Opinión

No se puede aceptar el engaño

Rafael Rodríguez Mudarra

La opinión de

Leer la noticia radiodifundida e impresa, mediante foto de exclusividad, con postura de expresión tranquila y plácida de gozo y satisfacción, que a despliegue de columna exhibida en la portada del diario oficial Correo del Orinoco, donde el presidente Nicolás Maduro mantuvo una reunión considerada de trabajo con el itinerante viajero español José Luis Rodríguez Zapatero, personaje encumbrado del proceso de mediación que sin reproche de conducción ha venido coordinando entrevistas entre el sector opositor y el gobierno.

La realizada en palacio contó con la presencia de Delcy Rodríguez, presidente de la entredicha ANC; de su hermano Jorge Rodríguez, alcalde del estercolero Capital, y de Cilia Flores, mediante la cual sin adelanto de los temas tratados, por omisión de divulgación de los medios de comunicación oficiales, únicos invitados, no dejó de conocerse que hubo examen único sobre el asunto relacionado con el “diálogo”, con disposición para hacer realidad la palabra del sector gubernamental empeñada en lograr la paz y la convivencia. No escapó del conocimiento del sector adverso al régimen que el susodicho Rodríguez Zapatero, como previo a su visita de información al presidente, hubo de reunirse como en otras oportunidades con destacados y selectos líderes de la Mesa de la Unidad Democrática, lo que conlleva al impaciente pueblo de Venezuela a presenciar la repetición de una película, que en primera exhibición hubo de suspenderse por insolvencia de taquilla.

Aumenta también la curiosidad indagatoria que a la par de tan intima reunión, coincidente con el informe de las Naciones Unidas, donde el alto comisionado para los derechos humanos, con fuerza verosímil, denuncia “ejecuciones extrajudiciales por parte de los cuerpos de seguridad y varios casos de desapariciones forzadas durante las protestas  antigubernamentales en Venezuela y el empleo de armas”, lo cual hace a las fuerzas de seguridad del gobierno responsables de la muerte de 27 manifestantes ocurridas entre el 1° de abril y el 31 de junio, periodo en el que murieron 124 personas, que el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, abogado Maikel Moreno, se ponga a disposición de la ANC “para dar con los responsables de traición a la patria, todo con atención a las denuncias de delitos de traición a la patria denunciados por el vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello.

El presidente del TSJ, pese al cuestionamiento de inconstitucionalidad que se le hace en la región y en el resto del mundo a la constituyente espuria, se subordina al Poder Ejecutivo reconociéndole a la constituyente, cuya nulidad ha sido exigida, el carácter supranacional y de poder originario que le permita dar con los responsables de los delitos de traición a la patria, para castigar a los responsables de macabras gestiones, por bloquear  económicamente al venezolano por falta de alimentos y medicinas “y otras calamidades constitutivas de una realidad, la cual no puede ser olvidada por poseer esta mayor antigüedad que las sanciones de suspensión del “fiado” que le ha decretado a Venezuela el presidente gringo; es decir, se consolida todo un “rollo” sin ninguna otra intención que la de lograr en el gobierno continuidad de persistencia mediante la ficción de un diálogo, que por ser de “engaño” ocasiona unánime rechazo.

Zapatero, como en otras oportunidades, viene al país con la anuencia de Maduro, con supuesta ignorancia de sus propósitos por parte de los sectores que han cerrado filas en función de un cambio para la restitución de las instituciones, entendiéndose que su inesperada visita no es otra que la misma comedia dirigida por actores del oficialismo, para tratar de darle resultado de acuerdo y permanencia a todos los desmanes constitucionales  que han venido sucediendo, entre los que sobresalen con impúdica intención el  desconocimiento  autonómico de la Asamblea Nacional, así como la legalidad de una ANC con repudio mundial, mediante la cual se destituye y nombra a cualquier autoridad del Estado, al extremo de seleccionar a los que puedan participar en el proceso para la elección de gobernadores, pedirle credenciales de buena conducta; así como para dar crédito a un órgano de dudosa constitucionalidad, el cual ha usurpado sin cualidad alguna las atribuciones del Estado de Derecho; situación no ausente del conocimiento de Zapatero, al tenerse por entendido, dada su inveterada observancia, que la presencia del ilustre componedor de conflictos en Venezuela ha carecido de buenos presagios. ¿Qué hacer?