Opinión

¿Por qué en Rumania sí y en Venezuela no?

Cada vez que los ciudadanos inconformes reclaman a la dirigencia opositora por acciones más contundentes en contra de un régimen irrespetuoso de la Constitución, sale siempre alguien a responder de esta manera: ¿Y tú qué propones? ¿Por qué no convocas tú a la calle? O sale algún dirigente a decir: "Es que estamos evitando un golpe sangriento", o que la única vía pacífica es la "electoral".

De paso, aquí la gente es aficionada a todo tipo de bochinches, incluidos los electorales, pues eso de salir a la calle a exponer la vida por la defensa de la democracia es algo que solo se ha visto en las protestas estudiantiles de febrero de 2014.

Y cuando ocurre una protesta genuina en otros países, dignas de tomar como ejemplo, salen nuestros dirigentes a decir que esos casos no se pueden aplicar a Venezuela porque son sociedades distintas a la nuestra.

Pero no es verdad, en un mundo globalizado ya no hay muchas diferencias, pues la defensa de los valores democráticos no conoce de límites territoriales o culturales. Es por ello que no debemos desestimar los ejemplos que nos vienen de otros países que luchan por la defensa de las mismas causas que nosotros defendemos.

Los hechos acaecidos recientemente en Rumania nos dan una muestra de lo que significa una protesta en toda regla: gente que manifiesta su rechazo por un gobernante que se cree con derecho de usar el poder con fines indecentes, para dar patente de corso a los aficionados a enriquecerse a costa de las arcas públicas, por aquello de creer que la política y la decencia nunca pueden ir de la mano, pues desde siempre ha sido un oficio de gente sin rectitud.

Es admirable ver cómo los rumanos salieron a protestar bajo temperaturas gélidas para decirles a sus gobernantes: ¡Ya basta, no queremos leyes indecentes para proteger a políticos corruptos!

La decencia tendrá que imponerse en la política, tarde o temprano, porque la gente ya no quiere seguir haciéndose la vista gorda frente a la corrupción. Hay que hacerles ver a los políticos que ya no se puede seguir haciendo política fundamentada en los infames consejos que Nicolás Maquiavelo ofrecía a los adictos al poder del siglo XV, pues aunque muchos quisieran olvidar vivimos y pensamos como ciudadanos del siglo XXI.

Lo ocurrido en Rumania debe llamar a la reflexión a los venezolanos en general y a los dirigentes políticos en particular, pues es un ejemplo de protesta efectiva, ya que la gente no salió a hacer un paseíllo para acabar en una tarima para escuchar a sus dirigentes decir: ¡Váyanse a sus casitas y nos vemos en la próxima marcha! No, la gente salió a "PROTESTAR", es decir a: "Expresar, generalmente con vehemencia, su queja o disconformidad". "Expresar la oposición a algo o a alguien" (DRAE).

Vale acotar que en Rumania un grupo pequeño de manifestantes intentó encauzar la protesta hacia la violencia, eso siempre es un riesgo, pero en este caso la gente entendió muy claro cuáles eran sus objetivos e inmediatamente recriminaron a los violentos exigiéndoles que volvieran a la senda pacífica o se deslindaran de la protesta colectiva.

Al final el objetivo se cumplió, los gobernantes retiraron el decreto que beneficiaba la corrupción y pidieron disculpas.

¿Por qué en Venezuela no ha podido concretarse una protesta como la ocurrida en Rumania?

Cada venezolano está en el derecho y en el deber de contestar esa pregunta.

En lo que a mí me toca, he llegado a la conclusión de que en Venezuela ni los políticos ni los ciudadanos estamos haciendo lo que deberíamos hacer.

Aquí gritamos en un estadio deportivo a todo pulmón: ¡Y va a caer, y va a caer...!, y luego al terminar el juego cada quien se va para su casa contento o triste dependiendo del resultado del mismo.

En Venezuela la gente se queja de lo mal que están las cosas, mientras hacen un inventario de los que se han ido entre familiares, amigos y compañeros de trabajo, y luego salen a exigir prórroga para sacarse el carnet de la patria, o andan en el negocio de los pesos que se compran en las casas de cambio para ver cuánto provecho le pueden sacar a los mismos.

En cuanto a los políticos, pareciera que prefieren seguir "luchando" por sus parcelitas de poder, que solo se conquistan por la vía electoral y por lo que puedan negociar en reuniones privadas.

Llegó la hora de definir qué queremos y debemos hacer para no sucumbir ante el feroz comunismo que nos están imponiendo aceleradamente.

Si seguimos esperando que con las próximas elecciones de gobernadores y alcaldes, luego con las presidenciales, y después con las próximas parlamentarias llegue de manera mágica el cambio que anhelamos, nos quedará solo ser testigos del éxodo de jóvenes venezolanos, como repetición de un capítulo que vivieron los cubanos hace más de cinco décadas, y sin que nadie hable del valor de los venezolanos, como hoy el mundo lo hace de los aguerridos rumanos.