Opinión

El silencio de los culpables

Elio Pepe Trifance

En la homilía de Navidad, desde la ventana de la plaza San Pedro, Su Santidad el papa Francisco reconocía la ineficacia experimentada en la mediación entre el gobierno de Venezuela y la Mesa de Unidad Democrática, y recomendaba al Niño Jesús el éxito de la presunta conciliación que debería realizarse en la próxima ronda del “diálogo” bajo el patrocinio de la República Dominicana.

Un primer milagro se ha realizado en la conformidad del comportamiento de los venezolanos: revolucionarios y demócratas han mantenido un riguroso silencio para recibir a Nuestro Señor. Ni un fuego de artificio ha sido disparado a lo largo y ancho del país; solo se han oído en algún sitio los botes de las bombas lacrimógenas lanzada por la Guardia Nacional Bolivariana en contra de la población exasperada en búsqueda de alimentos. La protesta toma cuerpo y se difunde: la hiperinflación y la devaluación de la moneda han hecho imposible comprar, cuando se encuentran, los bienes de primera necesidad. La especulación predomina sin alguna intervención del Ejecutivo que, por el contrario, a través de sus proxenetas es responsable de la distribución al por mayor y del aumento de los precios.

En los comentarios que se escuchan, como diría Tácito: “Mientras unos tienen por hechos ciertos los rumores más precarios, otros convierten los hechos en falsedades”. Los llamados a los venezolanos a no rendirse en la lucha en contra del régimen dictatorial son muchos y de diversa naturaleza, pero la trágica dimensión de la realidad prevalecerá con su lógica histórica e impondrá sus reglas. No obstante, la Mesa de Unidad Democrática muestra vivir en otra realidad, ni sabe siquiera qué es lo que está ocurriendo ocupada en salvaguardar lo que queda de las hipótesis de “conucos” personales y se doblega a un diálogo del cual se conoce ya la inconsistencia de la conclusión que, en ningún caso, podrá incluir una renuncia cuanto menos parcial al ejercicio absoluto del poder llevado adelante por la asamblea nacional constituyente.

La dinámica del poder prevalece con diferentes grados de abstracción y concreción en la atmósfera de orígenes y consecuencias de intereses divergentes, pero que en este caso coinciden en las acciones que generan revelando complicidades para las cuales el “bien común” de la nación ni siquiera constituye la última preocupación y la ética permanece un valor desconocido.

Asumir la responsabilidad de negociar implica no solo el conocimiento del contexto en el cual se maquillan los problemas, las viejas raíces ideológicas y programáticas que califican el comportamiento y las finalidades de las partes, sino de las compatibilidades estratégicas que deberían ser dirigidas para permitir la recuperación parcial de la grave crisis estructural en la cual versa el país.

En el contexto operacional, y para intentar la recuperación del sistema democrático, la importante renovación de la gerencia del Consejo Nacional Electoral no asume mayor significación si no viene realizada conjuntamente con el cambio del sistema electoral electrónico que permite cualquier extrapolación. Es un requisito indispensable de transparencia sin la cual la continuidad de la opción gubernamental sería asegurada, también en el caso del “candidato único” representante del acuerdo entre los cogollos de los partidos tradicionales que integran la MUD, siendo comprobada su postración política, estratégica, programática y ética. Por supuesto, consideramos que también cuando una revolución se desarrolla en modo pacífico es indispensable poner fin al control de los representantes del régimen sobre un instrumento de poder de capital importancia para lograr el equilibrio de la sociedad correspondiente a la real proporción de las fuerzas en confrontación.

Siguiendo el pensamiento de Claude Lévi-Strauss se puede avanzar de “la lógica de las cualidades sensibles” a “la lógica de las formas” para desprenderse del caos generado por el alejamiento de las verdades objetivas y orientar una perspectiva de  supervivencia del país mediante la asimilación de una nueva pertinencia crítica y la acción correspondiente.