Opinión

El soberano ante el desastre

Ovidio Pérez Morales

El régimen, a través de su fiel Consejo Nacional Electoral, lleva a elecciones municipales en diciembre con la dinámica fraudulenta semejante a la de los comicios para gobernadores.

No solo eso, esta dictadura socialista actúa en todo apoyándose en la pretendida omnipotencia de la ilegítima asamblea nacional constituyente, confeccionada al margen y contra la Constitución y convertida en “hacelotodo” en su proceso hacia un Estado comunista.

De acuerdo con la lógica oficial, las elecciones presidenciales del próximo año –si la ANC no decide inventar un sucedáneo para que el presidente alargue su período de gobierno– llevarían el mismo sello de sorpresas tramposas y procedimientos arbitrarios para asegurar la continuidad del régimen.

El gobierno ha sido muy eficaz en destruir el país en todos los órdenes y en cerrar progresivamente la tenaza totalitaria. Basta hacer cortes verticales en la línea del tiempo para percibirlo claramente.

La oposición ha carecido en buena medida de lucidez (en casos de coraje y honradez) para identificar al que se tiene enfrente. Ha sobrado ingenuidad o superficialidad, así como también terminología ambigua para llamar las cosas por su nombre. Lo cual se ha reflejado en estrategias equivocadas y en el modo de abordar “diálogos” y “negociaciones”. La fiera es fiera, no animal doméstico.

Más de una vez he propuesto, y ahora lo planteo como un grito, que, dado el desastre del país y las ominosas perspectivas, lo que urge en este momento, como apertura a una solución efectiva de la gravísima crisis, es apelar al soberano. Pero al soberano de verdad (CRBV 5), no a una caricatura o selección sectaria poblacional, como la que produjo la integración de la ANC.

Se debe repetir y subrayar que el soberano –ciudadanía global– es el único poder originario, total, constituyente y supraconstitucional en una comunidad política (pueblo, nación, república…). Al él y solo a él le corresponde en última e inapelable instancia definir la constitución del Estado, la forma de gobierno, la normativa constitucional. Y concretando cosas: el destino de Venezuela como país. Y el soberano tiene que expresarse todo él, de allí que su decisión (voto) tiene que ser libre, transparente, universal. Un referéndum, una votación sin maquillajes ni triquiñuelas.

¿Un régimen o un sector político presumen de tener apoyo popular? ¡Apélese al pueblo soberano! ¿Por qué temerle? Que este decida si quiere o no al actual régimen, una genuina constituyente u otras cosas de calibre semejante.

El país no soporta más su debacle económica, política y ético-cultural. El hambre y la muerte culpables, la incertidumbre y la angustia inducidas. Basta ya de que el interés predominante sea la conservación del poder, no la suerte de la gente. Stalin causó una hambruna con 20 millones de muertos, e incontables fueron las víctimas chinas de la “Revolución cultural”.

Fundamental para esta consulta al soberano es el respaldo internacional (ONU, OEA, UE…), que supervise el proceso de votación y garantice el respeto del resultado. Para lo cual deberá integrarse un árbitro verdaderamente imparcial.

La oposición, presionada-complementada por la sociedad civil organizada, ha de superar sectarismos, maniobras personalistas debajo de la mesa, visiones cortoplacistas. Y recordar: es mejor ser cola de león que cabeza de ratón.

Last but not least. La Fuerza Armada (que debe recuperar lo de nacional y bolivariana) debe cuadrarse con la nación y no con la persona del presidente y el partido de gobierno. No temo decir que ella es la culpable principal de la actual crisis nacional, porque tiene las armas y las emplea no al servicio de la República y la Constitución, sino de este régimen destructor, opresor. Más allá de los altos mandos, Venezuela espera por el patriotismo de la gran mayoría de los ciudadanos en armas. Los artículos 323 y 350 de la CRBV interpela a los militares antes que a otros.

¿El soberano es el poder originario constituyente? ¡Que lo ejerza!