Opinión

El papa Francisco y la teología del pueblo

Baltazar Porras

El padre Jesús Andrés Pérez, sacerdote de la Arquidiócesis de Mérida, estudia actualmente en Madrid, en el Instituto Superior de Pastoral, donde prepara su tesis doctoral. Uno de sus trabajos previos explica las raíces del magisterio del papa Francisco y nos presenta las claves fundamentales de la teología del pueblo en el pensamiento del papa Bergoglio. Gloso unas cuantas líneas de su artículo para deleite de los lectores.

Para conocer al papa Francisco debemos tener en cuenta tres consideraciones importantes: América Latina, el documento de Aparecida y la exhortación La alegría del Evangelio. Pasó toda su vida en Argentina, conoce bien la realidad latinoamericana. La teología del pueblo que se desarrolló desde Argentina es el humus del pensamiento del pontífice: quiere estar en medio del pueblo, vivir entre la gente, sentir y compartir sus alegrías y esperanzas. En Francisco, su estilo pastoral cercano al pueblo no es un barato populismo, sino la conciencia de creer en una mística del pueblo de Dios peregrino y evangelizador.

De la comprensión de la Iglesia como pueblo de Dios, propia del Concilio Vaticano II, nace la teología del pueblo desarrollada en América Latina. Cuando Francisco usa la noción de pueblo lo hace en tres sentidos: pueblo-pobre, pueblo-nación y pueblo-fiel. Francisco es un papa popular porque ama y sirve al pueblo de Dios con caridad pastoral. Su popularidad nace de sintonizar con los anhelos de la gente y por su capacidad para llegar a interlocutores muy distintos. El papa quiere recuperar la categoría conciliar de pueblo de Dios como imagen eclesial. Pide superar todo clericalismo ya que la inmensa mayoría son los laicos a los que deben servir la minoría de ministros ordenados. Ser pueblo de Dios indica que se encarna en los pueblos de la tierra, cada uno con su propia cultura. Escuchar y acompañar a este pueblo, sensible a sus sufrimientos y padecimientos es una exigencia que el predicador necesita para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar. Ser servidores y no príncipes del pueblo es la misión de los sacerdotes.

Por ello, propone el papa valorar la piedad popular como lugar de encuentro con Jesucristo. Hay que valorarla, aceptarla, comprenderla, pero no suprimirla. En segundo lugar, promover la pastoral popular como camino de evangelización. De allí la conversión pastoral que supere viejos esquemas y estructuras y salga de la autorreferencialidad. Tercero, fortalecer la evangelización de la cultura, ya que cada pueblo es creador de su cultura y protagonista de su historia. Cuarto, proponer la sabiduría popular como clave de misión, fruto del mestizaje o síntesis cultural que tiene una fuerza transformadora capaz de producir nuevas síntesis vitales. Quinto, fortalecer la imagen del poliedro, ya que representa a una Iglesia plural en la diversidad de carismas, sin perder su esencia, que es evangelizar a todos los pueblos. Por último, el pueblo de Dios es lugar de la misericordia. El papa invita a tener una gran comprensión con los límites humanos donde se encarna el anuncio. Propone una paciencia inmensa y misericordia con las personas, de manera que haya lugar para todos.

Es gratificante reconocer en Francisco un pastor que ha salido del pueblo, lo conoce y quiere ser su servidor. Como vemos, tiene mucho meollo el pensamiento y la actuación de nuestro actual pontífice. Entenderlo, seguirlo, proponerlo y vivirlo es el desafío de quienes nos llamamos cristianos nacidos en este subcontinente.