Opinión

Un paso al frente

Rubén Osorio Canales

Bien por la MUD, bien por haberle hecho frente a la encrucijada divisionista que le creó la natural perversidad del régimen, ya definitivamente convertido en dictadura. Bien por haber decidido inscribir a sus candidatos y así estar preparados en el caso de tener que ir a unas elecciones, cuya realización está por verse. Bien por no haber repetido el error cometido en 2005, cuando la decisión, no unánime por cierto, nos llevó a una abstención que le dejó el camino libre para sus desmanes políticos, económicos, sociales y morales al castro-comunismo, dirigido por un autócrata militar, delirante y enfermo de poder.

Bien por haber entendido y descifrado que las verdaderas intenciones del régimen al declarar abiertas las inscripciones de candidatos para los comicios regionales, era provocar un enfrentamiento entre aquellos que no quieren saber nada de elecciones con un CNE tramposo y los que se niegan a desaprovechar la única arma de los demócratas que es el voto, con la consiguiente división opositora.

Bien, mil veces bien, porque la unidad democrática no pisó ese peine y porque necesita moverse en escenarios en los que su comportamiento democrático no deje vacíos de ningún tipo, y el escenario electoral es uno de ellos. El otro es la movilización de calle, en la que también es insuperable, y a la cual tendrá que recurrir cada vez que los abusos de poder lo exijan, que es como decir, a toda hora.

Y lo mejor de todo ha sido el consenso en la decisión porque eso aleja una debacle divisionista en un momento de la lucha por la libertad y la democracia, que requiere, no solo de la unidad absoluta y unanimidad en las estrategias a seguir, sino el acompañamiento de un pueblo cuya fe debe ser renovada y fortalecida después de la frustración sufrida por lo sucedido el 30 de julio.

No pongo en duda que si en este momento, bajo el calor de la rabia por el fraude y la frustración de ver instalada la espuria constituyente valiéndose de un fraude descomunal y continuado, se sometiera a un plebiscito vinculante la decisión de ir o no a las elecciones, ganaría el No, pero luego, esa decisión tomada en momentos de furia y despecho nos pesaría tanto como nos ha pesado no haber ido a elecciones aquel diciembre de 2005.

Es recomendable que aquellos que están montados en las olas  de la frustración y de la rabia entiendan que inscribirse no significa convalidar la constituyente espuria, porque es un derecho que está escrito en la Constitución y porque se trata de unas elecciones que el régimen nos debe desde hace tiempo, tampoco significa votar sin exigir condiciones que garanticen una cierta imparcialidad en el árbitro, pero inscribir a los candidatos sí significa que, de no hacerlo, ténganlo por seguro, que el CNE adelantaría las elecciones para repetir la misma triste historia de 2005. Desde luego esa inscripción tiene que ir acompañada con la protesta viva en la calle reclamando a voz en cuello con los argumentos de un pueblo que sufre inseguridad, desabastecimiento, alto costo de la vida, represión y chantajes de todo tipo, y eso hay que hacerlo con mucha creatividad y nuevas rutas que logren recuperar el aliento de la lucha demostrado en más de cien días de protesta.

Es bueno que la dirigencia entienda que ese pueblo que padece las plagas de una revolución que nunca existió, requiere, más que de discursos sabios sobre la libertad y la democracia, que alguien le indique el camino para superar la crisis. El pueblo sabe que la constituyente instalada de manera tan ventajista, apelando a todas las formas de amenazas y chantajes posibles para que la gente acudiera a votar, sin haberlo logrado, no persigue otra cosa que atornillar en el poder a sus proponentes, repetir las mismas promesas nunca cumplidas en estos casi veinte años, desbaratar la división de poderes, hacer desaparecer para siempre la democracia y, por decir lo menos, obstaculizar las libertades ciudadanas y mantener un control férreo sobre una población peligrosamente cansada de tanto abuso de poder. Y es bueno también que esa dirigencia entienda, que ese pueblo que en la calle y en las encuestas lo acompañan, demanda soluciones que este régimen, ni quiere, ni puede darle, porque lo ha vivido durante dos décadas de deterioro continuado en su calidad de vida, y solo puede lograrlo con un sistema de gobierno y con un proyecto de país distinto, que lo convenza a permanecer en la lucha sin tener que esperar a un mesías que, como todos los mesías, fracasará.

Basta ver la alevosía y el ensañamiento de la represión a todos los niveles, para entender lo que está por venir. Basta escuchar el discurso del régimen para entender que la operación exterminio de la oposición a la que tantas veces nos hemos referido, entró en la recta final con cero legalidad y con mucha furia y sed de venganza.

Basta ver la despiadada persecución a los alcaldes de la oposición para entender que eso es apenas una pequeña parte de lo que está  por venir, ahora que el régimen, mediante un fraude descomunal, logró instalar con  su espuria constituyente un verdadero batallón de fusilamiento de las instituciones, con un nuevo tribunal bajo el nombre de comisión de la verdad, con una agenda en la que reposan,  escritas de puño y letra por los radicales del mazo que la dirigen, los nombres y los apellidos de los líderes y organizaciones de la oposición que serán acusados de todos los delitos imaginables, y por tanto, a pagar con cárcel o exilio unos, otros con inhabilitaciones y otros con ambas sanciones. 

Desde luego, con un escenario semejante, la unidad democrática de la oposición tiene que actuar como actúan los sobrevivientes, aprovechando cada minúsculo recurso a su alcance, no solo con coraje, sino con creatividad y mucha inteligencia. El trabajo será cada vez más duro, la cuesta cada vez más empinada y la voluntad de lucha cada vez más exigida.

Es cuestión de ver cómo, con apenas una semana de funcionamiento, no ha dejado espacios para que la imaginación se atreva a hacer las conjeturas naturales acerca de cómo será la nueva Constitución, sobre qué versarán los nuevos artículos a redactar en beneficio de la gente y de qué manera resolverá la crisis humanitaria que ahoga a los venezolanos, en cambio sí ha mostrado las garras de la venganza y ha continuado en su propósito siempre firme, cada vez más arbitrario, de quitarle espacios a la libre expresión, arrinconar a la disidencia y ahogar las voces del descontento popular.

Es bueno que los iracundos y frustrados reflexionen y entiendan que la decisión tomada por la oposición organizada en la MUD es correcta y que a quien menos le gusta es a esa cúpula, que lo que quiere es retener el poder con cualquier tipo de violencia porque sabe que por la vía electoral no podrán hacerlo, ni siquiera con el CNE actual redoblado en trampas y a su servicio.

Me atrevo a asegurar que cuando el régimen vea a una oposición perfectamente organizada en las trincheras del voto, inventará pretextos para que esas elecciones no se realicen. Escríbanlo.