Opinión

Las tres clases sociales que el castrochavismo impone

El enunciado marxista de la lucha de clases para construir el socialismo y avanzar al comunismo de una sociedad sin clases fue asumido por el castrismo en Cuba en la década de los sesenta y repetido por el castrochavismo del siglo XXI. Con esa farsa ideológica este proyecto ha llevado a la formación de dictaduras de crimen organizado en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, que han reemplazado la política por el ejercicio delictivo diario e imponen tres clases sociales: la de los que tienen todo porque forman parte del grupo detentador del poder, la mayoría en la miseria dedicada a “resolver” el día a día para sobrevivir, y los forzados a abandonar su país.

Cuando cayó el Muro de Berlín (1989) y desapareció la Unión Soviética (1990-91) la dictadura castrista de Cuba quedó huérfana de formulación ideológica, pero sobretodo perdió la manutención económica que le permitía sobrevivir como parásito, generar guerrillas y subversión con que ensangrentó las Américas. Sin subvención soviética el castrismo llevó a Cuba al “período especial” en el que agonizaba cuando Hugo Chávez en 1999 entregó a Fidel Castro los recursos petroleros de Venezuela, y luego el país entero, construyendo el castrochavismo que destrozó la democracia de América Latina en el siglo XXI.

El Foro de Sao Paulo en 1990 fue la reacción dictatorial a la hecatombe del comunismo soviético y fue reunido por primera vez con el objetivo de discutir el escenario internacional posterior a la caída del Muro de Berlín y enfrentar las políticas “neoliberales”. Es la herramienta con la que la dictadura castrista formuló la estrategia de “multiplicación de los ejes de confrontación” pasando de la lucha de clases a la lucha con cuanto elemento sirva para desestabilizar los gobiernos democráticos.

Los pueblos de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua son rehenes del castrochavismo.

El siglo XXI en las Américas es la historia de la construcción, apogeo y agonía del castrochavismo, que se presentó como proyecto político y resultó criminal. Que volvió a ensangrentar la región con la violación de los derechos humanos como norma, destruyó economías, creó crisis, construyó narcoestados, institucionalizó la corrupción (“lava jato” como muestra), sostiene el terrorismo y amenaza la paz. Sus víctimas están esparcidas por todo el mundo, pero los pueblos de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua son sus rehenes.

La repetida frase de “la liberación de los pueblos” como argumento “antimperialista” y eslogan de movilización, ha quedado convertida en “la opresión de los pueblos” y como prueba tiene la cantidad de masacres, asesinatos, torturas, presos políticos, exiliados y la vida diaria que los habitantes deben soportar.

Cuba tiene el nivel más avanzado de división de la sociedad en tres clases. La cúpula familiar-militar de la dictadura que tiene todo, incluidas grandes fortunas en el exterior, es dueña del Estado, que manejan como señores feudales en una mezcla de administración de las necesidades que ellos mismos han creado y del crimen institucionalizado. El pueblo cubano ha popularizado el verbo “resolver”, que representa hacer lo que sea para sobrevivir, y en esto el régimen ha logrado la igualdad en la miseria. Millones de cubanos viven en el exilio y forman una diáspora que lleva décadas, y sobre la que el régimen realiza sostenidas acciones de penetración y división.

En Venezuela podemos observar en tiempo real la imposición de una sociedad tripartita. Ahora el régimen es puesto en evidencia por multimillonarias fortunas acumuladas criminalmente por los miembros de su élite, restaurantes y comercios funcionan a plenitud en Caracas para los que tienen dólares. La mayoría de los venezolanos dependen de la dádiva del gobierno para comer, no hay medicinas, hay cortes permanentes de luz y el gobierno administra la necesidad que crea para seguir generando dependencia y subordinación política; los venezolanos conjugan el verbo “resolver” y el régimen impulsa la salida de millones de venezolanos.

Nicaragua, bajo masacres diarias del dictador Daniel Ortega, lucha con valentía y tiene la opción de salir de la trampa persistiendo y resistiendo para no reescribir la agenda vivida por Venezuela hace poco. Bolivia lucha para lograr que el dictador Evo Morales no consolide la farsa de ser candidato para poner al país en la fase final de la construcción de sociedades como la de Cuba y Venezuela.