Opinión

Oh mia patria sì bella e perduta!

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A Franceso Pellegrino

Después de regresar de la apoteósica concentración a mi casa y tratar de procesar todo el material informativo que circulaba en las redes, quedé prendada de la fotografía de la madre de Juan Gerardo Guaidó Márquez, nuestro presidente (E), dándole un beso en la frente, antes de que él se dirigiese a pronunciar sus palabras a la multitud congregada en Las Mercedes y, además, sería oído en todo el país y fuera de este, gracias a las agencias de noticias que cubrieron la marcha.

Esa fotografía de la madre que bendice a su hijo es la representación más genuina de la mamá venezolana; ¡Dios te bendiga, hijo mío!, me parece oírla y agregarle: “Cumple con tu deber y recuerda que en ti está depositada la fe de todas las madres del país que un día vieron salir a sus hijos y no volvieron; en ti están representados todos los estudiantes que te acompañaron en las manifestaciones de tu época de dirigente estudiantil y hoy no están aquí; en ti están encarnados todos aquellos que han salido del país y han dejado a sus madres solas peleando a  brazo partido por la libertad para que ellos regresen; en ti, hijo mío, está puesta la esperanza de ver en libertad a todos aquellos que hoy sufren injustamente prisión”. Esas y otras parecidas serían las palabras que Norka Márquez le dijo en voz baja, mientras lo besaba en la frente. Hay allí un mensaje de valor familiar que necesita ser restablecido en nuestras escalas axiológicas en estas circunstancias.

Encontré también un video emblemático filmado desde el hotel Tamanaco, una de las joyas arquitectónicas caraqueñas; el video tiene como fondo musical Va, pensiero. La metáfora visual y auditiva es extraordinaria: simboliza la única, irrepetible, hermosa, imbatible ciudadanía venezolana rescatando a Venezuela. Lamento no saber el nombre del autor del video; merece un reconocimiento.

Algunos preguntarán ¿qué significa Va, pensiero y por qué esa simbología?

Va, pensiero se llama el coro del tercer acto de la famosa ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, considerada como su obra maestra, y letra de Temistocle Solera. Nabucco relata la historia del destierro hebreo en Babilonia después de la pérdida del Primer Templo de Jerusalén. Este templo, ideado por David y construido por su hijo Salomón, fue demolido por Nabucodonosor, quien esclavizó al pueblo hebreo llevándolo a Babilonia. Va, pensiero canta la nostalgia por la tierra natal.

Esta obra de Verdi fascinó a toda Italia, y ello se debe al vínculo que realizaba el público entre la historia de los hebreos y los anhelos nacionalistas del pueblo italiano; es un canto contra la dominación foránea que sufría Italia. Los versos llegaron a convertirse en un símbolo de independencia y unificación de toda la península italiana.

Ese canto emblemático se oye en el video que menciono de la concentración en Las Mercedes. Al oír la música la canté y resalté los versos Oh mia patria sì bella e perduta!/ Oh membranza sì cara e fatal! (¡Oh, mi patria, tan bella y abandonada!/ ¡Oh recuerdo tan grato y fatal!). Y es tan simbólico el coro en este momento venezolano que también me trajo a la mente un acontecimiento político de la Italia contemporánea, asociado con él.

Corría 2011 e Italia conmemoraba los 150 años de su unificación y, como era de esperarse, en el afamado Teatro dell’Opera di Roma se llevó a escena Nabucco. Para ese momento, Silvio Berlusconi era el primer ministro y asistió a la representación de la simbólica ópera.  Antes del inicio, subió al estrado el alcalde de Roma, Gianni Alemanno, quien en su discurso desveló los ajustes presupuestarios que el gobierno estaba aplicando en el mundo de la cultura. Comenzó la ópera y narra el director Ricardo Muti, que el silencio del público presagiaba que algo sucedería. Cuando se cantó Va, pensiero, el público asistente coreó ¡Viva Italia!, ¡Viva Verdi!  Alguien gritó “Larga vida a Italia”. Y Muti dijo: “Sí, estoy de acuerdo: ҅Larga vida a Italia՚, pero yo ya no tengo 30 años, he vivido ya mi vida como italiano y he recorrido mucho mundo. Hoy siento vergüenza de lo que sucede en mi país. Accedo, pues, a vuestra petición de un bis del Va, pensiero.  No es solo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía al coro que cantó ҅Ay mi país, bello y perdido՚, pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia. En tal caso, nuestra patria, estaría de verdad bella y perdida”. Luego de los nutridos aplausos, incluidos los de los artistas en escena, Muti prosiguió: “Yo he callado durante muchos años. Ahora deberíamos darle sentido a este canto. Les propongo que se unan al coro y que cantemos todos Va, pensiero.  Todo el público se puso de pie, también los artistas. Fue un momento mágico. Esa noche no fue solamente una representación de Nabucco, sino también una declaración del teatro de la capital para llamar la atención a los políticos”.

Esa visión desde el Tamanaco con Va, pensiero al fondo, y una concentración de ciudadanos coreando “libertad”, me dibujó el renacimiento de un país donde reine la cultura.

Y a esta simbología uno la solicitud de la gran mayoría de la colonia italiana que ha hecho vida en Venezuela para exigirle a su “tierra natal” que reconozca a nuestro Juan Guaidó como el presidente (E)  de Venezuela.

Finalizo con unos versos: Va, pensiero, sull’ali dorate; /va, ti posa sui clivi, sui colli,/ ove olezzano tepide e molli / l’aure dolci del suolo natal! (¡Vuela pensamiento, con alas doradas,/ pósate en las praderas y en las cimas/ donde exhala su suave fragancia /el aire dulce de la tierra natal!).