Opinión

Putin eterno

Karl Krispin

La opinión de @kkrispin

Vladimir Vladimirovich Putin tiene casi 20 años en el poder, unas veces como primer ministro y las otras como presidente. Da lo mismo: el poder lo encarna y lo representa él, independientemente de que juegue a la silla con Medvedev e intercambien oficinas. A los rusos les gusta la permanencia especialmente en la diplomacia: Andrei Gromyko estuvo 28 años como ministro del Exterior y el embajador soviético Anatoli Dobrinin permaneció 25 años acreditado en Washington. Nunca he sido invitado a una recepción en la Embajada de Rusia. Debo presumir que danzan las bandejas de caviar sevruga, beluga y kaluga, rociadas de vodka y alzadas por viejos camaradas que seguramente serán los eternos camareros de la representación diplomática. Si los jerarcas no ceden sus puestos, ¿por qué habrán de hacerlo los criados?

El único secretario general del PCUS que no murió en sus habitaciones del Kremlin fue Jrushev y por la factura de los misiles. Tampoco al padrecito Stalin le gustaba ver caras repetidas a su alrededor. Desconfiaba de todos menos del policía Beria y los despachaba con prontitud al patíbulo o a Siberia. Hasta su esposa amaneció muerta un día luego de un reclamo.

Putin ha anunciado que se presentará a las elecciones y será elegido presidente. De hecho en Rusia hay una ficción de democracia y así como entre nosotros hay jerarcas que amenazan con que no habrá elecciones si no se levantan las sanciones económicas, en la Federación Rusa Putin amenaza con que siempre las habrá. ¿Qué puede hacer si siempre arrasa? Así es la popularidad dictatorial.

Al contrario, Turquía mantenía cierto equilibrio institucional, pero desde la malhadada llegada del sultán Erdogan todo devino en una autocracia. El problema es que algunas democracias latinoamericanas comienzan a corromperse, decretando la permanencia de sus titanes aun frente a la opinión adversa de su electorado. El caso de Honduras es inaceptable y el de Evo grotesco. El del altiplano dice deberse a la Pachamama y a un pueblo que se inventa. Sin mencionar la reelección indefinida de los cargos de votación popular en nuestro país. Hay que hacer como los mexicanos y su Constitución de 1917: prohibir la reelección absolutamente. No obstante, algunos en ese país hablan de revisar la carta magna. ¿Los presidentes no querrán postular a sus tapados?

Quien manda indefinidamente carece de criterio para calificar sus actos. El poder es tan perturbador como cegador. Por eso ministros y presidentes no hablan, monologan. Las democracias atrapadas en la historia, parafraseando a Fukuyama, carecen de estadistas y cada día tuercen más el camino. Por ahora, Putin y sus hijos llevan las de ganar.