Opinión

Megaquiebra, narco-Cuba o Venezuela libre

Este lunes 13 de noviembre empieza para Venezuela un proceso que evidenciará la quiebra soberana más grande de la historia; o un salvataje temporal que instaure una segunda Cubanarco-tutelada; o una gestión política que, con apoyo externo, permita liberar la tierra de Bolívar. Viene una vorágine febril.

El día empieza con el anuncio de sanciones europeas a la cleptocracia gobernante. Más tarde, la Asociación ISDA analizará si la mora financiera venezolana amerita gatillar los CDS (Credit Default Swaps), una suerte de pólizas de seguro contra impagos, para detonar un default soberano sísmico, en un país sin cláusulas de acción colectiva para su endeudamiento y con gigantescos activos internacionales. Este tratamiento se puede diferir días o semanas, pero con Maduro no tiene solución. Después, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas escuchará de su alto comisionado para los Derechos Humanos, del secretario general de la OEA, de cancilleres y de ONG, una descripción vívida e irrefutable de la catástrofe humanitaria y represión sanguinaria a las que está sometida Venezuela.

La pesadilla para el tiránico Maduro empieza y no se detiene: sanciones contra ladrones, quiebra inminente y asfixiante presión diplomática multilateral. Está claro que su incapacidad gubernamental galopa más rápido que su crueldad autoritaria.

La consolidación dictatorial avanzó raudamente desde diciembre de 2015: castró al Parlamento opositor con fallos de jueces sicarios, canceló el referéndum revocatorio, aniquiló la república con el fraude constituyente, robó descaradamente las gobernaciones regionales y, en los últimos 100 días, el régimen prostituyó y desnudó a parte de la oposición partidaria. Es evidente que existen “opositores” que son buitres y no halcones, u otros que se prestan a ser rosas rojas rojitas en el entierro electoral zuliano.

Pero la debacle económica avanzó más rápido que el látigo represivo. Venezuela ha despilfarrado casi dos décadas de ingentes ingresos petroleros; ha vendido o hipotecado oro, Citgo y las reservas petroleras; ha emitido bonos de hambre entre 20-35 centavos por dólar. Ahora buscan ayuda de Rusia y China, todo indica que Rusia quiere pero no puede y China puede pero no quiere.

Hoy el pueblo venezolano vive una distopía surrealista. Su economía se ha contraído a casi la mitad durante la gestión de Maduro, la hiperinflación es más alta que en Zimbabue, al billete más grande le agregaron tres ceros, la criminalidad es peor que en zonas de guerra, la escasez parecida a la de Sudán, produce más refugiados que Siria, retornó la malaria y gente come de la basura. El sistema vigente para contentar militares con corrupción, clases medias con bachaqueros y pobres con bolsas CLAP, va a colapsar. El tiempo para la podrida expoliación se acabó.

La única alternativa es una salida negociada, para salir del régimen y volver a la democracia.

Primero se debe liberar y habilitar a todos los líderes políticos presos y exiliados. No se puede negociar con rehenes y secuestrados, mientras otros interlocutores opositores son amenazados de correr la misma suerte si no se doblegan.

No se puede negociar en una idílica ubicación lejana. Se debe negociar una salida en Caracas, cerca del pueblo que sufre, en la sede de la Conferencia Episcopal, con monseñor Padrón como veedor, con participantes representativos, con mediadores escogidos por cada una de las partes y con una agenda clara que incluya: liberar y habilitar previamente a presos y exiliados, para que tengan ciudadanía plena; abrir un canal humanitario; anular la fraudulenta constituyente; respetar las potestades plenas de la Asamblea Nacional para designar y recomponer el andamiaje electoral y judicial, así como aprobar operaciones financieras temporales y limitadas que eviten la megaquiebra financiera, si antes se cumple con las condiciones descritas; para después, y con reglas claras, convocar elecciones generales con observación internacional. Todo esto debe ser avalado por mediadores, bendecido por la Iglesia y garantizado por resoluciones de la OEA y las Naciones Unidas.

La persona clave es Julio Borges. Los rostros representativos del Parlamento reconocidos por el mundo son él y Guevara. Es fácil criticarlos en redes, pero difícil estar en sus zapatos. El presidente de la Asamblea Nacional puede doblegarse y pasar al escarnio de la historia como un Kerensky 2017. O respaldado por cuatro baluartes –Capriles, Ledezma, López y Machado– puede negociar una salida de la dictadura y la redemocratización que pide Almagro.

Llegó la hora final. Borges debe liderar, por sus cuatro hijos, con el apoyo y participación de la verdadera oposición, e inspirado por la Nobel que decía: “No es el poder el que corrompe, sino el miedo. El miedo a perder el poder corrompe a quienes lo ejercen y el miedo al azote del poder corrompe a quienes están sujetos a él”.

La dictadura corrupta está quebrada y en pánico, a los demócratas solo el temor al azote los puede derrotar. Sin miedo, Venezuela debe lanzar el yugo opresor, para recuperar la gloria democrática que ese bravo pueblo merece.