Opinión

Ser agentes de nuestro propio cambio

En días pasados pudimos participar en un foro en el programa de César Miguel Rondón junto a Luisa Pernalete de Fe y Alegría acerca de la crítica situación de los niños venezolanos con el cierre de las escuelas en vacaciones. En los sectores más vulnerables esto representa una población infantil que debido a causas de crisis económica y de servicios básicos, no puede realizar actividades recreativas o de esparcimiento, no acceden a los pocos comedores escolares existentes y ahora, con el fenómeno de la emigración por la crisis, muchos quedan al cuidado de familiares o amigos cercanos y en casos desesperados, por cuenta propia.

En el programa se conversó acerca de los esfuerzos que diversos grupos y ONG llevan a cabo para paliar esta situación, con un gran compromiso moral, voluntad de trabajo y perseverancia en medio de enormes dificultades. Esto frente al vacío de un Estado que, en vez de cumplir una función de articulación y búsqueda de soluciones a sus ciudadanos, por el contrario, ha implementado un modelo destructivo que cada día deteriora aún más la situación y las condiciones de vida de las personas.

En este sentido, una de las preguntas que más nos llamó a la reflexión fue acerca del alcance que el trabajo de las organizaciones o el aporte individual (voluntariado, donaciones, difusión) podían tener frente a un problema de enormes dimensiones en el que obviamente el Estado tiene la primera responsabilidad (y los medios) para darle solución. ¿Tiene sentido el trabajo de un grupo reducido de personas o el aporte individual, ante un problema tan complejo y de tal envergadura, frente a un Estado colapsado e indiferente?

Esta pregunta podemos extrapolarla a otros ámbitos. ¿Tiene sentido protestar y trabajar por el logro de mejoras salariales, la exigencia de respeto a derechos humanos y constitucionales, el cumplimiento de servicios básicos y por exigencias de alimentación y salud, en el actual contexto de colapso nacional e imposición autoritaria?

La respuesta es sencilla: claro que sí.

En nuestra experiencia particular en planes como Alimenta la Solidaridad o Monitor de Víctimas, vemos cómo estos esfuerzos tienen repercusiones concretas en la realidad diaria de las comunidades. En casos determinados, significan mejoras en familias y el empoderamiento de individuos. Sobre todo, significan un cambio de paradigma y la realización de que podemos transformar para bien nuestro entorno y situación personal.

En el momento en que nos vinculamos de cualquier forma en un proceso de este tipo, ya sea apoyando una protesta, como voluntarios en una organización, aportando materialmente, visibilizando una causa o solidarizándonos con un grupo, ya estamos operando un cambio en la realidad. Ya estamos venciendo la fragmentación y recuperando el tejido social, ya estamos generando condiciones que no solo incidirán en el beneficio del otro sino también en el nuestro, tanto en nuestro entorno inmediato como cercano, ya estamos subvirtiendo la narrativa oficial de opresión y sometimiento, cuestionándola y reduciendo su alcance. Sobre todo, nos estamos asumiendo como actores activos con el poder de incidir significativamente en lo social, en lo económico y en lo político.

Al día de hoy se producen manifestaciones en todo el país y diversos grupos y sectores que trabajan por la defensa de derechos humanos y constitucionales. Debemos tomar conciencia de que, en su diversidad, las exigencias y reclamos que cada una de estas manifestaciones demandan y las causas que defienden estos grupos o sectores, competen a toda la sociedad en su conjunto. Es necesario promover un proceso de apoyo y vinculación de todas las fuerzas sociales en estas expresiones de descontento, protesta y cambio, ya que solo juntos podremos ser efectivos en la lucha por lo que es de todos.

El país tiene la necesidad vital de enfrentar la crisis de colapso y caos y lograr las condiciones para la salida del régimen que la fomenta y aprovecha. Para ello es indispensable que cada uno de nosotros tome conciencia de que esto solo podrá ser posible a partir de nuestra participación y vinculación. Solo a partir de allí podremos ejercer nuestro poder implícito de ser agentes de nuestro propio cambio.

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