Opinión

El parto de los montes

Con una abstención de 83,7%, hiede en Dinamarca, diría Hamlet. Venezuela comienza a mostrar sus vísceras putrefactas. Mayor rechazo a las pandillas narcotraficantes que usurpan el poder, imposible. Tendrán billones de dólares: son unas ratas fétidas y ridículas. Se están devorando entre ellos

Parturient montes, nascetur ridiculus mus.

Horacio

La fábula es de Esopo y fue escrita en el siglo VI antes de Cristo. La cita es de la versión que hiciera de la fábula el gran poeta latino Horacio. Dice, textualmente, "parirán los montes, nacerá un ridículo ratón". Viene a cuento por los pujos preparturientos de Nicolás Maduro y el G4 por dar a luz al Goliat de las municipales celebradas el domingo 10 de diciembre tras la farsa dominicana.   

De nada sirvieron los cuantiosos recursos en dólares invertidos en llevar a La Española a los próceres del PSUV y de la MUD, a cuatro cancilleres venidos de los cuatro puntos cardinales del continente con sus respectivas comitivas, el inefable Mío Cid Campeador de Vallecas, Maese José Luis Rodríguez Zapatero, su par de portamaletas ex presidenciales panameño y dominicano, también con sus respectivas comitivas. Acompañados por los hermanitos Rodríguez, también escoltados por sus respectivos edecanes y las embajadas en pleno de los partidos de la MUD, con sus caballerías, portaestandartes y banderolas, asesores y asesoras, todos, seguramente, provistos de las respectivas tenidas playeras, que en Santo Domingo hace calor y hay buenas playas. Agréguese el condimento de suficientes dietas en dólares preferenciales provistas por el Banco Central de Venezuela como para hacer el mercado que en casa, así gocen de los privilegios del poder, es una tragedia. Más de algún académico o académica de la asesocracia podrá engrosar su currículum con la frase: experto asesor o asesora de la dirección de la Mesa de Unidad Democrática y observadora adjunta en los diálogos celebrados en República Dominicana. El propio parto de los montes en su fase preparatoria. 

Mucho ruido y pocas nueces, el título de la comedia de Shakespeare, también viene a cuento. Ni las melosas invitaciones a votar de los candidatos echados al ruedo por los maestres ala del colaboracionismo ni los rugidos del león de Miraflores surtieron el más mínimo efecto. Las elecciones municipales transcurrieron bajo una avalancha de desinterés y apatía en un país imaginario, en Macondo o en Costaguana. Los pujos parturientos fueron tan escuálidos que la partera hizo mutis: por primera vez en la triste y ya desangelada historia de esta revolución matarife y de bajos fondos, doña Tibisay Lucena guardó cama. Enfermó de estertores.

Un ridículo ratón, dicho en latín para darle más prestancia, un ridiculus mus, salió arrastrando su vientrecito por entre las entrepiernas del proceso. De cada 10 electores, más de 8 hicieron como que la cosa no era con ellos. Y ello a 4 días de que nazca el otro ratón ridículo o la rata siniestra de la justicia neoyorquina: ¿Les darán a los críos presidenciales la temida condena máxima o ese también será un parto de los montes?        

Con una abstención de 83,7%, hiede en Dinamarca, diría Hamlet. Venezuela comienza a mostrar sus vísceras putrefactas. Mayor rechazo a las pandillas narcotraficantes que usurpan el poder, imposible. Tendrán billones de dólares: son unas ratas fétidas y ridículas. Se están devorando entre ellos.