Opinión

Tu libertad, nuestra prisión

Mañana 18 de febrero se cumplirán tres años de tu valiente entrega a las podridas fuerzas de la dictadura. Un Estado totalitario que ignora la Constitución y no se somete ni a la ley ni al derecho.

Fuiste determinante al comunicar lo que no sería sorpresa para ti. Advertiste a tu esposa, tu madre y a mí, la ruta escogida a pesar del sacrificio que intuías harías al defender los valores democráticos que tanto anhelas para nuestra patria.

Dijiste que ninguna búsqueda de rutas para el exilio o el asilo tendrían cabida en tus opciones. Alejarte de Venezuela sería como ser prisionero de tu alma. Esta frase, que nos conmovió, solo fue el preámbulo de la siguiente cuando con casi la solemnidad de un juramento afirmaste: “Prefiero explicarles a mis hijos por qué estoy preso que explicarles por qué no tienen país”.

Tu sacrificio sirvió para desenmascarar la dictadura que ha intentado por lustros vender la imagen de democracia celebrando elecciones. Un régimen que, sigilosamente, ha sometido al control pleno del Ejecutivo todos los poderes. Hoy no hay persona en el mundo civilizado que no conceptúe a este régimen como dictadura.

En el libro que pudiste escribir desde la cárcel, apreciamos cómo tu terrible vivencia no te ha doblegado, tampoco aminorado tu compromiso. Gracias a esta valiente y generosa actitud, pudimos entenderte mejor y comprender tu pasión por lograr que las leyes aseguren todos los derechos para todos los ciudadanos.

Tu mensaje transmite el poder libertario de la voluntad y los ideales, se comprende cuán cierto estás en que eres libre a pesar de los barrotes que te encierran, y nosotros prisioneros del sometimiento. El poder del régimen se manifiesta por la negación de la libertad, imponiendo su voluntad por medio de la violencia contra los subyugados, pero el hecho de que una voluntad surja y se oponga a la tiranía da testimonio de su debilidad.

Estos años, dolorosos por nuestra separación, han permitido pensar sobre eventos que por cotidianos se pierden en la bruma de lo intrascendente, cuando posiblemente representan el empedrado del camino al futuro. Stefan Zweig escribió: “La estrella del destino rige a los hombres, y se convierte en esclava servil de algunos poderosos como Alejandro, César o Napoleón, pero en rarísimas ocasiones se entrega al azar a un hombre común, sus hilos se detienen en la mano de uno angustiado por la borrasca de responsabilidades que le empuja a tomar parte en el heroico espectáculo del mundo... Son poquísimos los que se dan cuenta de ese azar y lo aprovechan para elevarse. Efímero es el momento en que la grandeza se entrega a los pusilánimes”.

Te doy mis gracias de forma muy humilde, pues hoy más que nunca aprecio y admiro tu libertad y siento la ignominiosa prisión del sometimiento ante el abusivo poder.

Que Dios te bendiga.