Opinión

Mantener la Hoja de Ruta

Gonzalo González

La opinión de

En los últimos días han aparecido algunos dirigentes opositores planteando la conveniencia de modificar el orden de la Hoja de Ruta decidida por la Asamblea Nacional para lograr el cambio político: proponen colocar en primer lugar la lucha por conquistar la realización de elecciones presidenciales apegadas a la legalidad constitucional y relegar a un segundo plano lo referente al cese a la usurpación.

Considero justo y conveniente que las estrategias y las tácticas sean revisadas periódicamente a la luz de su eficacia en relación con el objetivo planteado, pues no deben asumirse de manera dogmática y menos en una situación tan compleja e inédita como la venezolana.

Quienes plantean el cambio en la prelación dispuesta por la AN parten de la evaluación de que lo del cese a la usurpación se ha convertido en un obstáculo al cambio.

Difiero de tal criterio porque considero que las fuerzas democráticas han avanzado de manera significativa desde enero a esta fecha hasta el punto de revertir la situación política con la que cerró el año 2018.

Enero amaneció con un régimen a la ofensiva, fortalecido por la convicción dominante de que había logrado imponer su proyecto de dominación y de que no había nada que hacer, que teníamos chavismo gobernante para rato. Sensaciones y realidades incongruentes en un país con una crisis de la magnitud que experimentamos y con una sociedad mayoritariamente partidaria del cambio.

La situación antes descrita mutó drásticamente a consecuencia de la reconstrucción de la unidad democrática vía AN, de la decisión de desconocer a Maduro como presidente por usurpador, de poner en marcha la Operación Guaidó Presidente (e) de la República y de poner en marcha la mencionada Hoja de Ruta.

Esta vasta maniobra política concertada con actores nacionales e internacionales de primer orden ha devenido en una poderosa operación de pinzas que ha colocado al régimen chavista a la defensiva y creado serias dudas sobre su capacidad y posibilidad de concretar sus objetivos continuistas.

Lo anteriormente glosado demuestra que la estrategia y la táctica asumida por las fuerzas democráticas fueron y siguen siendo correctas. Es verdad que el objetivo central no se ha logrado todavía, pero también lo es que pareciera estar más cerca. Y en esa Hoja de Ruta lo del “Cese a la usurpación” es un elemento legitimador y movilizador clave. Entonces, en aras de qué supuesta ganancia subordinarlo.

Por otro lado, hay que preguntarse si el chavismo está dispuesto a negociar seriamente la realización de unas elecciones presidenciales con todas las garantías del caso (lo cual sería la admisión de que la presidencia de Maduro es ilegal e ilegítima) como lo solicitan la Unión Europea y algunos de sus  amigos residuales: el gobierno uruguayo y el dominicano, por ejemplo. No hay ningún gesto, indicación o iniciativa del régimen en tal dirección; lo que presenciamos todos los días es una terquedad y obstinación suicida en refugiarse en la FAN, la amenaza y la intimidación.

Por tanto, luce de una ingenuidad y un voluntarismo desmedido insistir en una fórmula, que a la luz de las circunstancias actuales es inviable porque el régimen se niega a facilitarla.

Las fuerzas democráticas deben continuar con su política de resistencia pacífica y presión contra la dictadura, la cual no hace más que perder terreno y retroceder. Se encuentra desbordada y sin respuesta a la crisis en progreso y ha tenido que reconocer la pertinencia y necesidad de la ayuda humanitaria. Incluso, ya se habla de que emergen diferencias serias en la cúpula oficialista sobre qué hacer. Y se percibe mar de fondo en el mundo castrense.

Lo relevante, a estas alturas, es que la tendencia al cambio es cada vez más fuerte y con posibilidades de hacerse irreversible, solo el terrorismo de Estado puede detenerla. El cómo, el cuándo, modalidades y protagonistas están por verse.