Opinión

Parecemos, pero no somos, y si fuimos, no somos más

El anuncio aparatoso del gobierno en la convocatoria para una asamblea nacional constituyente, y la esclarecedora entrega de las bases comiciales que no dejan nada a la esperanza. El oficialista Poder Electoral sin taparse la nariz, aunque solo sea para aparentar, reconoce públicamente que ese cuerpo, encabezado por la sumisa castro-madurista, pronta en obedecer pero lenta, engorrosa cuando de referendos y otras oposiciones se trata, está ordenando acelerada y con puntuales detalles las medidas necesarias –lo cual no significa que sean legítimas– para ponerle al régimen en bandeja de hierro la asamblea descoyuntadora de la Constitución de 1999.

Así se hace cómplice necesario y responsable del intento desesperado para engañar, confiando en que esos millones de ciudadanos hambreados, maltratados, gaseados, apaleados y reprimidos, incluidos los pocos maduristas que reverencian sin cavilar, síntoma clarísimo de pendejera vocacional, van a tragarse semejante fábula retorcida sin aviso ni protesto.

Imagen que se hizo caricatura internacional lo explica con claridad. Un enorme poderoso que entrega el mandamiento a la pequeña ejecutora. Chocante militar y simbólico desde tiempos de monarquías feudales y absolutas, aquello de “el Estado soy yo” que proclama el poderoso, y el “oigo y obedezco”, que acepta dócil y resignado el humillado.

La situación ha cambiado y el mundo también, los dóciles ya no lo son tanto. Tienen esa maravilla dispersa, compleja, incesante, que se llama información. No son aquellos patosos noticieros españoles del franquismo ni los ruidosos a paso de ganso de los nazis inflados de banderas, crueldad y mentón firme de asesinos constructores y ejecutores de los campos de concentración. Las cosas van tan más allá que la libérrima e irreverente Últimas Noticias ya no lo es y que aquello de “Últimas Mentiras” se ha hecho realidad, solo un ejemplo para no detallar las emisoras comunitarias y el fastidiosísimo entramado de medios y televisoras que si no mienten más es porque no les cabe tanta distorsión manipulada en sus engominadas programaciones. Es que creen que seguimos pendejeando.

Hoy el recurso y arma de nosotros los ciudadanos, ya no tan pendejos, se llama Internet y “redes sociales”, no hay nada que ocultar y, en estos tiempos la gente, la pendejera nacional, no traga anzuelos ni siquiera bien hechos.

Dentro de la sangrienta tragedia de esta Venezuela que por cada muchacho que la guardia castrista asesina pare varios más, es de risa amarga ese patético dúo hoy tan dinámico integrado por los camaradas Lucena & Maduro, en complicidad evidente de muchos que se proponen tomarle el pelo a los ciudadanos o, peor y sociopolíticamente suicida, siguen creyendo que somos tontos de uso reservado. Lo malo para ellos y esperanza del país es que no lo somos tanto. Podemos equivocarnos, confundirnos, pero estamos informados y tomamos decisiones que nos hacen caminar porque queremos, no porque nos dicen. A diferencia de los maduristas empecinados –desesperados, habría que aclarar– que salen a caminar porque les pagan o simplemente los amenazan con quitarles sus poco confiables CLAP pre-pagadas, retardadas e indigestas.

Ya no caemos en trampas fácilmente, nos cuentan, escuchamos, almacenamos y procesamos todo en la mente, tomamos decisiones nadando en un mar de informaciones. Y quien está informado puede que se equivoque, pero a diferencia de los verdaderos pendejos entiende cuando se equivoca y corrige, como han hecho ciertos dirigentes y millones de ciudadanos de los cinco y más puntos cardinales.

Son los débiles mentales los que acatan sin pensar. Los demás, que somos mayoría, aprendemos, analizamos, comparamos, decidimos.

El desafío del régimen será demostrar en el ámbito local e internacional, pero también dentro de las filas del chavismo, sobre todo entre los grupos insatisfechos, usuarios de redes sociales y receptáculos de información variada, que una constituyente sin controles democráticos es legítima, perfectamente chavista y protectora del legado del difunto comandante, dos objetivos que nacieron muertos, y los cadáveres rápidamente apestan.

En eso se ha incorporado a la lucha anticonstituyente –en esta oportunidad contra el oficialismo que quiere destruir el legado de Chávez, pensar lo contrario es una solemne estupidez–, la fiscal general de la República, quien ha actuado pública y judicialmente. Aunque el TSJ ha hecho caso omiso y desestimado sus consideraciones, es una batalla legal que toma su tiempo y en nada resultará. Pero sin pendejadas es chavista, preparan una transición del madurismo al chavismo.

Hugo Chávez no ganó por mentir sino por convencer. Que los ciudadanos tomaran una decisión equivocada, es otra cosa. Tragaron lo que el entonces comandante les ofreció. Mintió sobre el final a largo plazo y por eso Maduro es hoy una mentira en acción, pero no sobre el procedimiento.

La oposición enfrenta su propio reto, con fecha cierta para la constituyente, desafío que debe comunicar con eficacia y coherencia tanto en el exterior como en sus bases de apoyo ciudadano, fortalecer la ya profunda e indignante convicción del deliberado quiebre del funcionamiento de la democracia y del Estado de Derecho en el país.

Maduro no ha inventado nada nuevo, no tiene imaginación para idear, solo sacó un conejo muerto del sombrero de mentiras que heredó sin ser prestidigitador, apenas un truquero sin ingenio que se quedó sin trucos. Solo es de esperar que los dirigentes opositores no saquen sus propios sombreros ni cajitas mágicas, porque dentro de ellos tampoco hay conejos ni palomas blancas.

Al circo chavista le crecieron los enanos maduristas y la carpa se la llevó el viento, somos la decisión de los que por habernos puesto en marcha con voluntad, coraje y dispuestos a que nadie nos detenga, resulta que de pendejos ya no tenemos nada.

Lo que aterra al régimen y desvela por las noches a jerarcas de todos los colores es que esta es una marcha firme, indetenible, de ciudadanos libres.