las nuestras son tramposas y alineadas, aquellos eran criminales de guerra, verdaderos asesinos, llenos de sangre y de horror. Y, a pesar de esas realidades, los opositores, en su gran mayoría, en su inmensa mayoría participaron en las elecciones “y las ganaron”.

Frederik Le Klerk inició en 1989 conversaciones secretas con Nelson Mandela, quien estaba en prisión. El líder negro no solo no se opuso a conversar, a negociar, a buscar una salida a su país, sino que las estimuló y aceptó a su enemigo histórico, a Le Klerk, como su vicepresidente cuando Mandela ganó las elecciones. Lech Walesa inició conversaciones en 1989 en la llamada “Mesa Redonda” con el gobierno de Wojciech Jaruzelski, el tirano comunista responsable de crímenes atroces. Y Walesa participó en comicios, luego de esas conversaciones con el dictador “y ganó las elecciones para presidente en 1990”. Adolfo Suárez, luego de 36 años de dictadura franquista, aceptó ir a elecciones con la presencia de un candidato franquista, con el cual conversó, hizo acuerdos, negoció muchos capítulos electorales, el mismísimo Manuel Fraga. Y no fueron pocas las reuniones entre los delegados de la oposición y el dictador salvaje Pinochet para la realización del referéndum plebiscitario del 5 de octubre de 1988 para decidir si seguía o no como presidente hasta 1997. En todos esos casos la oposición, que era mayoría, decidió racionalmente participar y ganar. ¿Cómo puede ser que una parte de la oposición venezolana esté como dice Shakira, sorda, ciega, muda y embrutecida viendo tantos ejemplos demoledores; cómo no ven la realidad, la contundente realidad? Canta la barranquillera en honor a los abstencionistas: “Brutos, ciegos, sordomudos, torpes, trastes y testarudos. Es todo lo que he sido, por ti me he convertido en una cosa que no hace más que equivocarse”. El organismo electoral que organizó, ejecutó y supervisó las elecciones en Polonia ganadas por Walesa fue el Ministerio del Interior, un funcionario designado por el dictador Jaruzelski. Un comunista de uña en el rabo. Conocida la victoria aplastante de Solidaridad, conquistaron 99 de los 100 senadores en disputa, el gobierno comunista no tuvo ninguna posibilidad, nada de pataleo, tuvo que reconocer la victoria opositora.

Si nosotros sumamos los abstencionistas, más los que participaron en las elecciones del 20 de mayo de este mismo año, encontraremos que somos más de 75%. 55% de ventaja. Es decir 75% a 20% Aplastante diferencia. Una victoria que resultaría imposible de desconocer o trampear. El organismo electoral que organizó, ejecutó y supervisó las elecciones en el plebiscito de Pinochet fue el Ministerio del Interior, dirigido por Sergio Ramiro Fernández Fernández. Por cierto, Sergio Ramiro trató de diferir la publicidad de los boletines y estuvo en comunicación permanente con Pinochet; Fernández Fernández se apoyaba en la Fuerza Armada y los carabineros para imponer unos resultados falsos. Dado que el triunfo del No era por más de 10%, el viceministro del Interior, Alberto Eugenio Cardemil Herrera, reconoció la validez del tercer boletín donde aparecía el No como triunfador y en esos momentos el general Fernando Matthei, comandante general de la Fuerza Aérea, también reconoció la victoria del No. Lo que nos permite nuevamente afirmar que no importan las relaciones más comprometidas entre un dictador y su entorno, con su mamotreto electoral; si la victoria es masiva, aplastante, todos terminan por reconocer el resultado salido de las urnas.

Y si hablamos de Suráfrica la historia es similar. Mandela obtuvo 62,65% de los votos y Le Klerk, 20,39%. Pero ambos coincidieron en nombrar un Gobierno de Unidad Nacional con todos los partidos que obtuvieron más de 5%, y no solo eso, Le Klerk formó parte del primer gobierno de Mandela como vicepresidente. Ambos ganaron el Premio Nobel de la Paz en el año 1993. Vale la pena señalar que los organismos electorales supervisores de las elecciones donde Mandela derrota a Le Klerk eran todos partidarios del Apartheid, de la discriminación y fieles servidores del gobierno racista de Suráfrica, pero nada de esto pudo detener la victoria de la mayoría. Diría un sabio de cafetín: Mayoría es mayoría aunque tenga cochochos (Pediculus humanus, es decir, piojos).

En mi opinión el gobierno de Maduro tiene gran interés en sobrevivir, en seguir participando en la sociedad política. Y tiene tanto interés que sus emisarios están sentados conversando con Mandinga, es decir, con el Fondo Monetario Internacional. Y quiere y debe negociar, pues tiene la soga al cuello y un grillete en los testículos. Ya lo explico.

Trataré de hacer un inventario de las razones por las cuales tanto la oposición como el gobierno salen ganando de un proceso de diálogo, de negociación, en que sus primeros encuentros deben ser silenciosos, secretos, privados, tal como fueron los de Colombia, El Salvador, Polonia, Suráfrica, España, Chile, Vietnam y pare usted de contar. Pero quien más gana es Venezuela y los venezolanos. Entremos de una vez.

  1. El gobierno quiere que la oposición reconozca la existencia de la asamblea nacional constituyente. Es mi criterio que la ANC existe independientemente de nuestras opiniones y creencias. Hace leyes. Nombra funcionarios. Aprueba presupuestos. Así que reconocer que existe no es un gran sacrificio. Podríamos aceptar su existencia siempre que haya un acuerdo entre oposición y gobierno para que tal organismo termine sus funciones a finales de este año 2018 y someta a referéndum su nueva constitución o las reformas o las enmiendas que finalmente resulten de sus deliberaciones. Ello dentro de los primeros 60 días de 2019
  2. El gobierno quiere que la Asamblea Nacional le apruebe las leyes sobre endeudamiento para poder buscar financiamiento externo a sus planes de reforma y desarrollo económico. Es mi criterio que si los planes de reforma y desarrollo económico consideran medidas como la libertad absoluta del sistema cambiario, si los presupuestos anuales y las leyes de endeudamiento se someten al juego de mayorías y minorías dentro de la Asamblea Nacional y se reconoce la autoridad del Poder Legislativo en torno a la materia presupuestaria bien podría incluirse tal objetivo como parte de las negociaciones.
  3. El gobierno quiere que la oposición denuncie las sanciones como violatorias de la soberanía. Es mi criterio que en una negociación general que incluya acuerdos sobre elecciones, presupuestos y reconocimientos mutuos, solicitar a los países que han impuesto sanciones que las suspendan transitoriamente para facilitar los acuerdos no es un gran sacrificio ni para ellos ni para nosotros.De concretarse un acuerdo definitivo las medidas desde luego serían todas abolidas.
  4. El gobierno quiere una Ley de Justicia Transicional. Se nombraría de conjunto entre la oposición y el gobierno, bajo la supervisión de la Unión Europea y la ONU una Comisión de la Verdad que, entre otros objetivos, tendría el de redactar un Acuerdo Transicional a ser aprobado por la Asamblea Nacional que establezca las normativas a aplicar para conservar y procurar un clima de paz sin persecuciones de ningún tipo a excepción de los crímenes de lesa humanidad. Y ahora con el barítono Alejandro Andrade cantando en inglés en Miami y otros pajaritos cantando en Madrid están más apuraditos que nunca.
  5. El gobierno quiere el reconocimiento de la presidencia de Maduro y de las elecciones del 20 de mayo. Es mi criterio que si acordamos el finiquito del funcionamiento de la asamblea nacional constituyente para finales de 2018 y logramos una acuerdo de relegitimación de los poderes públicos, es decir elecciones para presidente, gobernadores y alcaldes para finales del año 2019 con el nombramiento de un CNE provisional y equilibrado: dos rectores designados por la Asamblea Nacional, dos rectores designados por la asamblea nacional constituyente y un quinto sugerido por la Unión Europea, entonces declarar a Maduro como presidente interino hasta que se realice la relegitimación a finales de 2019 es un propuesta razonable. Permitiendo por supuesto que el bigotudo se relance como candidato presidencial.
  6. La oposición quiere un nuevo proceso electoral para elegir presidente, y, conocidas las condiciones de las últimas elecciones del 20 de mayo, estamos seguros de que si se nombra un nuevo CNE equilibrado y se fijan fechas ciertas para realizarlas estaremos firmando un buen acuerdo, seguramente a ser aceptado por la mayoría opositora.
  7. La oposición quiere la libertad de los presos políticos. Dentro de los acuerdos de relegitimación podría estudiarse un capítulo para el nombramiento de un nuevo fiscal general, un nuevo contralor general y un nuevo defensor. A ese nuevo fiscal le correspondería resolver todo el asunto de los presos políticos. Hacer una lista de los presos políticos a los cuales el fiscal general les pida sobreseimiento o le sean otorgadas medidas de indulto pleno; no requiere un gran esfuerzo.
  8. La oposición quiere que se restablezca la potestad y legalidad de la Asamblea Nacional. Tal como propusimos anteriormente, en compensación a esta solicitud la oposición reconoce a la asamblea nacional constituyente hasta su finalización este mismo año 2018, y se procedería a una convocatoria a un referéndum de sus resultados dentro de los primeros 60 días del año 2019. Incorporación plena de los diputados de Amazonas.
  9. El gobierno y la oposición podrían acordarse para la elección de una nueva Asamblea Nacional luego de realizadas los comicios de relegitimación de la presidencia, las gobernaciones y las alcaldías. Se podría hablar de un adelantamiento electoral para dichas elecciones de diciembre de 2020 a enero de 2020. Esa nueva Asamblea Nacional debería nombrar los funcionarios definitivos para un TSJ renovado en 100%, el nuevo CNE y, por supuesto, fiscal, contralor y defensor.
  10. La oposición quiere la rehabilitación de todos los partidos y dirigentes políticos sometidos a distintos procedimientos que cercenan sus derechos políticos y sus capacidades para elegir y ser electos. El nuevo y provisional CNE se encargaría de aprobar las resoluciones que hagan falta para tales fines.
  11. Ambos participantes en las negociaciones acordarían un Plan Especial de Recuperación de Pdvsa y modificación de las leyes petroleras para facilitar el aumento de los niveles de producción; eso incluiría el nombramiento de una directiva de consenso a ser aprobada por la mayoría de la Asamblea Nacional.

Pienso que estos once puntos son cruciales y forman parte de la agenda principal. Iniciar encuentros  “en túneles” no es colaborar con nadie, es simplemente regresar al estado “natural de la política”, donde las conversaciones, los acuerdos y desacuerdos, los debates son perfectamente posibles. Es un retorno al mundo civilizado, democrático, constitucional, pacífico y electoral. Vamos todos.

Modus operandi también llamado hoja de ruta

  • Una comisión básica de negociación de cuatro personas integrada por Capriles Radonski, Henrique; Falcón, Henri; Ramos Allup, Henry, y Rosales, Manuel. En orden alfabético. Representan a los partidos Primero Justicia, Avanzada Progresista, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo.
  • Dicha comisión podrá designar a los acompañantes y asesores que le parezca conveniente y considerará su ampliación atendiendo a la solicitud de otros partidos políticos.
  • Se escogen a esos 4 ciudadanos por las siguientes razones:
  1. Son partidarios de salidas electorales, pacíficas, constitucionales y democráticas.
  2. Tres de ellos fueron alcaldes, gobernadores y candidatos presidenciales de la oposición. El cuarto tiene la más dilatada experiencia parlamentaria de toda la oposición.
  3. Las conversaciones serían secretas, preferiblemente fuera del país. Se harían públicas cuando se defina claramente la agenda y el cronograma de actividades
  4. Cada sector puede escoger hasta 2 facilitadores. Es decir, ningún sector puede vetar al propuesto por el otro. Por lo tanto, el gobierno pudiera seleccionar claramente a José Luis Zapatero y nosotros a José Manuel Santos. Al primero, ya que conoce el proceso desde adentro; al segundo, por su experiencia en los acuerdos con la FARC.
  5. Se acepta la constitución de un Grupo de Contacto, tipo Grupo de Contadora, formado por Cuba, Chile y Noruega. Con países de apoyo como China, Canadá, Rusia y Estados Unidos.