Opinión

Sanciones internacionales

El tema de las sanciones internacionales vuelve a agitar el panorama político nacional   desatando apasionados posicionamientos según quien sea el intérprete.

Existen sanciones multilaterales que son las que imponen las organizaciones internacionales (el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas lo ha hecho con Corea del Norte esta misma semana) y las hay unilaterales o individuales como las que Estados Unidos ha venido imponiendo a personas y gobiernos con los que tiene controversias. Quienes las imponen las justifican y quienes las sufren las califican con severidad. Lo cierto es que las sanciones han existido desde los albores de la historia y siempre han sido objeto de controversia. En nuestra propia Venezuela le quitan las bolsas CLAP a quienes no cumplen con los dictados oficialistas.

Para los que creen que las sanciones impuestas a personas afines al gobierno venezolano son el fin del mundo vale la pena recordar que en esta misma actualidad existen sanciones multilaterales impuestas a Corea del Norte, a Irán, Siria, etc. y también las hay unilaterales como las que Estados Unidos tiene en vigencia frente a Rusia, Cuba, etc. La discusión acerca de la legalidad es compleja y de carácter jurídico permitiendo en todos los casos interpretaciones encontradas. Lo que sí es evidente es que las sanciones internacionales causan dificultades a personas, gobiernos o países. En algunos casos –como Cuba, Corea del Norte, etc.– con un gran sacrificio para gobierno y pueblo que consiguen sobrevivir por largos períodos. En otros –como Rusia, Irán, etc.– los efectos se hacen sentir con bastante rapidez y generan cambios y rectificaciones que de otra manera no ocurrirían. También es evidente que el tema sancionatorio tiene muy diferente resultado según quien sea el que impone y el que sufre la sanción. No es lo mismo Estados Unidos embargando a Cuba que si fuera al revés. No es lo mismo excluir del circuito financiero a Siria o Yemen que hacerlo con Inglaterra, cuya city londinense concentra gran proporción de la actividad en la materia.

De lo anterior aterrizamos en el caso Venezuela que sin ser el epicentro mundial de la cuestión sí es el que hoy afecta a algunas individualidades señaladas por Washington y que eventualmente pudiera extenderse al gobierno, Pdvsa u otros ámbitos que producirían calamitosos resultados a la población en general. Por eso, el gobierno de Estados Unidos ha señalado reiteradamente que por el momento las sanciones se centran exclusivamente en limitar el ingreso a su país a esas personas, a congelar sus bienes y prohibirles hacer negocios. Hasta el momento se ha dejado por fuera limitar los ámbitos que pudieran afectar al colectivo venezolano como tal pero… por lo que se viene viendo y diciendo no sería de extrañar que en un futuro se anuncien sanciones que puedan causar efectos económicos generales a toda la población justo en este momento cuando menos precisamos sufrimientos adicionales.

Teniendo en cuenta que Venezuela solo genera divisas a través de la exportación de productos petroleros es evidente que limitar ese mercado es la vía de preferencia para causarnos inconvenientes. Para que ello ocurra ni siquiera hace falta una sanción gubernamental, solo basta que las empresas que importan el petróleo venezolano tomen la decisión comercial de reducir o terminar esa práctica como en efecto ya lo están considerando quienes perciben la continua disminución de la producción de Pdvsa y la inseguridad del suministro a futuro. Esas empresas ya están haciendo averiguaciones para sustituir el producto venezolano por otros orígenes, para lo cual requieren reformar sus refinerías actuales preparadas para recibir crudos pesados. Hasta Citgo ya lleva tiempo ampliando sus fuentes de suministro, de tal manera que entendemos (sin estar seguros) que el petróleo venezolano ya no es el que más refinan. Para todo lo anterior no se precisa ni que Trump abra la boca ni hay discusión posible acerca de la legalidad de tales posibles decisiones por cuanto son privadas.

La otra posibilidad es que el gobierno estadounidense dicte alguna medida prohibiendo el ingreso de petróleo venezolano o exportaciones con destino a Venezuela. Ya lo hicieron antes con Irán. Tal acción no parece probable a la luz del argumento anterior, pero sí hay que estar prevenido que –mal que nos pese– forma parte de las atribuciones de un país soberano. Igual que como hizo Chávez con Colombia años atrás y lo hace Maduro cada vez que le da la gana de cerrar la frontera.

Antes de concluir estas líneas es menester tener claro que el régimen chavista-madurista ya ha sido objeto de otras sanciones. Hace hoy una semana fuimos expulsados del Mercosur lo cual no tiene un significado económico digno de mención, pero sí constituye una sanción internacional multilateral y legal aplicada por un organismo de integración. Medidas parecidas de restricción comercial y/o política pueden repetirse por parte de la Unión Europea, la OEA, etc. De concretarse estas posibles amenazas el sufrimiento de nuestro pueblo se incrementaría a niveles intolerables que seguramente no tardarían en convertirse en explosión social no ya para exigir democracia, legalidad y división de poderes sino las necesidades más básicas para la supervivencia.