Opinión

¿Prevaleceremos ante la intolerancia?

Nelson Chitty La Roche

La opinión de

“La verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir”. Don Quijote de La Mancha, parte I, cap. IX).

Al momento de escribir estas notas, se desarrolla un combate de calle entre la tiranía y los que la resisten. Lo que declaran unos es que la libertad y la soberanía fueron conculcadas, y los policías y guardias nacionales dicen actuar para restablecer el orden. Entretanto, los paramilitares que se autodenominan colectivos traen su poder de fuego autónomo e impune al escenario. La barbarie y el civilismo miden fuerzas. ¡Ojalá no derive esto en una confrontación civil a mayor escala!

La racionalidad de acuerdo con el diccionario es: “Actitud del que actúa de acuerdo con la razón y no se deja llevar por sus impulsos y, agrega, la única vía de entendimiento tiene que estar basada en la racionalidad”. Cabe preguntar si no es, para los que gobiernan a Venezuela, evidente, lamentable y patente que, la revolución chavista se salda con la cuenta de todos los fracasos. En la emoción o en la subjetividad podrían discutirlo, pero, a la luz de cada uno de las variables económicas, sociales, políticas, institucionales susceptibles de consideración científica y de apreciación racional, objetiva, sobria no hay dudas al respecto. Los regímenes ideologizados, y Venezuela es uno de ellos, desconocen paladinamente la verdad y pretenden imponer una versión oficial sesgada y tergiversada para sustituirla. Son poderes salvajes. Octavio Paz en una ocasión precisó por cierto que, “la ceguera biológica impide ver, pero la ceguera ideológica impide pensar…”.

¿Cómo negar que Venezuela es un Estado fallido incapaz de asegurar con mediana eficacia las competencias propias de todas las potencias públicas? Hambre, mengua, sed, inseguridad, desesperanza, desnutrición, ignorancia, carencias diversas ubican a los compatriotas en un plano de vulnerabilidad comparable con los escenarios más álgidos del mundo, pero quieren permanecer en el poder a cualquier costo y así retrotraen al país al atraso de hace décadas, sin responsabilidad alguna. La tiranía es un deletéreo actor cínico e intolerante.

El pueblo venezolano ha sido siempre un país abierto proclive a la empatía y a la tolerancia. Recibimos aquí, y los incorporamos, emigrantes de Europa y de Suramérica no por cientos de miles, sino por millones y jamás se les discriminó por ninguna razón. Nuestra historia nos coloca recorriendo el continente para liberar y ofrecer independencia. Hoy nuestra gente más humilde es atacada y victimada solo por su gentilicio. Las noticias sobre venezolanos en Ecuador, cuyos contingentes de emigrantes venidos a Venezuela sumaron miles, son objeto de razias por incidentes que suceden y que lamentamos pero que no pueden justificar los hechos recientes de linchamientos de inocentes. Acá jamás se les dio ese trato y sobraron situaciones que pudieron haberlos motivado. La intolerancia convoca el rencor y mucho más. La xenofobia es un fenómeno que cometió infinidad de crímenes, algunos de los cuales destruyeron prácticamente, más que pueblos, civilizaciones enteras. De eso saben turcos, rusos, alemanes, armenios, afganos, pero otros en África no se quedan atrás y lo acontecido en Ruanda, Burundi, Congo y Sudán es una prueba palpable.

Luego de las guerras mundiales se pensó que habíamos superado esa deletérea tendencia que la humanidad exhibe y que la transporta periódicamente a acometer con saña y maldad contra congéneres que entiende distintos y por ello los asumen como seres aborrecibles. El xenófobo es un racista que no está claro sobre sus razones, pero es tan criminal como aquellos que perpetraron en nombre del origen, raza, cultura, religión, matanzas y dieron lugar al Holocausto, la obra maestra de la vergüenza humana de todos los tiempos.

Lo que aflige a Europa, y es bandera de los enemigos del humanismo, es el afán para distinguirse y, al hacerlo, menosprecian a los demás, y los inmigrantes son el mejor ejemplo de ello. Mismo sonido de campana se observa en el Medio Oriente y, peor aún, se advierte que no basta creer en el mismo Dios ni beber en la misma fuente del Corán para aceptar a los otros creyentes y, por el contrario, no solamente no los aceptan si son chiitas o sunitas respectivamente, sino que los asumen no como adversarios sino como enemigos irreconciliables. Ni hablar de otros que se atreven a buscar otro camino para llegarle a Dios, son perseguidos y sometidos a tratamientos inhumanos. Lo mismo pasa, mutatis mutandis, en Pakistán y la India igualmente.

No me referiré a la disputa entre israelíes y palestinos que compromete a menudo el elemental respeto a la dignidad humana, fraguando un odio hereditario que no se mitiga sino se incrementa con el tiempo. No hay manera de justificar los excesos que se imputan ambos lados, pero que dificultan el proceso de consolidación del Estado de Israel que intenta el reconocimiento universal desde su fundación sin acabar de conseguirlo.

Vuelve mi espíritu a evocar la racionalidad y, al hacerlo, interroga a los que se mantienen en el poder en Venezuela sin mérito alguno para ello. La única intolerancia que puede ser violenta incluso y soporta nuestra comprensión es la tiranía. ¡Váyanse los que deban hacerlo y permitan a los demás, antes de que la violencia los mueva, asegurarse un destino digno!

nchittylaroche@hotmail.com