Opinión

Semana definitiva

En otras circunstancias se podría decir que estoy exagerando, pero no es así. Todo indica que estamos en la etapa final de la tragedia venezolana. El desenlace luce impredecible aún. Sin embargo, lo cierto es que la actual incertidumbre anuncia una confrontación terrible con las fuerzas del mal. Ni retroceden, ni rectifican, ni se arrepienten, ni asumen propósito de enmienda capaz de generar credibilidad en los factores democráticos nacionales e internacionales.

La expectativa vigilante se agota dando paso a la convicción de que la confrontación final es inevitable. De esto no saldremos “por la buenas”; es decir, no hay diálogo que con honestidad nos pueda conducir a la vida en libertad y democracia. Tampoco negociación que signifique un cambio de rumbo en la dirección correcta. A esta conclusión llegamos luego de escuchar y leer atentamente las intervenciones y escritos de los voceros protagónicos de la dictadura. Y la salida “por las malas” presenta distintas opciones que racional y corajudamente utilizadas podrían ser útiles para alcanzar el objetivo de cambio a que aspira cerca del 90% de la población. Pero esto no se improvisa.

Llegó el momento. Es la hora de poner a funcionar al máximo la cabeza; es decir, la inteligencia. El corazón del cual se deriva la contagiosa emoción de las grandes causas asumiendo integralmente todas las consecuencias que puedan derivarse en la lucha y después de ella. Lo cierto es que esto no puede ni debe continuar.

El plan político, social y económico del régimen está siendo ejecutado con una dosis ideologizada de ineficacia, corrupción y desvergüenza que proyecta ante el mundo una de la imágenes más triste y sombría de la historia contemporánea. Al menos en esta parte latinoamericana del planeta, no hay precedentes que se aproximen a la enorme tragedia de Venezuela.

Por grande que sea el esfuerzo por entender las últimas decisiones de la dictadura, no hay manera de hacerlo desprejuiciadamente. Tenemos que irnos a la Política, así a la Política con P mayúscula.

El proyecto castro-comunista, fracasado en todas partes del mundo, Cuba incluida, es un proyecto de dominación tiránica, en el que no hay espacio para la libertad y el respeto a los más elementales derechos humanos. Se pretende utilizar a nuestro país como último y definitivo instrumento para prolongar lo cubano en nuestro territorio y desde aquí retomar con más fuerza la estrategia de expansión continental. A lo largo de los años lo han intentado de diversas maneras. Han fracasado y de allí esta arremetida final.

El llamado es a toda la oposición democrática. Unidad en torno al objetivo de cambio y, por favor, dejar de lado pequeñeces, envidias, ambiciones personales o de grupo y entender que quienes no estén totalmente de acuerdo deben apartarse o serán apartados. Basta de molestias extemporáneas. Pa'lante con todo.

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@osalpaz