Opinión

Pavlova, Gómez y bolcheviques

Carlos Paolillo

Las informaciones de prensa en páginas interiores sobre el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia, hace un siglo, contrastaban notoriamente con las relacionadas a la inminente presencia de la celebrada bailarina Anna Pavlova en Venezuela, significativamente mayor en jerarquización y despliegue periodístico.

El Universal de Caracas publicaba discretamente el 21 de octubre de 1917: “Grave situación en Rusia. Caída de Karensky. Triunfo de los partidarios de Lenin. Los rebeldes ocupan el Palacio de Invierno. Nueva Asamblea Constituyente”. El mismo periódico, el 11 de noviembre titulaba en primera página: “Anna Pavlova en Caracas”, con una foto de la celebrada figura del ballet mundial en el patio de Gran Hotel, ubicado en el centro de la ciudad. Así lo registró Carlos Augusto León en su libro Vivencia de la danza (1974, Universidad Central de Venezuela).

En los días anteriores al debut de Pavlova, la prensa centraba su atención en ella: el 13 de noviembre el diario caraqueño publicaba en primera plana un retrato suyo, junto a su pareja artística Alexander Volinine. Mientras que, en páginas internas, se leía: “Moscú en manos de Lenin. Proposiciones de paz. Los soldados apoyan a Karensky. Actitud de los aliados respecto a Rusia”.

En el tiempo en el que el mito de Pavlova actuó en Caracas y Puerto Cabello, el país aún no comenzaba a vivir el siglo XX en lo político, lo económico y lo social. La presencia de la bailarina rusa, precedida de fama inmensa debido a su estelar desempeño dentro de los Ballets Imperiales del Teatro Marinsky de San Petersburgo y los Ballets Rusos de Sergio Diaghilev asentados en París, alteró la rutinaria existencia de los habitantes de la nación, rural, bucólica, apartada y sometida, de aquellos tiempos.

Además de un suceso artístico revelador, las actuaciones de Pavlova constituyeron un verdadero acontecimiento social. Las entusiastas crónicas de la época dieron cuenta del notable impacto que la connotada heroína de la danza causó dentro de la aristocracia y la burguesía nacional y de la callejera curiosidad que despertó dentro de los sectores populares.

El acontecimiento fue ampliamente utilizado a su favor por los poderes políticos y económicos del momento. Venezuela vivía bajo el régimen dictatorial del general Juan Vicente Gómez y aún faltarían muchos años para que el país comenzara a despertar a la modernidad.  En esas circunstancias, Pavlova, junto a su Compañía de Bailes Rusos, triunfó a plenitud y alteró la apacible cotidianidad de una sociedad aldeana marcada por rígidos convencionalismos.

El Universal destacó el 15 de noviembre: “Anna Pavlova sigue siendo el tema obligado en todos los círculos sociales”. Al día siguiente apareció su foto interpretando La muerte del cisne, la obra que la inmortalizó. Adentro, noticias sobre los sucesos revolucionarios rusos: “La fuga novelesca de Karensky. Regresa hacia Petrogrado con un ejército. Los bolcheviques ofrecen deponer las armas”.

Procedente de Perú, Chile y Argentina, Anna Pavlova  debutó el 17 de noviembre de 1917 en el Teatro Municipal de Caracas y la temporada se extendería durante más de dos semanas. También se presentó en el Teatro Municipal de Puerto Cabello en una única función el 10 de diciembre. No solo en la escena sino también el cine fue protagonista la bailarina durante estos agitados días. El caraqueño común hubo de conformarse con verla en la pantalla, también todo un acontecimiento. El 24 de noviembre en el Gran Circo Metropolitano se exhibió “la bella película de actualidad” La bailarina, protagonizada por la gran intérprete, causando entusiasmo dentro de las mayorías.

León en su evocativo y agudo ensayo vinculó la anécdota de la visita de Pavlova y el comportamiento social que produjo, con la situación nacional que para la época se vivía. Juan Vicente Gómez se trasladó de Maracay a Caracas para verla bailar y hasta llegó a obsequiarle un collar de morocotas que reproducía el apellido de la estrella.

El día del debut de Pavlova en Venezuela la prensa destacó con foto: “El estreno de Anna Pavlova”, al tiempo que el cronista Lino Sutil buscó responder la interrogante “¿Qué es eso de los ballets rusos?”. En primera página: “El Jefe (Gómez) en Caracas” e internamente, el artículo titulado “Los hombres del día. Karensky”.

Las implicaciones del suceso de Pavlova en Venezuela, hace cien años, se encuentran en las palabras de Carlos Augusto León:

“Mientras ella bailaba en Caracas, llegaban a esta tierra encerrada por Gómez los primeros y apagados ecos de los diez días que conmovieron al mundo (la revolución bolchevique); mientras ella bailaba para las señoras solas, el pueblo podía verla… en cine; mientras ella bailaba, a unos quinientos metros los presos en la cárcel de La Rotunda no sabrían nada de sus danzas sino quizás meses después, junto con el cuento de las morocotas, que una vez más los encendería de ira contra la tiranía, como había enfurecido a los estudiantes y a los desterrados”.