Opinión

Oráculo del Caribe

Alfredo Cedeño

La opinión de

Concluyó un año en el que coincidimos de manera casi unánime fue el más terrible que le ha tocado vivir a nuestro país. Escribo casi unánime porque, aunque resulte arduamente difícil de digerir, hay todavía quienes defienden lo que es insostenible: la farsa roja del siglo XXI. Hay a quienes solo les falta vociferar que con su pernil no se metan, también aquellos que patrocinan con descaro su “enchufe” propio, del mismo modo podemos encontrar los que defienden sus intereses de casta política, así como unos cuantos “comeflores” que se empeñan en apostar los rezagos de su ingenuo candor, ¡que todavía les queda!, en la ruleta construida por el comandante galáctico y hoy operada por Gofiote.

Y la variopinta muestra es aún mucho más amplia. Llegamos a un año en el que los valores, expresión de esa abandonada dama llamada moral, retumban en su silencio. Llegamos a un año en que sobran los que parecen tener precio. Figurones que hasta hace poco aparecían despotricando contra el desastre y que ahora aparecen ensalzando el diálogo con los impresentables y justificando su coqueteo con el régimen, mientras exigen silencio a quienes osan encararlo. Y por ahí sigue el catálogo de bicharracos de similar voz y pelaje.

¿Qué nos traerá este nuevo ciclo que apenas comienza? Videntes, malabaristas, culebreros, tarotistas, miradores de bolas de cristal, analistas, funámbulos, encuestadores, estadísticos, maromeros, Edmundo y Segismundo, llevan días proclamando sus augurios. Aires de cambio profetizan varios de ellos; otro hay que afirma, con aire de alquimista consumado, la inminencia del inicio del comienzo de la consumación del proceso de transformación; tampoco falta quien revele, según sus fuentes más confiables, el inminente desarrollo de un sólido movimiento dentro de las filas gobierneras para el advenimiento de un chavismo sin Maduro; así como hay los que explican que este año chino, que es el del ornitorrinco maneto, trae entre cantos de gallos y balidos de cabra los movimientos de una culebra que sacudirán al país como si de un mono se tratara.

Palabras más, ritos menos, derroche de gestos ambiguos de oropéndolas desorientadas, todo apunta a una profunda desconexión de lo que el país y su gente quiere, necesita y anhela con lo que se empeña en darle la dirigencia de ambas orillas. Rojos y azules emulan a dos de los tres célebres monitos: no quieren mirar, no les da la gana de oír. Pero en lo que son manifiestamente eficaces es en hablar de lo que se les antoja al son que a ellos se les ocurre improvisar.

Tanto va la rabia a la calle que llega el punto cuando nada la calma, han jugado con candela y siguen empeñados en juguetear con ella, no lloren como niños en pantaletas cuando se quemen hasta ser cenizas.

© Alfredo Cedeño

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