Opinión

Soberano ante paredón constituyente

Ovidio Pérez Morales

Lo que no se pudo hacer el 4 de febrero de 1992 se está haciendo con la asamblea nacional constituyente. Darle la vuelta estructural al país con un operativo de facto, carente de legitimidad y violatorio tanto de la Constitución como de elementales derechos humanos.

El objetivo de la ANC es actuar el proyecto del régimen (SSXXI, Plan de la Patria). A través de procedimientos dictatoriales (tiránicos, autocráticos, hegemónicos) se busca imponer a los venezolanos un sistema totalitario de signo socialista-comunista (tipo soviético, castrista, norcoreano).

Sistema totalitario es una organización global de la sociedad desde un centro de poder que ejerce el control total. Es peor que una simple dictadura (tipo Gómez o Pérez Jiménez aquí y Pinochet más lejos), la cual busca, fundamentalmente, el control político; mientras que el totalitarismo tiende al control no solo político, sino también económico y ético-cultural de la persona y la sociedad. El poder central se autointerpreta entonces como absoluto, inapelable; estas características se atribuyen al Estado y a sus “encarnaciones” en el Partido y el Líder Máximo (así, con mayúsculas). Se sacraliza, diviniza el poder, que de tal modo se convierte en un Moloc (divinidad antigua ante la cual se sacrificaba todo, cosas y seres humanos). Por eso el creyente rechaza el totalitarismo como idolatría –solo Dios es absoluto– y el humanista genuino lo repele como monstruosidad.

A la ANC se la asume como herramienta privilegiada de la “revolución” socialista-comunista y se la erige, por tanto, en poder absoluto, omnipotente. Constitución, derechos humanos, convenios, cielo y tierra… todo se relativiza y aprecia en función de ella y del proyecto al que sirve. La ANC salta lo histórico limitado y se instala en el reino de lo absoluto.

El soberano es la fuente originaria del poder; en él reside lo constituyente y también lo supraconstitucional. ¿Cuál soberano confirió su representación y poder a la ANC? Ninguno. Solo un liderazgo gubernamental y partidista, que escogió a unos pocos ciudadanos para usurpar, a través de una elección fraudulenta, lo que es facultad del pueblo entero y de sus legítimos representantes. Y ahora esa ANC ilegítima e inconstitucional osa desconocer a la actual Asamblea Nacional, el poder público de más reciente y mayoritaria elección ciudadana. Estamos, por tanto, ante una estafa, una apropiación indebida, una tragicomedia.

La Fuerza Armada Nacional debe liberarse de la identificación que el Alto Mando le ha impuesto con el proyecto castrocomunista oficial. El régimen se apoya hoy básicamente en los militares, ya que la gran mayoría de los ciudadanos (80%) lo que quiere es un cambio en la orientación política de la nación. La FAN se debe no al presidente, al partido oficial o a la cúpula gubernamental, sino al país, que ellos están llevando a un desastre general. La nación sostiene y equipa a la FAN no para que la reprima y destruya, sino para que resguarde su independencia y asegure su marcha en el marco constitucional. La FAN no debe seguir siendo brazo armado de una “revolución” antinacional, falsamente bolivariana y colonizada por Cuba.

Ahora bien, porque la crisis de la nación es tan grande (en hambre, escasez, enfermedad, muerte, inseguridad y angustia), exige como respuesta necesaria y urgente que el soberano –único poder originario– entre en escena y determine lo que hay que hacer. Solo él puede definir, a través de una manifestación libre, clara, mayoritaria de su voluntad, el gobierno a tener y el camino a seguir para el logro de una convivencia nacional pacífica, fraterna, solidaria, pluralista, productiva.

La ANC, ilegítima e inconstitucional en su conformación, tiene ínfulas de todopoderosa y absoluta. Configura un paredón de fusilamiento con pretensiones de liquidar a todos cuantos disientan de una “revolución” que es, en realidad, patente involución en el campo económico, palmaria regresión en materia de derechos humanos y notable deshumanización en el ámbito ético-cultural.

Ante el paredón constituyente, el soberano ordene lo que hay que hacer para salvar y hacer progresar a Venezuela.