Opinión

¡Patria, socialismo o muerte!

Carlos E. Aguilera

La opinión de

El eslogan patriotero impuesto por el difunto Hugo Chávez, ahora más que nunca tiene una vigencia increíble. La razón, preguntarán algunos lectores. La respuesta es: la patria la tienen los chavistas-maduristas que le han sacado provecho a más no poder. El socialismo ha servido de pretexto para que Maduro y su corte ministerial, bolichicos, enchufados y empresarios de maletín, llenen sus alforjas con millonarios contratos y control de empresas del Estado como el Arco Minero, por nombrar solo una…. y muerte, la que a lo largo de estos 20 años ha generado la revolución del siglo XXI, la cual  ha cobrado la vida de cientos de personas,víctimas de la feroz represión por solo combatir a un régimen que niega los derechos ciudadanos, y con ellos la libertad de expresión y de prensa, encarcelando además mediante juicios en tribunales militares a políticos de la oposición.

Las frases, lemas, consignas, eslóganes, palabras articuladas, consonancias o disonancias tienen determinadas estructuras semánticas –pragmáticas que han servido y siguen sirviendo para expresar y hacer referencia de momentos importantes coyunturales históricos, en el marco del discurso político.

En el año de 1909 en España, la frase ¡Maura sí… Maura no! inspiraba a los españoles después del trágico fusilamiento de Francisco Ferrer Guardia, donde las fachadas y edificios servían para escribir el lema que se popularizaría con el tiempo.

En efecto, estas frases o lemas se transformaron medio siglo después en varios países, como Argentina en 1945 con: ¡Alpargatas sí… Libros, no!, más tarde, en 1973 se expresó: ¡Patria, sí… Colonia, no! En Cuba, de 1960 después de la revolución: ¡Cuba, sí…Yanquis, no! En Checoslovaquia, en 1969: ¡Socialismo, sí… Ocupación, no!

Hugo Chávez expresaba constantemente  ¡Patria, socialismo o muerte! en sus discursos, frase probablemente tomada de Vicente Guerrero, patricio mexicano quien expresó la ¡Patria o muerte! cuando los mexicanos combatieron contra Estados Unidos en la guerra de 1847, según el autor Eulalio Ferrer. O también copiada de Fidel Castro con su “Patria o muerte”, tras la invasión de Bahía de Cochinos. O de otras personas como Salvador Allende de Chile, quien poco antes del bombardeo del Palacio de La Moneda expresó a sus seguidores: “Chile o muerte”, que posteriormente los Montoneros argentinos la convirtieron en “Perón o muerte” y el Che Guevara  con su “Socialismo o muerte”, todo lo cual parece haber inspirado al hijo de Sabaneta, adaptarlo a su conveniencia en el momento político que vivía, y que derivaría en “Patria, socialismo o muerte, venceremos”.

La locuacidad verbal de Chávez en sus prolongadas intervenciones semanales por cadena de televisión y emisoras del Estado, trastocó su mensaje populista y demagógico para convertirlo en un temible individuo con sed de poder que conducía a los pobres, analfabetas e ignorantes masas de hombres y mujeres, por donde le daba la gana con una mezcla de florida retórica revolucionaria antiimperialista, que poco tiempo después lo convencería de la necesidad en crear el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), con el que paralelamente atacó a sus adversarios políticos de todas las toldas, con insultos, amenazas, injurias, y en la mayoría de los casos exponiéndolos al escarnio público.

El país nacional comenzó a darse cuenta de la etérea transformación del humilde hombre nacido en Sabaneta, estado Barinas, al todopoderoso con el poder en sus manos. Un hombre que al inicio de su gestión al frente de los destinos del país mostró su admiración por Tony Blair y su debate de la Tercera Vía y de un “capitalismo con rostro humano”, pero poco tiempo después se da cuenta de que dentro de los límites de dicho capitalismo no hay solución posible para el problema que enfrentan las masas venezolanas. Está convencido de que el capitalismo es necesario abolirlo en Venezuela, mediante la aplicación de la revolución socialista del siglo XXI, razón por la cual se divorcia discretamente de su primigenia idea de la Tercera Vía, y más nunca en sus discursos menciona el nombre de Blair, a fin de evitar que haga mella en su programa de gobierno.

La mención al socialismo en el acto de juramentación como presidente de la República, cuando recibió la banda presidencial de manos del fallecido doctor Rafael Caldera, era un aviso de lo que posteriormente ocurriría a lo largo de sus diez años al frente de la primera magistratura de la nación. Ensoberbecido con el poder que detentaba, no esperó mucho tiempo para mostrar su lado oscuro de autócrata, y con voz de  mando cual sargento mayor increpaba a sus ministros, y funcionarios de alto nivel para que ejecutaran sus órdenes e instrucciones. No tuvo el menor recato en ordenar, fatídico día para los propietarios de los edificios ubicados en el casco central de la ciudad capital, la expropiación de sus inmuebles que hoy a nueve años permanecen en el más total abandono y algunos de ellos ocupados por gente ligada al partido político del oficialismo, y por miembros de los llamados colectivos, defensores de la revolución socialista marxista y mal llamada bolivariana. Se mostraba cual pastor de mal genio conduciendo un rebaño de ovejas en busca de pleito.

Como caudillo se empeñó en poner en marcha la mentada revolución democrática, con la que prometió y ofreció profundas transformaciones para convertirla en revolución socialista y acabar con las clases explotadas por  los terratenientes y capitalistas, como solía expresar en sus tediosas y largas diatribas. Todo ello bajo el eslogan de “Patria, socialismo o muerte”, hasta cuando comenzó a padecer del mal que lo llevó a la tumba, cuando decidió eliminar el último adjetivo de “muerte”, porque se veía ya en los estertores finales de su vida. Dijo que “ante el cáncer que tengo”, he renunciado al lema “Patria, socialismo o muerte” por el de “Patria, socialismo y victoria”.

No duraría mucho tiempo su entusiasmo por vencer al terrible mal que le aquejaba, pues presintiendo que se le acercaba la hora final, pidió a sus seguidores  que en caso de fallecer eligieran como candidato presidencial de su partido a Nicolás Maduro. Si, el mismo que ahora no solo lo imita burdamente, sino que tiene al país en vilo padeciendo de una crisis económica, política y social jamás experimentada desde el nacimiento como República, ahora sumido en un inimaginable caos, con un elevado índice de inflación, sin alimentos ni medicinas, desbordante corrupción a todos los niveles de la administración pública, narcotráfico, desempleo y muerte de hombres, mujeres, ancianos y niños por desnutrición, y por falta de insumos medicinales para sus tratamientos.

En pocas palabras, fue peor el remedio que la enfermedad, y la consecuencia de ello salta a la vista, razón por la cual la diáspora de millones de venezolanos son el espejo de la tragedia que con angustia, temor y desespero vivimos los venezolanos, ansiosos por salir de esta terrible pesadilla, que a mala hora nos “legó” el hijo de…Barinas.

@_toquedediana // careduagui@gmail.com