Opinión

Malandrocracia

Alfredo Cedeño

Venezuela tuvo una época en la que los alumnos de bachillerato, en primer año, estudiaban una materia que llevaba el nombre de Educación Moral y Cívica; en el segundo año el nombre era Formación Social Moral y Cívica, asignatura que por economía del lenguaje, o pereza psicolingual, todos llamábamos Moral y Cívica.

En dicha cátedra nos enseñaron las nociones de los principales sistemas de gobierno, tales como democracia, monarquía, parlamentario, y otros más que ahora mismo se me escurren del recuerdo. Esa clasificación era producto de la evaluación hecha sobre cómo se ejercía el poder político en diferentes países. Era así como se nos mostraba a guisa de ejemplo de monarquía el caso de Inglaterra; en el caso del presidencialismo parlamentario se apuntaba hacia Estados Unidos de Norteamérica; en el caso del unipartidismo se mencionaba, por aquellos días, a México ya que el PRI era una hegemonía inamovible; por supuesto que Pérez Jiménez era inevitable al momento de ejemplificar lo que era un gobierno dictatorial.

No puedo ocultar que eran unas clases que detestábamos con pasión desbordada, acudíamos al aula con resignación y, en mi caso, siempre rogando que un meteorito atravesara el techo del salón y fulminara al aburrido profesor de turno. Me ha dado por pensar que en esas clases está una de las raíces de nuestros males, ya que lo que debía ser una fiesta de la civilidad en realidad era una loa al sadismo que ejercían unos profesores que no amaban lo que nos enseñaban y, en consecuencia, nos saturaban de su fastidio y aburrimiento, para luego torturarnos inmisericordes pretendiendo que cual Juan Germán Roscio redactáramos el acta de independencia.

Debe decirse que se nos transmitía cualquier cosa menos amor y respeto por los valores ciudadanos, no se nos iba convirtiendo en piedras sillares de la nacionalidad. En realidad se nos enseñaba a detestar, por medio del hastío, el ejercicio político responsable. A la larga lo que se hacía era enaltecer la figura del caudillo, se nos enseñaba a esperar un mesías que nos librara de nuestras culpas y errores, nos llevaban a cifrar la esperanza de librarnos del bochorno que nos atormentaba con su cháchara pesada a través de cualquier hecho sobrenatural, como el aerolito de mis ruegos.

La perversión de valores nos condujo a este sistema de gobierno que ahora sobrellevamos los venezolanos, y en vez de hombres probos son hampones los que ejercen el poder político. Si Francisco Canestri volviera a escribir su texto que para dicha materia utilicé en segundo año de bachillerato, estoy seguro de que entre las formas de gobierno aparecería ahora malandrocracia, y a manera de ejemplo aparecería el delirio bailante del marido de la primera combatiente. ¿Cuándo se apiadará Dios de nosotros?

© Alfredo Cedeño

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