Opinión

Somalia a la vista

César Tinoco

Si usted, amigo lector, viviera en Tanzania en lugar de Venezuela, moriría 13 años antes de lo esperado estadísticamente aquí, tendría 9 veces mayor probabilidad de contraer sida, tendría 2 veces mayor probabilidad de morir en su infancia y ganaría 88% menos dinero.

Si por el contrario usted viviera en Kirguistán, moriría 4 años antes de lo aquí esperado, tendría un 50% de menor probabilidad de contraer sida, tendría un 49% de mayor probabilidad de morir en la infancia y ganaría 82% menos dinero.

Tanto Tanzania como Kirguistán son vecinos inmediatos de Venezuela en el Índice de Estado Frágil, índice patrocinado por la ONG Fund for Peace y que, en su última versión publicada correspondiente al año de 2016, evalúa la fragilidad de 178 países.

Dicha fragilidad viene descrita por 12 indicadores a los cuales se les da una puntuación de 0 a 10 y donde 10 significa la extrema fragilidad en el indicador respectivo. Así, el país en extremo frágil, tendría una puntuación de 120 mientras que el de menor fragilidad tendría una puntuación de 0. Mientras mayor sea la fragilidad, más comprometida estará la estabilidad de un país en todo orden: político, social y económico.

Para el 2016, la puntuación promedio para Latinoamérica fue de 69 y sus cuatro estados menos frágiles, con puntuaciones menores a 50, indicadas entre paréntesis, fueron Uruguay (36,2), Chile (41,9), Costa Rica (45,1) y Argentina (48,4). Los países más frágiles fueron Haití (105,1), Guatemala (83,2) y Venezuela (81,6). Tanzania y Kirguistan escoltan a Venezuela con 81,8 y 81,1 respectivamente. A escala mundial, el país menos frágil es Finlandia (18,8) y el más frágil es Somalia (114).

Con Hugo Chávez, Venezuela tenía rato adentrándose en la zona de fragilidad, hecho que se aceleró cuando Nicolás Maduro tomó el poder y hundió el pie hacia la somalización: para el 2013, Venezuela ocupaba el puesto 89 mientras que para el 2016 ya se había posicionado en el lugar 63. En palabras llanas, desde el 2013 nos acercamos al extremo de la máxima fragilidad a razón de casi 9 puestos por año.

La perspectiva de Somalia es horrorosamente triste: en un país sin electricidad, con racionamiento de agua sucia y sin el resto de los servicios básicos, con vías de circulación tan estropeadas como la superficie lunar y el parque automotor totalmente desactualizado y canibalizado, viviremos 23 años menos de lo aquí esperado, tendremos 5 veces más probabilidades de morir siendo niños, no haremos dinero ni siquiera “bachaqueando” y a pesar de que tendremos un 17% menos de probabilidades de contagiarnos con sida, tendremos exactamente la misma probabilidad de morir asesinados por delincuentes que por el hambre, el dengue, la malaria, el paludismo, la chikungunya, la tuberculosis y hasta la viruela, todo gracias a Nicolás Maduro y a las contribuciones de sus ministros de salud: Isabel Iturria, Francisco Armada, Nancy Pérez, Henry Ventura, Luisana Melo y Antonieta Caporales.

c.e.tinoco.g@gmail.com