Opinión

El presidente duerme como un bebé

Rafael Rattia

Apenas faltando unas pocas horas para que partiera el año, en el kilómetro 0 de la carretera de El Junquito, un grupo de vecinos esperaban ansiosos para optar a un pernil cuando un grupo de guardias nacionales bolivarianos llegaron al lugar, dicen los lugareños que hacían colas, en evidente estado de embriaguez, disparando a diestra y siniestra; uno de los efectivos disparó a la cabeza de una mujer de 18 años que tenía cinco meses de embarazo. Como pudieron la auxiliaron dada la urgencia del caso y la trasladaron a un centro de atención médica. Fue inútil. Otro de los proyectiles que salió de la boca de los fusiles de los GNB se alojó en un glúteo de un familiar de la víctima que, por fortuna, corrió con mejor suerte y logró salvar su vida. Vi el video por la red social Twitter donde el esposo de la mujer asesinada poseído por un perturbado y calamitoso estado de nerviosismo pedía que le entregaran al guardia para “comérselo vivo”, palabras más palabras menos. El presidente hablaba en cadena nacional y anunciaba el séptimo aumento al salario mínimo en lo iba de año 2017. En la noche de ese día, lo ha confesado en no pocas ocasiones, dormiría como un bebé.

¿Cuántos venezolanos murieron ese y los siguientes días a manos del hampa? El presidente, impertérritamente, duerme como un bebé. El 1 de enero, en Puerto Ordaz, unos malhechores le dispararon en el pecho a un médico anestesiólogo de 45 años edad para robarle la camioneta al tiempo que a su esposa le dispararon un balazo en la mandíbula; pese a que trasladaron de urgencia al galeno a una clínica fue imposible salvarle la vida. El presidente ese día durmió como un bebé. En Maturín, durante el mes de noviembre hubo varias decenas de muertos por armas de fuego, cifras oficiales afirman que durante todo el año 2017 en toda la entidad el número de asesinatos superó los 400 homicidios. El presidente durmió plácidamente como un bebé.

¿Cuántos niños se acuestan en Venezuela sin poder tomarse tan siquiera su tetero porque un kilo de leche en polvo cuesta casi dos salarios mínimos? El presidente, no obstante saber esa trágica realidad, logra conciliar su sueño como un bebé y sin la ayuda de Morfeo.

El dólar, la única moneda que realmente importa para la realización de las transacciones financieras a los efectos de compra-venta de bienes y servicios supera con creces la barrera de los 110.000 bolívares por dólar porque en estricto rigor, nadie quiere en su sano juicio comprar/vender bienes en yuanes, rupias, rublos o petros. Las razones, en plural, sobran y no es menester enumerarlas. Pese a ello el presidente duerme como un bebé su sueño imperturbable. A diario caen los pedazos de guijarros de la casa que una vez fue un país, todo lo sólido se derrumba ante los ojos estupefactos de quienes aún persisten en quedarse y vencen la diaria tentación de marcharse a otros horizontes en busca de una mejor calidad de vida, mejores condiciones para la salud o simplemente en procura de una impostergable cirugía que permita restablecer la salud perdida.

Mientras legiones de venezolanos deambulan sin rumbo fijo hurgando entre la basura en busca de algo que llevarse a la boca para no morir de inanición. Mientras el tapiz de la miseria se replica por doquier como una inenarrable mácula en el mugriento rostro verrugoso de la moribunda revolución socialista, empero, aun así el presidente continúa durmiendo en el lecho de Procustro como un bebé.