Opinión

¿Quién es el loco?

Recientemente el diputado Pedro Carreño tildó a la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, de padecer “insania mental”, acusación con la que intenta descalificar las actuaciones de quien ha estado al frente del Ministerio Público por muchos años y que actualmente procura restablecer el hilo constitucional extraviado en Venezuela. 

Pero, ¿qué es la insania mental y cuáles son las consecuencias de este padecimiento en un funcionario que encabeza un poder del Estado? La insania mental se conoce como  la incapacidad mental o de discernimiento padecida por una  persona, lo que la incapacita para dirigir su propia vida o administrar sus bienes; la insania mental merma las capacidades de las personas en lo atinente a su coherencia y regular manejo de sus actividades vitales y cotidianas. Legalmente, a quien sufre de esta incapacidad o minusvalía intelectual se le prohíben ciertos actos de la vida civil y pública, por ejemplo, no puede vender sus bienes sin la asistencia de un tutor asignado por un juez. Así, en los demás ámbitos de la vida ciudadana, quien no es capaz de llevar a cabo su normal proceder por insania mental es relevado de sus responsabilidades jurídicas para ser asistido por considerar que atentaría en contra de sus propios intereses y seguridad.

Ahora, ¿cuál es el insano mental en Venezuela? ¿La fiscal general, que ha llamado la atención frente a un proceso constituyente fraudulento que viola un principio tan importante como la consulta debida al pueblo para su convocatoria y que ha presentado reiteradamente recursos jurídicos para la restitución del hilo constitucional? 

Ortega Díaz ha tenido un rayo de cordura ante la más disparatada crisis venezolana y por eso es acusada de insania mental, mientras Venezuela se encuentra con los peores índices en cuanto a bienestar social se refiere. La miseria ha entrado en los hogares sin ser invitada, cada día la pobreza se refleja en los estómagos y en las caras desesperanzadas del pueblo, al mismo tiempo que los funcionarios desconocen la crisis humanitaria y los decesos de niños y ancianos por faltas de medicinas y alimentos.

Desconocer la crisis de alimentos, medicinas, de servicios públicos, inseguridad, corrupción, de gobernabilidad y falta de oportunidades no solo es un síntoma de insania mental, sino de mitomanía y hasta de cleptomanía. Prueba de ello son aquellos que hablan con pajaritos, vacas y hasta los paranoicos que aseguran que los espían a través de una cablera de televisión, esos mismos que critican al imperio y les gusta lucir sus costosas marcas. Insania es mantener relaciones con pranes asesinos y hasta retratarse con ellos; es querer salirse de organismos internacionales como si fueran grupos de redes sociales; es decir, gobernar para el pueblo y desconocer las necesidades que este padece a diario.

Por eso es oportuno señalarles a los acusadores que un país crece, avanza y progresa gracias a las políticas acertadas de un gobierno, el cual traza como objetivo crear bienestar social de calidad. Y a juzgar por la locura que vive nuestro país, parecen más insanos mentales quienes nos han llevado a esta hecatombe social, económica, política y moral.

Finalmente, quienes padecen de insania mental pretenden inducir al pueblo a una constituyente de forma fraudulenta sin consultar al pueblo, tema de especial trascendencia nacional, violando la carta magna mediante la complicidad del Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia, que actúan no solo por insania sino por conspiración contra la forma republicana y usurpación de la soberanía popular, retrotrayendo los derechos políticos que son y deben ser progresivos.

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