Opinión

El militarismo como problema

Gonzalo González

La opinión de

Argelia, Sudán y Venezuela comparten una desafortunada coincidencia: en los tres países se lucha denodadamente por implantar o volver a la democracia. Es una necesidad y una esperanza compartida y deseada por la mayoría determinante de las respectivas sociedades. Esperanza y necesidad que se ve frustrada por el rol de tapón al cambio, aun en desmedro de los intereses nacionales, que ejerce la institución castrense en los países mencionados.

Aquí es más que evidente que el sostén clave del régimen es la FAN, porque el sistema chavista perdió su capacidad de gratificación política y material, y en consecuencia su antaña condición de mayoría sociopolítica se licuó. Solo le resta sostenerse por la vía de la coacción y la represión amparada en su control de la FAN.

Esta situación no hace más que evidenciar el colosal retroceso padecido por la sociedad venezolana, en la cual lo clave no es el apoyo ciudadano y la legitimidad consecuente sino el interés corporativo de un sector, en este caso de la FAN.

La FAN no es un aliado circunstancial o sobrevenido del régimen, constituye el componente primordial y primigenio del mismo desde sus inicios. Puede afirmarse sin cometer ligereza alguna que para Chávez y su revolución la vanguardia o columna vertebral de la misma es la FAN.

El militarismo es un componente básico de la ideología chaviana y por tanto de su proyecto y de su concepción del ejercicio del poder; sus otros ingredientes son el castrismo y el populismo. De entrada resalta la condición regresiva de un proyecto inspirado en tales doctrinas.

“El militarismo, como ideología, considera que los militares, debido a su disciplina, son los elementos más preparados para asumir la conducción eficiente de una sociedad y garantizar la seguridad de la nación.

Pero el militarismo también suele presentarse en forma de afán por el poder político y por los privilegios que este trae consigo. Además, por lo general, acaba por imponer principios de la vida militar a la vida civil en contextos que resultan inadecuados o amenazan las libertades civiles fundamentales”. La cita anterior explica mucho del devenir nacional desde 1999.

Chávez podía ser muchas cosas a la vez de acuerdo con su conveniencia política, pero lo realmente genuino en él fue su apego estricto al militarismo. Siempre desconfió de los civiles y lo que representan, los usó por interés.

La Constitución de 1999 tiene entre sus defectos algunas disposiciones que sirvieron de entrada al militarismo: suprimieron la subordinación de la institución castrense al poder civil, eliminaron el control civil (vía Parlamento) sobre los ascensos a oficiales superiores para otorgarlo a la jerarquía militar y por tanto al comandante en jefe –quien más adelante lo sería no por presidente sino por comandante en jefe (Hugo Chávez, quien no pensaba salir del proscenio)– y establecieron la obligatoriedad de la institución castrense de contribuir al desarrollo de la nación, esta ultima ha servido de cobertura al copamiento del aparato del Estado por parte de oficiales y suboficiales de la FAN.

También se ha intentado (con suerte diversa) militarizar culturalmente a la sociedad. Lo castrense como paradigma y como recurso para afrontar con supuesto éxito las gestiones de gobierno. Hasta los partidos políticos del chavismo MVR y PSUV fueron concebidos como estructuras militarizadas y en su léxico abundan las referencias castrenses.

Con el segundo gobierno del chavismo se incrementó esa deriva por la debilidad del mismo. A la FAN se le ha entregado la gestión de sectores clave de la economía y el funcionamiento del Estado.

Algunos caracterizan la situación (no les falta razón) de que lo que rige el país es un sistema dictatorial militar donde los civiles actúan como pantalla y cobertura.

El rol desmesurado adquirido por la FAN y los privilegios que esto acarrea aguas abajo es lo que determina el posicionamiento de la cúpula militar y por tanto de la institución, y complica el cambio político necesario y deseado por la mayoría del cuerpo social.

¿Es inmutable ese posicionamiento? Yo particularmente creo que no, porque al interior de la FAN (es lo lógico y natural ante una crisis sistémica como la que afecta al régimen y al país) se cuecen habas.