Opinión

¿Quién dijo miedo?

Amas de casa, trabajadoras, trabajadores, profesionales universitarios y universitarias, párrocos, obispos, militares con altos cargos y oportunidades, generales, almirantes, mayores, capitanes, tenientes, sargentos, soldados, viejos y gordos milicianos que viven en un mundo de fanatismo y delirios, choferes, médicos, abogados, enfermeros y enfermeras, usted y su familia, ciudadanía en general. El país siente desasosiego. No por lo que nos hagan, lamentablemente tampoco por lo que no hemos hecho. Un miedo más desconcertante y abrumador.

Todos sentimos miedo de saber que esto no da para más ni el gobierno da pie con bola, que los yanquis laten echados y con paciencia, pero no ciegos ni sordos, observan en perspectiva y saben que al seboso y siempre mentecato sonriente de Corea del Norte cuyo mensaje de Año Nuevo fue que tenía un botón nuclear en su escritorio, lo controlarán los chinos –tienen demasiados negocios y dólares que perder si al irresponsable de Kim Jong-un le da por volverse todavía más loco. Saben también los americanos que, en cualquier caso, la Séptima Flota y Corea del Sur tienen sobrada capacidad para acabar el asunto como posiblemente finalice, con unos bombazos y militares norcoreanos colgando al nietísimo.

Y por estos lares, el más peligroso, el octogenario hermano menor, ya babea de viejo y se prepara para un corto pero cómodo retiro, y no se engañen, es lo que está negociando dentro y desde su cárcel isleña con el cercano Washington, corazón y mente del imperialismo al cual el oficialismo echa la culpa de todo. Venezuela, Maduro y el madurismo son parte de los elementos de negociación del anciano castrismo, y eso a unos cuantos delincuentes gubernamentales bolichicos y testaferros poseedores de cuentas bancarias y fortunas mal habidas producto del bandidaje, hoy analizadas, conocidas y extremadamente vigiladas, les mete miedo y causa sobresalto en sus bolsillos, chequeras y esperanzas. A veces una interrogante perturba el pensamiento: ¿hasta cuándo y cuánto deberá profundizarse la crisis para que adulantes y mediocres se den cuenta de la desdicha y maldición que significa esta ignominia? También produce angustia, turbación y tormento.

Cualquiera sabe que mientras el cuerpo aguante da para mucho, pero están al corriente de que este criollo ya da para muy poco, ni siquiera petróleo suficiente para hacerse oír. Hay miedo porque nada funciona. Maduro, cómplices y cooperantes no tienen dólares y mucho menos ideas. La crisis está ocurriendo, transcurrieron varias etapas y hoy, de catastrófica, pasó a inimaginable. El infortunio, consternación, miseria, pobreza y destrucción ha llegado a un punto inadmisible, impensable, nadie pudo ni siquiera en su peor pesadilla soñarlo, imaginarlo. Pero sucedió y esa es la realidad que da miedo, que estremece y espanta.

Entonces ¿qué es lo que se conversará en Santo Domingo? Quienes han estado claros y conscientes en su complicidad para hacer una realidad la patética Venezuela que hoy padecemos, ¿de qué conversan? No todo será pajita loca, pero tampoco un nuevo presidente esta vez de la oposición/MUD, aunque unos cuantos lo sueñen mientras del chavismo que ahora niegan enérgicos ser maduristas se asoman a sí mismos como sucesores. “Cuando manejé Pdvsa producíamos tres millones y medio de barriles, sin mí, cayeron a menos de 2 millones”, deja saber Rafael Ramírez, recordando de paso que siempre fue hombre de Pdvsa, ingeniero, gerente eficiente (esto último no lo dice taxativamente, pero lo deja presumir) y chavista leal. O sea, relevo deseable para que pueda irse Maduro y el país regrese a la prosperidad revolucionaria, y esa remota posibilidad más que miedo produce terror.

Lo que están conversando en República Dominicana –deslegitimados y sin partidos políticos legalizados– aparentando público, pero en secreto, agazapados temerosos con la conciencia de infractores, es cómo van a sobrevivir ellos, los que dirigen y manejan las dos cúpulas, la que se dice opositora con su cinismo descarado sin rubor ni pudor y la que se afirma chavista, encabezada por un capitán presentador y un iletrado que se considera merecedor de prórroga por sus aportes patrios. Solo especular semejante chifladura demencial, causa un escalofrío gélido que irrumpe el espinado con ataques de pánico.

Algunos quizás sigan cultivando sueños egóticos de que representan a alguien, aunque en verdad nadie cree en ellos, cambiaron el respeto, fe y legitimidad por “espacios” que no lograron, sino que perdieron, e ineptos ocuparon constituyentísticamente, sin electricidad, agua, reparaciones de calles, policías más o menos confiables, presupuestos suficientes para algo más que no sea pagar nóminas con retraso. Se burlaron de los ciudadanos –aquel inolvidable 16J–, violaron principios éticos y morales, traicionaron sin decoro ni arrepentimientos las buenas costumbres, pero “conservaron” arbitraria e indebida la representación ciudadana que utilizan en beneficio propio.

Todo eso genera el miedo, sospecha, antipatía, desconfianza a la oscuridad que ya tenemos encima, sino la todavía peor, la negrura opaca y tenebrosa de una dirigencia/MUD que no resuelve para un país que sienten propio pero que no tienen, se lo dejaron quitar entre temblores, temores y complacencias, ebrios de amor profundo por la valoración excesiva de sí mismos; egos que impiden reconocer que se han equivocado una vez más, de nuevo. Solo dialogan de sus propias opciones y conveniencias cupulares, cómo seguir montados en sus cargos sin que los despojen de sus despachos, choferes, guardaespaldas, privilegios y fuentes de recursos.

Por eso, ellos también tienen miedo, horror al castigo judicial y pavor al repudio popular.