Opinión

Lo que los americanos siempre han sabido

En un comentario de alguien, María Corina Machado es como el invierno norteño, frío el ambiente, fuego en el corazón, siempre con la esperanza de que llegará la primavera. Eso, mientras otros son como una primavera llena de flores que no alimentan, aunque huele bien -similar a ciertos venenos- con un futuro atiborrado de calores aplastantes, lluvias que ahogan y fríos largos e intensos.

En estos días se reunió el embajador del interino presidente con los circunspectos, no siempre bien enterados, funcionarios del Departamento de Estado y el Pentágono en Washington DC. No parece que haya pasado mucho más allá de cordializar alrededor de planes, que a los militares les encanta justificar en tiempos de paz. Ser militar es prepararse en la concordia de la guerra anhelada, diseñar, tomar medidas en una armonía teórica mientras gastan montañas de dinero en conflagraciones que, en su mayoría, son por o para meter narices donde no deben introducirse -pregúntenle a los viejos fidelistas en Cuba por las ofensivas castristas intentadas, y a los historiadores estadounidenses por las beligerancias de ese país al menos desde 1945.  

La guerra en Venezuela costará ganarla tanto como le está costando al castromadurismo sostenerse aferrado al poder. Mientras el usurpador arenga a soldados previa salida del sol, madrugada tras madrugada, Diosdado con el mazo dando elimina inmunidades, arresta diputados, convoca colectivos, al mismo tiempo, alguna dirigencia opositora mantiene su estilo de puja, evacúa, vuelve a pujar explicando, aunque la caca no es hedionda no era lo buscado.

Viajaron más allá de más nunca a unas conversaciones inventadas por noruegos que no reconocen a Guaidó como presidente, mientras extraen petróleo con la cara hacia el Ártico, trasero al resto del mundo y chequera en Europa. Al mismo tiempo, castristas de uña en el rabo, confianza estremecida anduvieron por esos lugares nórdicos ¿coincidencia? para unas pláticas que no existieron, en un encuentro que no se produjo, pero que según el usurpador trajo “buenas noticias”.

El régimen madurista bajo ningún concepto aceptaría a Estados Unidos como mediador en una reunión con la oposición, sin embargo, adversarios opositores consideran a Cuba como posible intermediaria, siendo el castrismo origen del problema.

No es nada nuevo, es el estilo venezolano, despreció a Bolívar, tuvo que ser lanceado por Boves, fusilado con Piar, siguió a Páez metiéndose hasta el cuello, sin pensar, en ríos saturados de pirañas, dejó desconcertados a disciplinados españoles que venían de derrotar a Napoleón, en los campos criollos no sabían qué esperar ni qué hacer, como Zapateros uniformados cobrando por matar mientras morían ellos.

Es la manera venezolana, aplaudió al Ilustre Americano, ponderó al Benemérito mientras duraron jefeando, para después saquear sus casas; se deslumbraron con Pérez Jiménez para luego enamorarse de Larrazábal; el mismo pueblo solo comprendido en profundidad por Rómulo Betancourt; la Venezuela del aristócrata caraqueño,que abandonó su cultura, y miró con buenos ojos la barbarie de Doña Bárbara y a una bonita pero iletrada Marisela que probablemente ni siquiera se bañaba, en su rancho había aguardiente del padre fracasado, alcohólico, pero no baño. La Venezuela rica en petróleo y derrochadora se dejó acostumbrar por un gobierno que se encarga, para luego encontrarse arruinada, trabada por un régimen que todo lo hace, pero mal y peor. Los venezolanos no saben qué ni cómo hacerlo, reclaman ayuda y protección, están indefensos.

La Venezuela que también aprecia y respeta a María Corina, por ser líder estadista, con la misma empecinada constancia dice la verdad no importa a quién le duela, pero también escucha con atención y entusiasmo a un joven presidente.

Los venezolanos salen a la calle con hermosas consignas, algunas incluso ingeniosas, frases contundentes, con gritos de emoción y esperanza de un mejor futuro, para después regresar a sus casas en carro, Metro o a pie, sin negar heroísmos tanto como repeticiones inútiles. ¿Cómo evitar preguntarse dónde estaríamos ahora si la cabeza del interinato fuera María Corina? Lo seguro es que politiqueros y algunos celosos dirigentes partidistas estarían infartados, en terapia intensiva, porque ella no es “caudillo de sargentos” sino guía, líder confiable, auténtica, su coherencia le ha ganado respeto y admiración. Con un detalle interesante, los estadounidenses están al corriente.

@ArmandoMartini