Opinión

El mea culpa del venezolano

Jesús Durán Zorrilla

“Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando, cuán presto se va el placer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor”

Coplas por la muerte de su padre 

Poeta Jorge Manrique (1440-1479)

He visto con agrado la buena recepción que hemos tenido los venezolanos en el exterior. Como trabajadores hemos sido muy bien estimados por nuestro sentido de sacrificio, desprendimiento, ganas de hacer las cosas bien y hasta de ir más allá del deber. Desenvolvimiento que con justicia ha sido bien reconocido.

Viviendo todo el duro proceso histórico desde Venezuela y en alguna que otra ocasión desde afuera, me he planteado muchos cuestionamientos. Precisamente considerando a ese venezolano ubicado aquí y el proceso de transición que sufre al emigrar. Mea culpa es una expresión en latín que significa literalmente “por mi culpa”, es el acto de reconocimiento o aceptación de haber cometido alguna acción u omisión de consecuencias negativas.

Recuerdo hace años cuando en el país aún existían condiciones de vida aceptables, el trabajador gozaba, y sigue siendo así, de una condición desigual y superior con respecto a la relación laboral con el patrono, ciertamente algunos aprovecharon ese poder y otros nunca lo hicieron; pero todos amparados de igual manera por el Estado “sobreprotector y benefactor” socialista. Muchos trabajaban estrictamente en lo que les correspondía hacer; los que mejor se comportaban, respetaban el horario de trabajo y cumplían con sus obligaciones tanto laborales como ciudadanas; adicionalmente, si en algo coincidían todos, era en el disfrute de la cantidad irracional de los tradicionales días feriados que se sumaban a aquellos no laborables decretados por el otra vez “gobierno benefactor”. Y, por supuesto, aquel que no lo hiciera era y sigue siendo tachado de adulador o tonto (aquí omito el uso de expresiones criollas). De hecho, tales conductas sociales inspiraron al autor Axel Capriles para la publicación del libro La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo.

En la actualidad los venezolanos se destacan trabajando en otros países, desde tener más de un empleo, laborar horas extras, tratar con respeto al patrono y estar disponibles para trabajar cualquier día de la semana, así sea feriado o fines de semana, tareas en condiciones que en Venezuela ni en sueños estuvieron dispuestos a hacer. Desde luego no me estoy refiriendo a todos, pero sí a una cantidad importante de personas. Entonces me pregunto: ¿Por qué no tuvieron ese nivel de sacrificio por Venezuela? ¿Cuántas veces muchos llamaban para decir que no iban al trabajo porque estaban “enfermos” y ahora en el exterior hasta enfermos van a trabajar?

Pienso que la situación por la que pasa el país es el resultado de la concurrencia de muchos factores, los ya harto conocidos (Chávez, Maduro, los militares, los poderes públicos, entre otros), pero los que acabo de mencionar me parece que también son dignos de ser analizados. Absolutamente todos los ciudadanos que integran un país poseen cuotas de responsabilidad para que las cosas marchen bien o mal; por supuesto, algunos más que otros. No se pudiera comparar el impacto social de lo que haga este servidor con lo que pueda hacer un ministro, gobernador, alcalde, diputado, etc. Lo que quiero decir es que en Venezuela urge un cambio de conciencia en la ciudadanía, pero es un proceso que está ocurriendo de forma lenta y amarga para el pueblo. Con esto mi intención es darle otro enfoque a esas ideas preconcebidas a lo que hemos venido pensando y haciendo con el país que decimos amar tanto, pero no fuimos capaces de demostrárselo al menos del modo que aquí cito. Debemos tener la suficiente humildad para hacer mea culpa, reconocer y tener el coraje de corregir lo que hemos estado haciendo mal, de la misma manera como se hace cuando se ama de verdad.

@duranzorrilla

jesusduranzorrillaprensa@gmail.com