Opinión

Petroflatulento

César Tinoco

En mi artículo del pasado 16 de febrero aquí mismo en El Nacional, titulado “El valor intrínseco del petro”, afirmé que, en el sentido de la teoría financiera, el petro no tiene valor intrínseco y que si fuera posible admitir que lo tiene, el mismo es cero, ello en virtud de que en tal teoría el concepto de valor intrínseco está atado a la generación de flujos de efectivo en el futuro para los cuales, y a toda luz, es manifiesta la incapacidad actual de Pdvsa.

Decía yo en el mencionado artículo que, de acuerdo con el White Paper del petro, el mismo es presentado como una alternativa para la reducción de la volatilidad en el mercado de criptoactivos.

Pues bien, ¿qué hay de cierto en tal afirmación?

Por allí está el reciente trabajo de Arash Aloosh, publicado el 4 de octubre de 2017 y titulado The Price of a Digital Currency. De acuerdo con Aloosh y su modelo teórico, y a diferencia de las monedas fiduciarias o basadas en commodities, una criptomoneda con valor intrínseco cero es aquella que, como el bitcoin, no está vinculada a ningún valor económico o apoyo gubernamental. El modelo de Aloosh sugiere que la volatilidad de una moneda de tal tipo es incluso menor que la volatilidad de una criptomoneda fiduciaria o basada en commodities, aunque no menor que otros activos como veremos enseguida.

Hace 7 años, por allá por 2011, tuve la oportunidad de guiar el trabajo de Rafael Zoghbi titulado Estudio exploratorio del comportamiento de la volatilidad del bitcoin. En dicho estudio, Zoghbi encontró que, en términos de una métrica como la desviación estándar histórica de los retornos en función de un precio de cierre diario, el bitcoin fue 5 veces más volátil que el Índice S&P500, 6 veces más volátil que el Indice Dow Jones UBS Commodity y 15 veces más volátil que la tasa de cambio dólar/euro. Las cifras anteriores dan idea de lo volátil que resulta una criptomoneda con valor intrínseco cero.

Con base en la referencia de Aloosh y en las cifras obtenidas por Zoghbi, siga el lector la siguiente secuencia: una criptomoneda con apoyo del gobierno es más volátil que una criptomoneda como el bitcoin y esta a su vez ha resultado ser, por ejemplo, 15 veces más volátil que la tasa de cambio dólar/euro. El White Paper con relación al petro alega todo lo contrario, pero sin probarlo.

Al momento de escribir este artículo han sucedido dos cosas. La Asamblea Nacional –la única, la legítima– acordó el rechazo a la circulación inconstitucional del petro argumentando que no es una moneda válida. Seguidamente, Tareck el Aissami informó que, por órdenes de Nicolás Maduro, el petro se va a subastar a través de Dicom. Detrás de la riposta de El Aissami subyace, evidentemente, un desespero por ponerlo a circular de cualquier modo y a cualquier costo.

Con relación al crecimiento del petro, en mi artículo aquí en El Nacional del 15 de diciembre 2017, “Burbuja y valor”, afirmé con pruebas que el bitcoin no vale nada: lo que vale es la red. Ahora bien, para que la red comience a crecer y se convierta en viral es necesario que tenga “masa crítica”. Por debajo de su masa crítica el valor de la red permanece estancado y próximo a su valor inicial de arranque.

El trabajo reciente de Ken Alabi (2017, Digital Blockchain networks appear to be following Metcalfe’s Law, Electronic Commerce Research and Applications 24, 23-29) es el primero que establece de manera expresa un análisis de masa crítica que, si bien no explicita una formulación para su cálculo, sí establece dos condiciones para que la red comience a evidenciar tendencias asociadas al rápido crecimiento.

En el caso del petro y para su infortunio, el mecanismo promocional para alcanzar masa crítica ha sido desastroso desde dos perspectivas. Una ha sido su promoción a través de un vocero cuya gestión es rechazada por 75% de los venezolanos: el propio Nicolás Maduro (IVAD, febrero 2018). La otra es la coerción, la imposición –hasta ahora tímida– de su uso.

Resumiendo: la primera conclusión, relacionada con los trabajos de Aloosh y de Zoghbi es que una criptomoneda con apoyo del gobierno tiene mayor volatilidad que una criptomoneda con valor intrínseco cero. Bajo tal conclusión y en palabras más sencillas, el petro, probado que tuviera vida, resultaría más volátil que el bitcoin y vaya que el bitcoin es volátil.

La segunda conclusión, relacionada con el trabajo de Alabi, es que el petro exhibe una susceptibilidad congénita a no alcanzar masa crítica. En palabras más sencillas, es de vida efímera: durará tanto como una flatulencia en un chichorro.

c.e.tinoco.g@gmail.com