Opinión

¿Pleno empleo en Venezuela?

Aunque parezca increíble quienes regentan afirmaron a inicios del presente mes que la meta de 2017 era lograr una tasa de desempleo de 4,5%, esto es, según la doctrina económica más autorizada una situación de pleno empleo. Lo anterior contrasta al menos con dos aspectos; a saber: con la tendencia apuntada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicada en su acostumbrado informe anual intitulado Panorama Laboral América Latina y el Caribe; y en segundo lugar, con el contexto nacional. Veamos.

Respecto del primer aspecto, señala el informe de la OIT que la desaceleración económica experimentada en América Latina desde el año 2011 ha provocado un aumento en la tasa de desocupación, el cual en el último año ascendió de 6,6% a 8,1%. Ello significa que en la región existen 25 millones de personas desocupadas, esto es, 5 millones más que el año pasado. Aunado a lo anterior, el mismo informe resalta el deterioro de la calidad de trabajo, disminución real de los salarios (con excepción de algunos países entre los cuales no figura Venezuela para variar), el crecimiento de la informalidad y el aumento del autoempleo denominado también empleo por cuenta propia.

Si lo anterior no fuese suficientemente esclarecedor, el informe destaca que “los mayores efectos de la desaceleración/contracción se han concentrado en América del Sur, donde la tasa de desocupación se incrementó en 2 puntos porcentuales al tercer trimestre de 2016 al pasar de 7,5% a 9,5%”, siendo que en líneas generales, se destaca que la tasa de desocupación afecta más a las mujeres que a los hombres, así como también que la desocupación juvenil aumentó de 15,1% a 18,3% durante el último año, haciendo que la brecha correlativa entre adultos y jóvenes se ampliara a 3,1 veces.

Todo lo anterior fomentó una merma en la tasa del empleo pero además y mucho más delicado aun, también en su calidad. Según el informe de la OIT hoy tenemos en América Latina una tasa de informalidad que alcanza a 134 millones de personas, siendo que en los casos de empleo formal la pérdida del salario real es evidente. Todo ello conduce a la OIT a presentar como estimación para el año 2017 un incremento de la tasa de desempleo de 8,1% a 8,4%, siendo que destaquen –entre muchos otros– los siguientes aspectos: a) una contracción estimada del producto interno bruto en Venezuela entre 4% y 4,5% para el año 2017, b) una tasa de desempleo en nuestro país de 7,5% para el tercer trimestre de 2016, c) el debilitamiento de la demanda laboral y por tanto incremento de la tasa de desocupación como escenario proyectado; y d) la tendencia de concentración del empleo en el sector servicios, entre los países de la región.

Mientras tanto quienes regentan nuestro país señalan como meta para el año 2017 lograr un desempleo de 4,5%, lo cual, como ya es evidente, escapa de la realidad de la región, de nuestro país y de las tendencias para el año 2017 según el informe de la OIT antes referido. Pero lo más triste es que escapa de la lógica común de los habitantes de Venezuela. Más allá de la empañada actuación del Instituto Nacional de Estadísticas, cuya opaca reputación se atribuye a si publica o no los indicadores de mercado de trabajo, si lo hace a tiempo o con demora, o peor, si las cifras son o no las reales, la verdad es que los todos estamos claros en que no es verdad que nuestra tasa de desempleo es baja y menos aun que podamos convertirla en 4,5%.

Pregúntense cómo se logra eso en un país donde el empresario es visto como el enemigo, donde la seguridad jurídica no existe, donde la libertad económica y propiedad privada son derechos constitucionales vaciados de contenido en su núcleo esencial, donde la iniciativa privada es castigada, donde no existen incentivos reales que fomenten la creación de nuevas empresas y con ellas nuevas plazas de trabajo, sino que ocurre lo contrario, esto es, el cierre de empresas que ya no ven viable continuar su actividad en el país y que sigilosamente concluyen su actividad para evitar actuaciones como las de Clorox o Kimberly Clark (por citar apenas dos ejemplos).

El empleo en el sector público hace rato está saturado, se llenó de esa burocracia mal entendida y el Estado lo único que atina a decir es que estimulando el sector de la construcción vamos a lograr la utopía de un pleno empleo de ficción. Mientras el informe de la OIT precisa que las transformaciones de las formas de producción derivadas de la globalización y el uso de las nuevas tecnologías devienen en la aparición de nuevos modelos empresariales y de hacer negocios, nosotros vamos a lograr el pleno empleo con una receta del siglo XX: la construcción, es decir, mano de obra no calificada o semicalificada según el caso, que en la mayoría de los supuestos presta servicios en condiciones de seguridad y salud laboral comprometidas, vendiendo su fuerza de trabajo a cambio de un jornal que no alcanza porque aun cuando existe una Reunión Normativa Laboral para ese sector la realidad es que el ingreso mensual promedio no cubre la canasta básica familiar según las cifras del Cendas.

Francamente indigna cuando se hace una afirmación de esa dimensión: “La meta para 2017 es lograr una tasa de desempleo de 4,5%”. Caramba entonces por qué la Memoria y Cuenta del ministerio con competencia en materia laboral año tras año refleja un repunte de los ¿procedimientos de reenganche? Que alguien explique si estamos tan bien ¿cómo es que las inspectorías del Trabajo viven colapsadas de procedimientos de reclamos de trabajadores que afirman que su patrono no logra cumplir con sus compromisos laborales? Debo insistir: ¿se puede hablar de empleo de calidad cuando se presta en condiciones como las que tenemos en el país? ¿Tenemos un mercado apetitoso, con altas demandas de trabajo, con incrementos significativos de fuentes de trabajo, con crecimiento económico, con un salario real que permite cubrir la canasta básica familiar? La realidad es que mientras estas condiciones persistan, mientras el sector informal ocupe a la mitad de la población, nos queda grande decir que vamos al pleno empleo en Venezuela.

jdd@jairdefreitas.com