Opinión

¡Señor presidente!

Pedro Morales

La opinión de

“Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace”. (Lucas 2: 14).

Mis respetos y consideración:

Usted mejor conoce la tendencia de los indicadores económicos atinentes a nuestra realidad, por lo que por muchas razones nobles y honestas que se tengan a favor del pueblo (que no ponemos en duda), el empeño de mantener el precio del dólar controlado que le da vida al “today” especulativo y en general al sistema de precios diferenciados, la sociedad venezolana en su conjunto padece de los rigores (que más que una hiperestanflación) de una inmoral y criminal escalada de precios generalizada que limita los niveles de tragedia o devastación social, de forma que la sabia decisión de ajustar o flexibilizar tal relación a su valor real (que realmente puede ubicarse en una banda entre los 30.000 y 50.000 bolívares por dólar) comenzaría a revertir los efectos de la grave enfermedad multidimensional que estamos sufriendo, y que a todas luces es decadente e involutiva (de septiembre a diciembre de 2017 los precios se incrementaron más de 3 veces su valor y la tendencia es al alza incontrolada, explosiva y grosera sino se realizan los cambios en la gestión económica).

Pero para nadie es un secreto que desde hace tiempo se ha venido intensificado el desabastecimiento, los altos niveles de inflación (dado que todo está dolarizado en términos del “today” irreal e inmoral) y pare de contar la decadencia generalizada. La gente tiene que hacer colas durante horas para conseguir cualquier cosa. “Se compra menos y se gasta más”, es decir, los aumentos salariales y el dinero como tal en verdad no valen nada, es pura “ilusión monetaria”. Se puede disponer de “bolsas de dinero”, pero apenas se compra algo. “Lo que se necesita se puede encontrar pero se debe pagar a cualquier precio. Cada vez se cierran más los espacios para producir y trabajar honestamente: sin efectivo, sin insumos, etc.”.

Adicionalmente, las cifras de inflación o de costo de la canasta de bienes y servicios, bien sean de organismos nacionales o internacionales se quedan cortas y desfasadas cuando se contrastan con la realidad verdadera. Por lo que los ajustes salariales no obedecen ni en lo mínimo a lo equivalente que se percibía para diciembre de 2007 (de acuerdo con los criterios metodológicos de cuentas nacionales vigentes). Encadenadamente los planes de cobertura de salud de tipo público o privado, cualesquiera sean sus estructuras y montos, los mismos resultan insuficientes para cubrir requerimientos de HCM, dado que además que estos vienen presentando altos, crecientes, incontrolados y abusivos costos, el índice de precios respectivo desconsidera la elevada ponderación de los mismos en el presupuesto de familiar de los hogares venezolanos.

Así mismo, del anterior tenor de planteamientos considérese por favor la siguiente ilustración “hipotética”: la semana pasada (con la justificación de que no existen alternativas para subsistir dignamente) la suma de 500.000 bolívares obtenidos quizás de la venta clandestina de 32 litros de gasolina era la cantidad mínima que se exigía en algún sitio fronterizo para realizar una transacción de dinero en efectivo con un sobreprecio equivalente a 90%.

Es decir, que con esos 500.000 bolívares se podía iniciar el ciclo especulativo con un lucro de 450.000 bolívares (500.000 x 1,90= 900.000 bolívares). Pero esos 500.000 bolívares al tipo de cambio “today” (que también es irreal y fomenta distorsiones al igual que el oficial controlado) pudieron haber generado un monto entre los 25.000 y 40.000 pesos. Y esa cantidad de pesos equivalente en dólares al tipo de cambio oficial en Colombia pudo también haber representado un monto entre los de 8,4 y 13,4 dólares. No obstante, esta divisa igualmente pudo ser equivalente a 897.197,92125 o 1.435.516,7 bolívares. Es decir, una rentabilidad instantánea (un día a lo sumo) entre el 79% y casi 187,1% que se compartieron posiblemente los actores que intervinieron en este juego especulativo.

No obstante, ese lucro malsano e incluso para las economías que están interactuando se mantendrá hasta que el índice cambiario oficial entre pesos colombianos con respecto al bolívar cambie a su valor real. Es decir, si nos basamos en un supuesto simplificador (ceteris paribus) de fijar el tipo de cambio oficial adaptado a la realidad venezolana, por ejemplo los 13,4 dólares serían igual a los 670.000 bolívares, y ante esta situación no existiría el incentivo de pagar 90% de lucro por realizar transacciones de dinero en efectivo: se reduciría notablemente de 187,1% a 34,% en relación con los 500.000 bolívares“invertidos”.

Claro está que se requiere aplicar todo un programa de ajuste integral macroeconómico (con apoyo sostenido e irrenunciable a la dimensión social de los venezolanos) para neutralizar los efectos nocivos que recaen sobre la sociedad venezolana a consecuencia i) de la crisis decadente e involutiva; ii) de los tipos de cambio irreales; iii) del triángulo cambiario perverso de las “Bermudas”: bolívar-peso-dólar. Sin embargo, solo con lograr el escenario viable y factible de ajustar a la realidad el tipo de cambio oficial bolívar-dólar, se generaría un impacto favorable en el sistema de precios a escala nacional, revirtiendo los niveles de inflación y estancamiento de la actividad económica.

Finalmente, como complemento para contextualizar todo lo anteriormente descrito es pertinente recalcar que debido a intereses imperialistas de más cien años, Venezuela sigue ubicada en la categoría de país rentista con graves problemas estructurales, principalmente en lo que respecta a su carácter de ser monoproductor, monoexportador, consumista y de profundo arraigamiento en la economía de puerto (sobre todo en los últimos años).

Pero adicional a esta debilidad en las bases fundacionales que han impedido diversificar la producción y disponer de una moneda fuerte-“orgánica”, la situación se ha complicado aún más, esto ocasionado por la aplicación de políticas macroeconómica que aunque no dudamos que han tenido un espíritu noble de favorecer a los más vulnerables, presumiblemente no obedecen a un proceder sensato y pragmático en el sentido que la pobreza integral nos arropa a todos en general.

En concreto, la política cambiaria sustentada en un tipo de cambio oficial irreal que distorsiona la estructura de precios de toda la economía (que asimismo promueve la aparición de tipos “today”), aunado a la contradicción implícita de la política monetaria (al ser al mismo tiempo restrictiva y expansiva) ha provocado un conflicto insalvable con la política fiscal, en el sentido que la recaudación de los impuestos, el creciente gasto público y en particular los recurrentes aumentos salariales no han podido lograr el cometido de equilibrarse (por lo menos) de manera sistemática con la tasa acelerada de inflación, y por tanto lograr el ansiado reajuste de la demanda efectiva al transferir poder adquisitivo a los trabajadores decentes y llegar a acuerdos mínimos con el sector empresarial honesto.

Por ende, desde la visión de la crítica constructiva se pone en evidencia la posibilidad:

Que el modelo del socialismo del siglo XXI se ha descoordinado en relación con los lineamientos rectores del “Plan de la Patria”, al parecer por incumplir en esencia con postulados básicos de la propia teoría marxista, como en lo que refiere, por ejemplo, a depender del auge del sistema capitalista mundial (así incrementar los niveles de consumo de petróleo y la consecuente subida de su precio), o que el valor de la fuerza de trabajo no se compagina con el “trabajo socialmente necesario para producir un valor de uso cualquiera en las condiciones normales de producción vigentes”, lo que repercute negativamente para que la plusvalía generada haya sido “expropiada” por agentes ajenos al sistema productivo.

De tal manera que llámese guerra económica, economía de guerra o empléese cualquier epíteto para calificar la crisis por la cual atraviesa Venezuela, lo cierto del caso es que con la mayor y apetecible reserva mundial de petróleo, más de 30 millones de venezolanos nos encontramos naufragando en nuestro accionar multidimensional, debido a que perdimos la brújula para coordinar esfuerzos y voluntades que permitan optimizar los recursos disponibles (contrario a la práctica conflictiva y antieconómica instituida de malgastar, desperdiciar o despilfarrar todo tipo de factor económico incluido el tiempo, el espacio, el talento humanos, el patrimonio universal del conocimiento, los valores humanos, etc.) y encontrar un rumbo viable, factible y sustentable para demandar-ofrecer bienes y servicios eficaz, eficiente, oportuna y sustentablemente.

Por lo tanto, para lograr revertir dicho proceso decadente e involutivo son condiciones necesarias y suficientes:

1) Que se reivindique la vigencia y pertinencia del precepto económico “tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario”. Esto con el fin de responder efectiva y oportunamente a las interrogantes básicas del problema económico para el caso que nos ocupa: ¿qué producir?, ¿cómo producir?, ¿para quién producir?

2) Que se promueva un sistema homogéneo, coordinado y sensato, tanto de los precios de absolutamente todos los factores de producción (tierra, trabajo, capital e iniciativa empresarial), como del universo de los bienes y servicios generados (que incluye la relación cambiaria de la divisa nacional con las del resto del mundo).

3) Que con un sentido estrictamente económico y alto grado de confiabilidad, credibilidad, seguridad y certeza, continuamente informe a todos los agentes involucrados acerca de los precios remunerativos y lucrativos, de forma tal que se motive e incentive el esfuerzo laboral e intelectual y la inversión económica de capital.

4) Que se permita la actuación de los mecanismos naturales y transparentes de los mercados relacionados, excluyendo la abusiva injerencia centralizada y la excesiva burocracia gubernamental.

Por último a manera de reflexión: “El cielo es el límite para seguir evolucionando cada instante de nuestras vidas hacia la consolidación del amor eterno y verdadero. La esperanza se ha revitalizado en nuestras mentes y corazones. Salud y armonía son mis deseos”.

pmoral@unet.edu.ve