Opinión

Sin más vueltas, ¡estamos aplicando el 350!

Estamos hablando en prosa sin darnos cuenta. Ante el camino sin precedentes que transita la política venezolana, distintas voces nos han paseado por varios artículos de la Constitución vigente para explicarlo y buscar sus fundamentos, o para negarlos. La naturaleza de ese camino se viene precisando en la dinámica de los acontecimientos. A tres semanas de nuestro reciente 23 de enero, tenemos una mejor posición para precisar por dónde vamos.

El factor determinante de este “Camino venezolano 2019” no reside hoy, o no únicamente, en el genuino y poderoso liderazgo de Juan Guaidó, mucho menos en la dirigencia política, sino en la “participación y protagonismo del pueblo” en ejercicio directo de la soberanía, reconocido en la Constitución de 1999.

La Constitución contiene un peculiar artículo, el 350, que por años leímos para preguntarnos a continuación, ¿cómo se come eso?

Según lo veo, casi sin darnos cuenta, estamos respondiendo la pregunta gastronómica. Y lo logramos por una vía prevista en la Constitución: el ejercicio directo de la soberanía popular reconocido en el artículo 5 y desglosado en el artículo 70.

Por la vía del ejercicio directo de la soberanía popular, distinta del sufragio, estamos cumpliendo el 350.

¿Qué dice el texto del 350? Veamos: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”.

Esos valores y principios están explícitamente establecidos en el título I, “Principios fundamentales” de la Constitución, y desarrollados a lo largo del copioso texto de la carta magna. Su lectura, con buena dosis de paciencia, nos da la medida del quebrantamiento de esos valores, principios y garantías democráticos y del menoscabo de los derechos humanos.

Salvo mejor y más detenida interpretación, el régimen ha incumplido o incumple abiertamente y de manera flagrante los siguientes artículos de la Constitución de 1999: 2, 3, 4, 6, 7, 21, 23, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 39, 40, 43, 44, 46, 47, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 55, 57, 60, 62, 63, 66, 68, 69, 75, 76, 78, 79, 80, 81, 82, 83, 84, 85, 86, 87, 88, 89, 91, 92, 93, 94, 95, 96, 97, 99, 102, 103, 104, 107, 108, 109, 110, 112, 113, 115, 116, 117, 118, 119, 120, 121, 122, 123, 127, 128, 129, 140, 141, 143, 144, 145, 146, 147, 150, 164, 165, 166, 167, 178, 179, 184, 196, 197, 200, 229, 232, 233, 235, 236, 237, 239, 254, 256, 261, 263, 264, 271, 272, 274, 276, 278, 279, 280, 281, 285, 289, 294, 295, 296, 299, 300, 301, 303, 305, 306, 307, 308, 309, 310, 311, 312, 313, 314, 315, 317, 318, 319, 320, 321, 322, 327, 328, 330, 332, 334, 338, 339.

Casi la mitad de los artículos constitucionales han sido violados, por omisión o comisión. Sobran las razones de peso para desconocer a este régimen, a las que se suma la negativa a recibir la asistencia humanitaria que esperan tantos venezolanos en pobreza extrema. El movimiento popular, con el liderazgo de Juan Guaidó, juramentado ante el soberano como presidente encargado, es el gran protagonista de esta gesta única. Es un movimiento auténticamente democrático, pacífico, valiente, que lleva adelante un combate civil, sin armas, sin objetivos de lucha armada. Es importante fortalecerlo y mantenerlo con esas características. No contaminarlo con intervenciones militares, internas o externas. Estamos en el camino y hay que transitarlo con pasos serenos, bien estudiados pero firmes porque el piso es resbaladizo.