Opinión

Finalizó el año 2017 con saqueos generalizados en casi toda Venezuela. Esporádicos por ahora; pero con grandes perspectivas de que se convierta en un asunto regular y cotidiano. Cuando en 1989, con motivo del Caracazo, la consciencia social venezolana se sacudió e hizo estremecer al país entero jamás nos imaginamos que las escenas de los saqueos variopintos en comercios se pudieran convertir, con el devenir de los años, en una expectativa cierta de hambruna generalizada. En aquel entonces vimos con estupor a compatriotas llevando en sus hombros la mitad de una res beneficiada; con equipos de sonido y televisores de última generación. La conchupancia delictual que siempre mora en la mente de muchos humanos. La causa de aquellos acontecimientos –como es de todos conocido– comenzó por un aumento levísimo (si lo comparamos con todos los aumentos actuales) del precio de la gasolina.

Ahora no se trata de la gula pura y simple de aquel entonces. En la actualidad confrontamos una verídica sensación de hambre; producto de la evidente falta de comida, la escasez y por su alto precio. La necesidad de satisfacer una ingesta alimenticia cónsona con el desarrollo humano se encuentra seriamente comprometida. Los connacionales no necesitamos de las estadísticas de órganos especializados de la ONU, ni de las gráficas elocuentes de Biafra. Las vemos, in crescendo, día a día. Si le agregamos la falta de medicamentos y de insumos sanitarios podemos constatar también el surgimiento de una serie de endemias perniciosas (como las que alertaban los médicos sanitaristas de antaño) y letales para la salud. Si sumamos a todas estas desdichas también la falta de repuestos para todo tipo de maquinarias y de tecnología, además de la notoria escasez de gasolina, el panorama no puede ser peor.

Con este estado de cosas comenzamos 2018. El problema económico, social y político ha trascendido la esfera de la mera actitud académica para plantear las causas que la han ocasionado y las soluciones para solventarlas. El problema es complicado. Escapa a las áreas delimitadas por los economistas, sociólogos, políticos y demás profesionales competentes por la materia. El problema no es solamente técnico para ser abordado en determinados campos. Es un problema global que requiere el concurso de múltiples disciplinas competentes bajo la batuta de un verdadero “director de orquesta”. Por tal circunstancia –paradójicamente– es un problema muy sencillo. Para obtener la debida solución, solo se requiere un cambio de gobierno en lo inmediato.

Los venezolanos –en su más absoluta mayoría– estamos de acuerdo con la solución antes expresada. Pero también, así hay que recalcarlo, debemos obviar las naturales diferencias ideológicas y hasta personales que tenemos. Ningún partido político, ni algunas individualidades derivadas de ellos, cuentan por sí solo los requisitos necesarios para acometer debidamente la responsabilidad de encabezar esta especie de cruzada en que nos encontramos. Quien lleve la batuta, como director de orquesta, debe ser una persona que sea consciente de su responsabilidad histórica. No debe, ni puede pretender ser un factor decisivo único para retomar la conducción del Estado. Debe entender que su figura consistirá fundamentalmente en ser un armonizador; un aglutinador de voluntades capaz de reestablecer de manera concordante la debida justicia social, económica y política. Garantizando el equilibrio necesario de todos los disímiles factores que aspiramos la consolidación inmediata del nuevo gobierno.

Por tales razones, la estrategia debidamente reestructurada de la oposición –de manera global– ante los desafueros gubernamentales debe estar dirigida hacia tres aspectos fundamentales. En primer término establecer un plan de gobierno para hacerlo ejecutable una vez obtenido el cambio. Dentro de este plan es importantísimo delinear todas las medidas de carácter económico destinadas a resolver los problemas puntuales. Para ello se requiere la incorporación de un equipo de economistas y planificadores reacios a establecer como verdades absolutas y excluyentes las provenientes de escuelas establecidas; (marxistas de viejo cuño, derivados de los añejos Chicago Boys; hoy redimensionados y liberales de vieja estirpe etc.), es decir, de profesionales capaces y realistas que estén dispuestos en la primera etapa de reacomodo económico de la república a propiciar medidas consistentes, realistas y objetivas en las que se conjuguen todos los aspectos técnicos; con la justicia social como valor irrenunciable. El segundo aspecto se refiere a la consolidación plena del Poder Judicial para que se convierta en un garante efectivo de la aplicación de la ley sin ningún tipo de interpretaciones torticeras. Donde todos los venezolanos seamos iguales, sin privilegios de ninguna naturaleza. En tercer lugar, el de devolverle a la Fuerza Armada Nacional su exclusivo rol protagónico: “Constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la nación”. Es decir, devolverlos a sus cuarteles para hacerlos cónsonos al cabal cumplimiento de sus funciones específicas. 

Establecido el plan de gobierno de emergencia nacional que será aplicado –de Perogrullo– se hace necesaria la escogencia de la persona que habrá de dirigir el gobierno. Este debe ser producto, debidamente consensuado, por parte de los partidos políticos y de la sociedad civil organizada sin ningún tipo de preeminencia. En la actualidad no me parece oportuna la realización de una consulta electoral –primarias– para la debida escogencia del candidato. Luce inoportuna en virtud de que se partiría de una premisa falsa para la escogencia cabal del mismo. Estaríamos en manos del conglomerado máximo de cinco partidos que poseen una menguada capacidad organizativa. No es hora de ahondar las diferencias que existen entre ellos. Es hora de “Unidad”. Todos esos partidos han inducido a los venezolanos, reiteradamente, en la necesidad del diálogo y de la negociación política para resolver la crisis nacional. Entonces este diálogo y negociación política entre opositores es lo más recomendable en la hora actual. Instituido de manera puntual, como una especie de columna vertebral, en el Plan de Gobierno (con el requisito expreso del acatamiento del mismo). Lo lógico es la designación –luego de la aprobación del Plan de Gobierno– de la persona responsable para hacerlo viable (con cláusula de renuncia expresa a la reelección). ¡Qué mayor desprendimiento por parte de aquellos partidos y de algunas personas!

Comenzaremos 2018 con reiterados saqueos (ahora sí en busca de comida) que acelerarán aún más la descomposición social, económica y política de la Venezuela moribunda. A un ápice de convertirse en la expectante y necesaria acción renovadora propiciada –de idéntica manera– a la representada por el Ave Fénix mitológico.

¡Feliz año! En lo posible para todos los compatriotas y extranjeros habitantes de nuestro país. Que 2018 –al igual que en 1958– sea de un año en el que se consoliden las expectativas de cambio que todos anhelamos, con el espíritu unitario irrenunciable de aquellas gloriosas jornadas.

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