Opinión

La revolución permanente

A principios de marzo de 2017, se vieron las caras unos personajes que han causado la ruina de Venezuela, lo llaman el alto mando político de la revolución. Maduro expuso en esa reunión que la “revolución tiene que ser permanente”; lo cual es una referencia directa al comunismo.

León Trotsky, escribió el libro La Revolución Permanente, en el que hace un ataque a la burguesía y la acusa de su imposibilidad histórica de llevar a cabo el cambio revolucionario (olvídese, no me leí el libro completo, es intraficable en sus cien páginas). Pero lo dice el libro al comienzo, a la pregunta: ¿Cuál había de ser el contenido social de dicha dictadura? En primer lugar, implantaría en términos radicales la revolución agraria y la transformación democrática del Estado. En otras palabras, la dictadura del proletariado se convertiría en el instrumento para la realización de los fines de una revolución burguesa históricamente retrasada. Pero las cosas no podían quedar aquí. Al llegar al poder, el –proletariado veríase obligado a hacer cortes cada vez más profundos en el derecho de propiedad privada, abrazando con ello las reivindicaciones de carácter socialista.

Según Trotsky, la dirección política de la revolución debe llevar a un estado de transformación permanente por medio de la dictadura del proletariado, que debe ser organizado por el Partido Comunista, y que en nuestro país será otro partido Comunista, no el fundado en 1931; partido que se unió a Chávez para espoliar al país y dejarlo en la ruina, y que ahora desaparece por su mala fama.

Ese partido minoritario que llaman PSUV trata de ser el sustento del gobierno sin tener el debido compromiso revolucionario, por eso es que Maduro se apoya en sus ministros para tratar de llevar el mensaje y las políticas de la revolución. Lo extraño es que ni el PSUV ni el Partido Comunista ni los ministros han levantado su voz para denunciar que los venezolanos están comiendo la basura de la calle, que no tienen medicinas y que la inflación generada por el gobierno impide comprar lo indispensable. Todos son cómplices de esta tragedia.

El mencionado alto mando político de la revolución está conformado por Aristóbulo Istúriz, un político que le ofreció al pueblo del estado Anzoátegui que lo iba a gobernar para convertirlo en una potencia mundial, y que fue castigado en las elecciones en 2015 a la Asamblea Nacional, perdiendo 8 de los 10 diputados posibles. Luego de ese fracaso en las elecciones parlamentarias el 6 de enero de 2016, abandona al pueblo de Anzoátegui –el cual se alegró mucho de que lo sacaran de la gobernación- cuando lo designa Maduro para el cargo de vicepresidente de la República, y un año después lo degradan al cargo de Ministro del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales.

Otro miembro de ese súper equipo que nos llevara a la dictadura del proletariado es el actual vicepresidente, Tareck El Aissami, ex gobernador del estado Aragua, que ofreció en su campaña asumir el problema de la inseguridad. También fue castigado en las elecciones de 2015 a la Asamblea Nacional, perdiendo 8 de los 9 diputados posibles; quien abandona al pueblo de Aragua para convertirse en vicepresidente de la República el 4 de enero de 2017. La prensa y el gobierno de los Estados Unidos lo vienen acusando de facilitar el traslado de narcóticos a ese país y que es socio del empresario Samark José López Bello, quien dicen que es su testaferro y el encargado de traer los productos de las bolsas Clap.

Conforma el súper equipo el ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores y Justicia, el Mayor General de la Guardia Nacional Néstor Luis Reverol Torres, acusado por el gobierno de los Estados Unidos de recibir pagos de traficantes de drogas por ayudarles a distribuir cocaína que sería enviada a Estados Unidos.

Para finalizar, tenemos a Ricardo Antonio Molina Peñaloza, quien abandonó la diputación que obtuvo en el estado Aragua, por lo que presumo que es amigo de Tareck, cuando lo designaron en agosto de 2016, ministro de Obras Públicas y Transporte. A este personaje le debemos la escasez de agua por no haber hecho un buen trabajo como ex presidente de Hidroven; y que ahora se la pasa amenazando con hambre a todo el que apoye a los opositores al gobierno.

Con estos bates quebrados es que Maduro piensa imponernos el comunismo, menos mal que están entretenidos con otras cosas, porque ya estaríamos viviendo en el socialismo si fueran eficientes, y no en la desgracia en las que nos tiene el gobierno.

De todas maneras, hay otro equipo de revolucionarios trabajando en un "plan reformista" contra este Gobierno y contra el socialismo del siglo XXI, como amablemente nos lo informó el Presidente; así que hay esperanza.