Opinión

Odiar la vida

Sergio Dahbar

Lo que faltaba: nada menos que el pichón de enemigo sempiterno de James Bond se ha escapado de la historieta y se ha vuelto un peligro real para la humanidad. Como si no hubiera preocupaciones planetarias serias en este momento que atender, los seres humanos deben estar pendientes del deseo criminal de un muchacho gordo y cachetón, malcriado, abusador, que suele perder las horas de su vida viendo películas de Jean Claude Van Damme.

Ahora ha colocado en pausa la sala de cine de su palacio helado para jugar unos juegos de guerra que pueden en un tris volver la Tierra un desolado paisaje posapocaliptico. Su sonrisa de psicópata no es buen augurio. Kim Jong-un, el Brillante Camarada, hijo del Querido Líder, Kim Jong-il, y nieto del Presidente Eterno, Kim Il-sung, quiere inflingirle “un dolor profundo’’ a Estados Unidos.

Lo que sorprende, lo que uno no puede comprender del todo sin ayuda de algún estimulador de neuronas, es cómo se ha convertido un país de 24 millones de víctimas en “un parque temático estalinista, gulag dirigido por los Monty Python’’, en palabras del periodista inglés Tony Wheeler. Claro, los comunistas suelen justificar las peores atrocidades de manera primitiva. “Los propietarios únicos de la revolución y la construcción posterior son las masas”. Suena conocido, ¿no?

En Corea del Norte los niños hacen ejercicios que dan miedo: “Tres soldados del Ejército Popular de Corea matan a treinta soldados norteamericanos. ¿A cuántos soldados mató cada uno si todos mataron al mismo número de soldados enemigos?”. Una compulsión a convertir cualquier detalle de la vida cotidiana en pensamiento político. Pero también a vivir en tensión con un enemigo que le da sentido a la irracionalidad y al absurdo cotidiano.

Toda esta parafernalia de película de acción mala esconde una ineptitud a la hora de resolver graves problemas de alimentos y de electricidad. Un funcionario de Naciones Unidas recopiló testimonios de prisioneros políticos que confesaron delatar a su familia “por una ración de arroz”.

La mutación del Brillante Camarada merece cuidado: cambiaron su fecha de nacimiento, lo engordaron, le enseñaron a comportarse, aplaudir, vestirse y reír. “Cuando los norcoreanos miran a Kim Jong-un, ven a Kim Il-sung cuando tenía 33 años, momento en el que se proclamó libertador de un pueblo oprimido por los japoneses. Después de todos estos años de dificultades –bajo el yugo de Kim Jong-il–, el pueblo quiere un nuevo libertador”, le confesó An Chang-il, ex oficial norcoreano, al The New York Times.

El Brillante Camarada, hijo de la segunda esposa de Kim Jong-il, se educó en Suiza, habla inglés, francés y alemán, y, aunque siempre trató de evitar las influencias de Occidente, adora el básquet y admira a Michael Jordan. El ex jugador de la NBA Dennis Rodman lo visita con frecuencia.

Desde la muerte de su padre, Brillante Camarada se convirtió en teniente general y vicepresidente de la Comisión Militar Central, que gobierna el cuarto Ejército más numeroso del mundo. 1,1 millones de soldados en activo y 4,7 millones en la reserva. 33% del producto interno bruto.

Un país que es un enigma rotundo –geográficamente ubicado al norte del paralelo 38–, hasta hace poco tiempo se movía entre la excentricidad y el horror dentro de sus fronteras. Demasiados libros de periodismo, documentales, cómics trazan el estado de ánimo de una nación esquizofrénica y aterrorizada.

Ahora el máximo líder ha decidido salir del closet y mostrar las garras. Quiere que el mundo entienda de una buena vez su capricho último. No cabe duda de que odia la vida. Lástima que James Bond viva solo en la literatura y el cine.

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